martes 14 de agosto de 2018 | 06:23
Columnas

Ricardo Anaya cruzó de más la línea y perdió; ganó AMLO por nocaut; #DebateIne

@NietzscheAristo lun 21 may 2018 16:53
Todo iba más o menos tranquilo cuando de pronto Anaya, engargolado en mano, avanzó hacia el centro del escenario hablando de inversiones, giró a su costado encaminándose hacia el atril de López Obrador y lo encaró dando la espalda al público.
Todo iba más o menos tranquilo cuando de pronto Anaya, engargolado en mano, avanzó hacia el centro del escenario hablando de inversiones, giró a su costado encaminándose hacia el atril de López Obrador y lo encaró dando la espalda al público.
Foto propiedad de: Internet

En su desmedida ambición de poder, durante el presente proceso electoral Ricardo Anaya ha rebasado la línea en varias ocasiones, mintiendo una y otra vez, plagiando, traicionando, ofendiendo a sus oponentes. Y era de esperarse que seguiría en la misma tónica durante el segundo debate presidencial pues le urge colocarse en segundo lugar de manera indiscutible. Pero ahora cometió un error grave, rebasó la línea física; y es que hasta se había promocionado entrenando para el debate golpeando una pera de box.

Literal. Todo iba más o menos tranquilo cuando de pronto Anaya, engargolado en mano, avanzó hacia el centro del escenario hablando de inversiones, giró a su costado encaminándose hacia el atril de López Obrador y lo encaró dando la espalda al público. Al verlo avanzar hacia él, el candidato opositor tensó los músculos ante la actitud invasiva, la agresión física de Anaya a su persona. Estuvo a punto de decir algo que quizá hubiera significado una pérdida control, pero inesperadamente se le presentó el momento escénico de hacer realidad su vieja broma, sacó la cartera de su bolsa y la protegió ante el riesgo de perderla: “Voy a cuidar mi cartera porque,…” (se abrazó a sí mismo); “no te me acerques mucho”, contuvo al panista con la mirada y extendiendo el brazo deteniéndolo con la mano. Nadie escuchaba ya la enésima mentira de Anaya: que cuando López Obrador había sido jefe de gobierno de la Ciudad de México la inversión extranjera se había desplomado.

Y este momento histriónico en que Anaya fue agresivo y provocador se le revirtió; y más adelante, cuando repitió la acción de acoso, Anaya volvió a perder. Su práctica con la pera boxística de poco le sirvió, porque recibió un puñetazo contundente del que ya no se repuso en el debate ni se repondrá en la campaña. Al momento de invadir la línea arriesgó demasiado, no sólo con la agresión verbal de mentir, con la agresión física. Porque tiene que haber respeto al espacio del otro, como en la calle, el transporte público, el trabajo. (La agresión nunca es buena consejera; siempre lleva a una escalada, de una mala mirada a una mentada de madre, de esta a un golpe y de éste a un cuchillazo o un tiro). Esta escena marcó el rumbo y el tono del debate. Marcó la victoria de López Obrador y la derrota de Anaya Cortés por nocaut.

Lo que siguió fue el combate de acusaciones en el que Anaya perdió todo al ser expuesto como farsante, demagogo, mentiroso (el libro que supuestamente escribió y no existe y cuya carátula exhibió López Obrador con el título de Las mentiras de Anaya; o la exhibición de su mentira sobre la inversión en  la Ciudad de México que fue registro récord bajo el gobierno de AMLO -37 mil millones de dólares-, sin considerar la venta de Bancomer y Banamex como sugirió el perredista Anaya), corrupto (la portada de la revista Proceso “Los turbios ingresos de los Anaya”; la aprobación junto con Meade de los mil millones de pesos a Vázquez Mota para supuestamente atender migrantes), le recetó de nuevo el sketch de la cartera cuando Rodríguez Calderón quiso pasarse de listo y conminó a López Obrador a abrazar a Meade pensando que no lo haría. Y éste lo hizo diciendo “abrazos no balazos”, sonriente avanzó hacia el candidato del PRI y tendió la mano al del PAN reiterando “nada más que voy a cuidar mi cartera”. Desafortunadamente el manejo de cámara fue tan malo que no tomó el momento, sólo se escucharon las risas. Y se añadió lo que a algunos no agrada pero que ha sido muy efectivo para el candidato de Morena, bautizar a Anaya como “Ricky Riquín Canayín”; definición de su personalidad. En todo caso, el desempeño del político opositor fue magnífico, con buen humor, muy superior al del primer debate y con gran cierre también; hasta la iluminación le favoreció en esta ocasión.

¿Por qué fue tan efectivo el acto de la cartera? Por dos razones. Porque hay un sólido discurso anticorrupción de López Obrador contra el sistema como la base de su propuesta de gobierno. Y porque la percepción y los datos de la ambición desmedida de Anaya están ya bastante difundidos. Mejor escenario, impensable para AMLO.

Y es lo que hubo, el triunfo escénico de López sobre Anaya. Porque me parece ridículo que en México los analistas post-debate digan lo de siempre: que no hubo suficientes propuestas, que no estuvieron detalladas, que faltaron los cómo, etcétera. Francamente, creen que están en Alemania o Escandinavia. Los analistas debieran de conocer los detalles de antemano a través de las campañas, los programas de los candidatos, las plataformas ante el INE, las entrevistas, sus libros, cuando los hay de verdad y no esperar que en las rígidas, limitadas, tensas condiciones de un debate vaya a haber planteamientos y respuestas apropiadas. Y esperar algo novedoso más allá del burócrata perfecto que no ve y no oye, el mentiroso y plagiador compulsivo y el reiterado discurso del opositor, es cuando menos iluso. Por otro lado, estos analistas son los primeros en destacar los ataques, la frase brillante, el histrionismo, el momento del debate; cuando los hay. El debate en México es un acto escénico para ver quién gana y quién pierde; para ver quién se chinga a quién, diría Octavio Paz (por aquello de “la chingada”).

Y como consecuencia del segundo debate parece que el que se iría a su propia Chingada en Querétaro, Naucalpan o Atlanta es Ricardo Anaya, pues a pesar de las evasiones y mentiras de Meade y su calumnia contra Nestora Salgado (incluyendo también una invasión al espacio del opositor), pudiera arrebatarle el segundo lugar al panista del PRD. Mientras tanto, en La Chingada de AMLO todo parece indicar que continuarán por seis años más las visitas ocasionales provenientes de Palacio.