martes 14 de agosto de 2018 | 10:38
Columnas

El Güero cuestiona; Marín y Azucena

@ruizjosejaime mié 16 may 2018 12:38
Jorge Castañeda.... interesante artículo
Jorge Castañeda.... interesante artículo
Foto propiedad de: Internet

   

Profundamente interesante el artículo que hoy publica Jorge Castañeda en El Financiero. Destaco dos puntos:

1.- “Las ‘entrevistas’/debates entre/con candidatos a la Presidencia en la televisión han generado muchos comentarios a lo largo de los últimos días, incluso por parte de algunos de los participantes. Los organizadores han justificado los formatos y los desempeños de los candidatos y de los entrevistadores o adversarios. Los partidarios de los candidatos, por su parte, lógicamente, han manifestado su disgusto con la forma en que fueron tratados sus gallos, y con el trato que recibieron sus rivales. Hasta aquí, nada más que normal.”

2.- Más allá de las individualidades y las diferencias evidentes entre los participantes en ‘Tercer Grado’, Milenio, etc., los programas fueron tanto sobre ellos mismos como sobre los candidatos. No ha sido posible todavía llegar a una normalidad mediática, aunque los moderadores del primer debate presidencial se acercaron a ella. Los periodistas o académicos presentes en la televisión aún no aceptan que su papel consiste en dejar que el invitado responda a preguntas incisivas y con seguimiento, pero al final que el centro de atención es él (o ella). No es necesario interrumpir, presionar, gritar o tratar de lucirse a costa del invitado; es un invitado.”

El Güero tal vez afirma lo anterior por lo sucedido en la mesa de Milenio con el candidato Ricardo Anaya Cortés, pero esto no lo disminuye en su reflexión. A veces nos olvidamos de uno de los deberes del periodista señalado por Camilo José Cela: “Recordar en todo momento que el periodista no es el eje de nada sino el eco de todo”. Más aún, nos olvidamos de lo dicho por Stella Calloni: “Yo jamás entrevisté a nadie exigiendo respuestas: no sos un juez, no sos un policía, sos periodista”.Los entrevistadores deberían de reconsiderar su papel en estas elecciones porque el protagonismo entra en la civilización del espectáculo, no en el periodismo. Los candidatos acuden a responder y proponer, no a un programa de “Ventaneando”.

Lo otro es el rol de la mujer en este periodismo mexicano. Carmen Aristegui y Denise Maerker juegan un papel central. Otras, como Azucena Uresti y Yuriria Sierra, van en ascenso (no señalo a tantas, me disculpo). Y, sin embargo, hay una misoginia expositiva contra la mujer, como cuando Carlos Marín calla a Uresti señalándola como que fue “la reina del debate”, pero como moderador y directivo sólo sus chcharrones truenan. Un desastre misógino el de Marín.

Cito de nuevo a Stella Calloni: “Creo que nosotras como mujeres en el periodismo tenemos que empezar a insistir, reunirnos más, exigir cambios de programación. Que la mujer sea tratada como objeto tan degradado... tanto que luchamos por la independencia, el reconocimiento, y hay mujeres aceptando que las traten de gatos. Mi mayor aprendizaje en toda mi vida de periodista es la lucha por el lenguaje no colonial. Ser mujer en el periodismo es difícil. En la dinámica del tipo de periodismo que yo hice, cubriendo guerras y demás, estás igual que los hombres. Pero es más difícil en las redacciones por esta cosa machista intelectual y te das cuenta cuando querés opinar. Por ejemplo, en política internacional te tenés que enfrentar a una cantidad de escollos tremenda. Soportar preguntas como ‘¿y qué pasó con Kadafi?’, como si porque una mujer fuera más o menos linda, o graciosa, ya tendría que ganar no por su inteligencia sino porque ‘claro, ¿cómo no le va a dar una nota a ésta?’. Te lo dicen como jugando pero no es un juego”.

El 2018 no sólo se trata de candidatos a puestos de elección popular, también es la oportunidad de elegir qué tipo de periodismo se desea, se aspira, se impone.