miércoles 20 de junio de 2018 | 04:35
Columnas

Guerra sucia contra AMLO por las patentes de ingeniería de Riobóo

@FedericoArreola jue 14 jun 2018 06:58
El talento no se licita, menos aún si sus obras intelectuales están protegidas por la ley de propiedad industrial
El talento no se licita, menos aún si sus obras intelectuales están protegidas por la ley de propiedad industrial
Foto propiedad de: Internet


“Tesla jamás podrá demostrar que le robé todas sus patentes. Es europeo y ningún europeo es más inteligente que yo”. Thomas Alva Edison

Algunos columnistas pretenden convertir en un gran golpe contra AMLO lo que dijo Ricardo Anaya acerca de que el candidato de Morena, cuando era jefe de gobierno de la Ciudad de México, contrató por asignación directa los servicios de diseño y cálculo patentados por José María Riobóo. Es guerra sucia, como se verá más adelante. Para probarlo analizaré lo afirmado por uno de tales columnistas, el influyente Francisco Garfias.

1. El golpe

Dijo Garfias en Excélsior: “El golpe de Ricardo Anaya al representante de la ‘honestidad valiente’ fue duro, directo, pero quién sabe si efectivo”.

Mi comentario: El golpe ha sido “duro” solo en la medida en que así lo han querido ver algunos periodistas. Por esa razón, no será efectivo.

2. Se le resbala

Dijo Garfias en Excélsior: “Al Peje todo se le resbala. Nada lo ha movido, hasta ahora, del primer lugar en las encuestas sobre preferencias electorales”.

Mi comentario: En efecto, todo se le resbala simple y sencillamente porque en años de guerra sucia nadie ha logrado comprobarle actos de corrupción.

3. Asignaciones directas

Dijo Garfias en Excélsior: “Y sin embargo, el abanderado del Frente dejó al descubierto que, cuando fue jefe de gobierno, López Obrador hizo asignaciones directas de obra por 170 millones de pesos. Son contratos ligados a la construcción de los llamados ‘segundos pisos’. que se otorgaron a uno de sus contratistas consentidos: José María Riobóo Martín”.

Mi comentario: En efecto, tales asignaciones existieron. Pero era necesario hacerlo así. No, no hubo corrupción. Veremos por qué.

4. Inmaculadas

Preguntó Garfias en Excélsior: “¿Las asignaciones sin licitación de Morena son criticables o son inmaculadas porque llevan la bendición de AMLO? ¿No es el ingeniero José María Riobóo Martín el equivalente a Juan José Hinojosa, de Grupo Higa, con Peña Nieto, toda la proporción guardada?”.

Mi comentario: Tales asignaciones no pueden criticarse no por el hecho de  llevar la bendición de López Obrador; no son criticables simple y sencillamente porque así debían hacerse. Por razones técnicas y hasta de seguridad no había de otra. Y no, por supuesto que Riobóo no es el equivalente a Hinojosa, para empezar porque Riobóo no es constructor.

5. Las patentes

Dijo Garfias en Excélsior: “En una ‘nota aclaratoria’, el Grupo Riobóo reconoce que sí hubo esas asignaciones de contratos por parte del entonces GDF.  Están relacionadas con los viaductos elevados diseñados. ‘Nuestros alcances —dice la nota— abarcan los estudios topográficos. Pero también de mecánica de suelos sismológicos; los diseños y cálculos geométricos, estructurales de todos los elementos que lo conforman, así como otros estudios necesarios para asegurar su funcionalidad y su resistencia’. El proyecto conocido, coloquialmente, como ‘segundos pisos’, se otorgó, vía asignación directa por parte del gobierno, debido a que resultaba la solución más económica y conveniente al interés público. ‘Ésta sólo podía ser otorgada al Grupo debido a que los medios prefabricados están protegidos por patentes y modelos de utilidad regulados por la Ley de Propiedad Industrial e Intelectual. Podemos concluir que la asignación realizada por el entonces Gobierno del Distrito Federal fue legal’, concluye Riobóo”.

Mi comentario: Esa es la verdad. Los trabajos técnicos de alta especialización que involucran patentes no se licitan. En la crisis de la influenza habría sido una tontería licitar antivirales producidos por las grandes farmacéuticas. Por cierto, cada vez que hay sismos en la Ciudad de México solo estamos seguros de una cosa: los segundos pisos de AMLO resistirán. Están bien diseñados por los buenos cálculos del ingeniero Riobóo.