viernes 20 de julio de 2018 | 12:10
Columnas

INEE y magisterio: el ciclo virtuoso (¿vicioso?) de la evaluación educativa que enfrentará @emoctezumab

@jlca007 vie 15 jun 2018 13:10
De Esteban más que de ningún otro dependerá el éxito del presidente López Obrador; del mismo Moctezuma, en 1994 con el presidente Zedillo, dependía el buen arranque del aquel complicado sexenio
De Esteban más que de ningún otro dependerá el éxito del presidente López Obrador; del mismo Moctezuma, en 1994 con el presidente Zedillo, dependía el buen arranque del aquel complicado sexenio
Foto propiedad de: internet



"Suspendí mi educación cuando tuve que ir al colegio". George Bernard Shaw


Un tema prioritario en el debate de los candidatos presidenciales, sin duda, es el de la Reforma Educativa.

Tal vez esa discusión, como la que habrán de sufrir los modelos económico y de seguridad pública, son las que más interesen a los ciudadanos una vez que se conozca al ganador de los comicios del inminente 1 de julio.

Si el pronóstico generalizado de que el triunfador en las elecciones será Andrés manuel López Obrador, entonces corresponderá a Esteban Moctuzuma, atinadamente considerado por el político de Macuspana como el que estaría encargado de la cartera edicativa, analizar el porqué y el cómo se puede convertir en un circulo VIRTUOSO, el laberinto que el magisterio y el INEE se han empeñado en matizar como un círculo VICIOSO.

De Esteban más que de ningún otro dependerá el éxito del presidente López Obrador; del mismo Moctezuma, en 1994 con el presidente Zedillo, dependía el buen arranque del aquel complicado sexenio.

En 1994 Esteban Moctezuma cumplió. ¿Cumplirá en el sexenio de AMLO?

En la administración de Zedillo los retos iniciales tenían que ver con la fuerte crisis política del final del salinismo.

En la administración de López Obrador el reto fundamental es el educativo. Y, en esta materia, el gran pendiente es la evaluación.

¿Ha cumplido el INEE? Sí y no. 

El ciclo de la evaluación educativa, sea ésta la concerniente a alumnos o docentes, –igual que la máquina de un reloj y el ir y venir de las manecillas de su carátula– debe de seguir un orden que, de ser lógico y correcto, deviene en un proceso virtuoso de transformación educativa. Lo opuesto sucede cuando las manecillas se mueven en sentido contrario o cuando la disposición de las horas no comienza en la primera y termina en la décima segunda posición del círculo.

De la misma forma, así como un reloj mide el tiempo y consta de una maquinaria, este ciclo evaluativo debe tener un propósito y una conducción/motor o gobernanza. 

El propósito de la transformación educativa es claro y por todos compartido: el derecho de todo individuo de recibir una educación obligatoria de calidad y el compromiso con la mejora en la cobertura y calidad (la mejora educativa, la equidad, la diversidad y la justicia). Por lo mismo, este fin debiera ser contra lo que medir toda inversión, gestión, política y proceso educativo conducidos, producidos o financiados por el Estado. 

Continuando con el símil, la reforma al Artículo 3° Constitucional, la LGE, la LGSPD, la LINEE y la PNEE constituyen la normatividad y “las reglas de operación” detrás del funcionamiento de ese ciclo evaluativo y de la transformación educativa misma en el ámbito del Sistema Educativo Nacional. 

Todas ellas merecen análisis, cuestionamientos y, en su caso, replanteamientos ya que, bajo este esquema normativo, el funcionamiento lógico de este ciclo debiera ser el siguiente: 1) fortalecer la gestión, la infraestructura y la operación de las escuelas; 2) mejorar el modelo educativo y los planes de estudio; 3) reducir el rezago –bajos niveles de cobertura– educativo; 4) reducir las desigualdades y mejorar la equidad educativas; 5) favorecer el desarrollo profesional integral de docentes, directivos y autoridades educativas, con especial énfasis en la formación inicial y la capacitación; 6) desarrollar capacidades en el interior de las escuelas para apoyar la evaluación; 7) evaluar a los estudiantes; 8) evaluar a los directivos y docentes; 9) hacer uso de la evaluaciones mediante mecanismos de interpretación y mejora; 10) fortalecer la asistencia técnico-docentes en las escuelas; 11) generar e implementar un sistema de asesoría y acompañamiento especializados para los docentes y directivos; 12) mejorar las condiciones técnicas, operativas, de conocimiento de alumnos y docentes y producir retroalimentación para iniciar nuevamente el ciclo. Todo siguiendo ese sentido y ese orden.

Por todo lo anterior, queda manifiesto que existe el enorme desafío gubernamental, pero también social, económico y político, de imaginar a la escuela no al final, sino al principio del ciclo de evaluación educativa. 

Así, lo que corresponde ahora no es cuestionar la gobernanza del Estado del quehacer educativo, sino mejorar el funcionamiento “del reloj”: del Sistema Educativo Nacional y del Sistema Nacional de Evaluación Educativa como un todo. Además, generar evidencias que corroboren –o desmientan– que ha habido una mejora en el propósito último: la mejora educativa de la población.

De resultar que no se han comenzado a dibujar tendencias de mejora, sería momento de ajustar los procesos, entre ellos los de evaluación –el equivalente a decir que, a las 5 horas, le está siguiendo las 11 horas, luego las 2 horas, etc. en la carátula del reloj.

Así, también deberá quedar manifiesto que sería un error cuestionar la parte de la transformación educativa que buscó (y hasta cierto punto consiguió, con excepción de Oaxaca, Michoacán, Chiapas y Guerrero) recobrar la gobernanza del Estado en el quehacer educativo para evitar que las plazas docentes se vendieran, rentaran o heredaran (la parte que se ha llamado “la reforma laboral-educativa”), pero también que existan criterios sólidos y por todos conocidos con base a los cuales se lleven a cabo las evaluaciones de niños y de maestros. 

Lo que sí se vale es analizar y replantear son los procesos (y su orden lógico) que siguen las evaluaciones, así como valorar a su vez si los criterios mismos con los que se llevan a cabo las evaluaciones son los adecuados. 

Este es, puesto en términos muy llanos, el reto de la transformación educativa –lo que ya se hizo: la reforma laboral y lo que falta por hacerse: graduar y perfeccionar la reforma educativa. Y es que, finalmente, no hay transformación que no requiera replanteamientos, como no hay reloj que no necesite ser recalibrado cada cierto tiempo.

¿Ha cumplido el INEE? Sí y no. Cuesta muchos miles de millones de pesos y ha hecho la tarea: ha evaluado. Pero, ¿ese costo justifica el beneficio medido en términos de mejora del sistema educativo? Definitivamente no. Tal vez tendrá que fusionarse con la SEP, reducir drásticamente su presupuesto y aportar diagnósticos verdaderamente útiles que, hasta el momento, no se han visto.

Esteban Moctezuma y los diputados y senadores de Morena, que serán mayoría calificada en el Congreso, tienen la palabra.