martes 14 de agosto de 2018 | 10:46
Columnas

Del Liberalismo Conservador al Proto-Fascismo

@JorgeRetanaYart mié 16 may 2018 13:50
Los rivales de AMLO y todo su movimiento, están en su derecho de combatirlo
Los rivales de AMLO y todo su movimiento, están en su derecho de combatirlo
Foto propiedad de: Internet

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Se ha calentado mucho, quizá excesivamente, y raya ya en lo riesgoso para todos,  el ambiente de las campañas electorales. Es mucho lo que se juega, de acuerdo, pero es también fundamental mantener la cabeza fría. El caso de Ricardo Alemán, las amenazas a Fernández Noroña, el asesinato de José Remedios Aguirre Sánchez en Guanajuato, el de Ricardo Bravo Lázaro, el de Montufar, el periodista Juan Carlos Huerta Gutiérrez, todos, eventos recientes, más los anteriores en meses cercanos convierten el ambiente electoral en algo sumamente riesgoso. No es el caso. Los que están compitiendo, sin excepción, escogieron la vía pacífica, la lucha por las conciencias, por el voto, por el convencimiento para llegar a una posición de poder. Hay encono y personalización de los sentimientos anima-adversos, y no es así el asunto. La democracia incipiente en nuestro país, o bien,  las ínsulas democráticas, no deben retroceder sino avanzar y eso depende de todos los interesados en ello.

Pueden ser distintos los motivos de cada caso, pero al producirse en el contexto de las campañas electorales, afectan el entorno de ellas y se vuelven un factor de incidencia en su desenvolvimiento. La violencia empieza siempre como violencia verbal y avanza.

Los rivales de AMLO y todo su movimiento, están en su derecho de combatirlo, cómo aquellos, de defenderse, contratacar y querer ganar la contienda. El tema de la Ciencia Política es por cuáles medios lo haces. AMLO plantea una alternancia ideológico-programática, no sólo política, y allí está la diferencia y el punto clave: hay intereses poderosos que se sienten que serán afectados, los que no están en este caso, son adversarios ideológico-políticos, y hasta personales.

La expresión más conservadora que pueda asumir el liberalismo de derecha en México es No aceptar la alternancia programática, prohibirla o querer imponer (no ganar democráticamente) su exclusión del poder. No hay mayor violencia en política que la pretensión de que alguien se abrogue la facultad de cercenar los derechos de los demás. Las democracias modernas o modernizadas como en América Latina aceptan sin temores la alternancia programática, el mejor ejemplo es Chile (el que le gusta citar a Ricardo Anaya, pero fuera de contexto). El centro izquierda (representado por Michelle Bachellet, dos veces Presidenta de la República y secretaria de la Defensa) alterna una y otra vez con el centro derecha (Eduardo Frei) o con la derecha (Sebastián Piñeyra) y cada quien con sus respectivos programas de gobierno, sin que uno se quiera abrogar el derecho de decidir si la opción contraria llega o regresa al poder presidencial o No. Nosotros tenemos una alta burocracia, una clase empresarial de élite, una amplia franja de clase media y un sector popular no mayoritario, practicando un conservadurismo (por convicción todos, menos el sector popular, allí hay manipulación y rudimentos de adoctrinamiento mediático distorsionador) que no desea que México dé el paso decisivo hacia un avance democrático, aceptando la voluntad popular de otorgar la alternancia programática en el máximo cargo del Estado, el de Jefe de Estado, a una opción centro-izquierdista, moderada que en general acompaña el movimiento AMLO-Morena.  Tan moderada que pudo pactar una alianza electoral con un partido, respetable, como el PES que no tiene nada de centrista, un partido casi confesional, por lo menos en su dirigencia.

Pero lo grave es que en algunos de los adversarios de AMLO-Morena se ha asomado una tendencia de intolerancia ideológica abierta, y de tolerancia a la violencia electoral, que promueve una mayor violencia en distintas formas: desde las insinuaciones de un periodista, a los spots del PRI en donde se presentan escenas de violencia callejera que nada tienen que ver con las movilizaciones encabezadas por AMLO. En México se tolera socialmente, incluso por la alta autoridad, la violencia en amplia medida si se practica contra quien uno combate o desprecia, legitimando las “soluciones violentas” como canalización de la sobre-ideologización y personalización del conflicto electoral nacional, es decir, no son los problemas de México, su historia, sus fallas, no, es AMLO, es Morena. Se personaliza patológicamente el problema. Y eso tiene un nombre: en la historia se llama proto-fascismo. Hay muchos ejemplos.

Cito uno: en Brasil se habló de proto-fascismo cuando después de una matanza (90 muertos) de presos entre bandas rivales (enero de 2017) en las cárceles de Manaus y Roraima, el gobernador de Amazonas, José Melo, llegó a decir que entre los presos sacrificados brutalmente “no había santos”. Y el entonces secretario Nacional de la Juventud del Gobierno de Temer, Bruno Júlio, ya apartado de su cargo, afirmó que la pena es “que no hubiese una matanza de presos cada semana". No sólo se justifica, se aplaude la violencia criminal, la violencia que asesina. (Periódico El País).

Mantener la tesis proto-fascista de que AMLO es “un peligro para México” dicha de distintas formas (cuando quien la creó Antonio Solá y se llenó con ella los bolsillos de dólares, ya dijo que se trató de una consigna negra, de un ardid para apartar a los electores de AMLO, no porque realmente se le considerara como tal, y ha vaticinado que ganará esta vez con el 45% de los votos), es una manera de incitar a la violencia en diferentes expresiones. Ni AMLO, ni Anaya, ni la Sra. Margarita, ni siquiera “el Bronco” (a pesar de sus propuestas bárbaras) son “un peligro para México”, estoy seguro que todos harían su mejor esfuerzos por servir al país, son mexicanos que luchan pacíficamente por el poder, si bien, no todos lo hacen con la misma lealtad a las reglas que rigen la competencia. Incitar al “voto del miedo” es todo, menos una acción de política civilizada, es pre-moderna, es proto-fascista. Y aquí, hay responsabilidad, de los ultra-liberales, conservadores, en los medios electrónicos que sostienen que no debe haber ninguna restricción en las campañas, que se valen las campañas negras, y prohibirlas es limitar la libertad de expresión. Es decir, lo mejor es una competencia con unas cuantas reglas y viva la ley de la selva. La violencia empieza siempre por algo.

Recuerdo en la elección de 1988, había un video muy parecido al que ahora presenta el PRI como, spot, para apoyar al Sr. Meade, en donde presentan un spot también de AMLO diciendo ”llevamos años luchando y no se ha roto ni un solo vidrio” y ofrecen –como refutación al dicho- escenas de violencia callejera. El otro,  empezaba diciendo “El Día que Ganó la Oposición” y las imágenes eran las del bombardeo de la aviación golpista en Chile al Palacio de la Moneda, la sede presidencial en donde estaba el presidente constitucional Salvador Allende. Hacer apología de esa bestialidad y usarla para inyectar miedo a los electores, es imperdonable en alguien que se precie mínimamente de civilizado, ya lo de democrático quedó demasiado lejos. Es proto-fascismo.

Hay distinto tipo de personas que escriben o hablan de AMLO con encono y hasta con odio, en una actitud de patología política, otros, como si tuvieran “bolita mágica” ya adelantan que “México estará peor” y que la gente “terminará buscando comida en la basura” si gana AMLO. Vean ustedes hasta dónde se puede llegar en una patología política, en la irracionalidad hecha seudo-argumento.

Tenemos que calmarnos y controlarnos, para que los mexicanos resolvamos pacíficamente la sucesión en el poder del Estado, que tanta violencia causó en el siglo XIX, porque como ha dicho el Sr. Anaya “Así No”.