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Columnas

El Código de Hammurabi y las campañas políticas

@rickypedraza mar 15 may 2018 21:59
 Esperemos que el próximo presidente de México tenga coherencia en el decir y en el hacer.
Esperemos que el próximo presidente de México tenga coherencia en el decir y en el hacer.
Foto propiedad de: Internet

Dentro de mis autores favoritos se encuentra Nicolas Nassim Taleb. De origen libanés, Taleb es un investigador y financiero libanés que se considera un escéptico considerando que el pasado no puede usarse para predecir el futuro. Tiene un ensayo sobre la incertidumbre llamado Incerto sobre este tipo de temas. Yo solo he leído el de The Black Swan o el Cisne Negro pues me lo recomendó un profesor que está muy metido en el tema de los números. Ahora estoy leyendo la de Skin in the Game, en español, La piel en el juego: las asimetrías ocultas en la vida cotidiana, publicado en febrero del 2018.

La piel en juego

En los primeros capítulos de la piel en juego habla sobre la distorsiones de la simetría y  reciprocidad en la vida. Donde para tener recompensas también se tienen que tomar riesgos y no dejar a los demás pagar el precio de sus errores. Se puede decir que cuando alguien promete algo pone en riesgo su pellejo y se hace responsable por los resultados, cualquiera que éstos sean.

 

El Código de Hammurabi

El Código de Hammurabi es un monolito donde se encuentran grabadas las 282 leyes del código. Este código data de las épocas de la antigua Babilonia y si tiene la fortuna de ir al Louvre de Paris lo podrá ver en vivo y a todo color.

Una de las reglas más conocidas dice lo siguiente:   “Si un constructor construye una casa y la casa se desploma y causa la muerte del dueño de la casa , el constructor debe de afrontar la pena de muerte”. Esto es la  Ley del Talión, conocida por la frase Ojo por ojo, diente por diente.

En esta manera de pensar, el honor esta frente a todo. Si una persona se equivoca paga lo equivalente.

Las campañas y los profesionales en explicar y no en hacer

En la actualidad, las campañas políticas están llenas de promesas. Explican la situación del país pero poco se centran en cómo hacer que la situación del país cambie. Cualquiera que sea el ganador de las elecciones tendrá que salirse de la tendencia de explicar y concentrarse más en hacer. Al parecer, el mundo moderno tiene más personas que explican por qué pasan las cosas y menos personas que entienden por qué están pasando.

 

La burocracia es el sistema por el cual la persona es convenientemente separada de las consecuencias de sus acciones. ¿Qué se puede hacer en un sistema centralizado donde las personas no están expuestas directamente al costo de sus errores?  La solución más inteligente sería descentralizar o mejor dicho poder responsabilizar y localizar directamente al responsable del acierto o el error para que no sean inmunes a cualquier tipo de responsabilidad adquirida con su cargo.

No hay evolución si no se arriesga el pellejo

Y con arriesgar el pellejo, me refiero a que arriesguen algo que en verdad sea recíproco para los que buscan hacer un cambio verdadero.

En la época de los romanos, solamente un tercio de los gobernantes tenía una muerte de cama, o sea, morían en su hogar. La gran mayoría de los reyes y gobernantes moría en el campo de batalla defendiendo lo que proclamaban. Arriesgaban el pellejo por una mejor vida, por más territorios o por defender los que ya tenían. Tenían que defender lo que ya habían ganado con algo que hacía simetría con el premio, la vida.

 

La clase política de ahora no sufre, promete y no cumple. Estando en el poder, pasan más tiempo explicando porque no se puede hacer algo en lugar de entender por qué no se puede hacer y hacer lo necesario para que se pueda. No vemos que alguien que toma el riesgo , acepte su parte en tomarlo. Los gobernantes actuales que toman riesgos, los toman afectándonos a todos y se escudan en las explicaciones del por qué no, sin pagar por sus errores.

 

Vía negativa

Este es el principio donde sabemos lo que está mal con mayor claridad que lo que esta bien y ese conocimiento crece por restar. Es mucho más fácil saber que algo está mal que encontrar algo para arreglarlo. Las actividades que quitan lo que está mal son más sencillas de justificar que las que suman pues al sumar se pueden tener resultados que pueden llegar a ser complejos para ser medidos.

En las promesas de campaña encontramos muchas propuestas basadas en el principio de vía negativa, quitar lo malo debería de ser suficiente para que el sistema funcione. ¿Pero con solo quitar lo que está mal hecho podremos llegar a ser un país más próspero? Estoy completamente seguro que no es así.

Dudas

Ahora que se acercan los tiempos electorales, ¿qué candidatos están realmente dispuestos a arriesgar el pellejo por nosotros? ¿Cuál candidato se ha arriesgado realmente en la campaña? ¿Quiénes están dispuestos a pagar por sus errores , como a ser premiados por sus aciertos?

 

Dice el rabino Hillel el sabio sobre el pasaje en el Levítico 19:18, “ No hagas a los demás lo que a ti te causaría dolor. Eso es la escénica de la moralidad”. Sócrates, filósofo griego, dice: “No hagas a los otros lo que no te gustaría que los otros te hicieran a ti”.

Basado en estos principios, esperemos que el próximo presidente de México tenga coherencia en el decir y en el hacer. Que se haga responsable de lo que propone y que no pase la gran mayoría del tiempo explicando por qué no se lograron las cosas.

 

Los políticos de ahora no se juegan el pellejo de ninguna manera. Le pasan la deuda al que sigue sin ninguna represalia.  Esperemos que se busque la manera de que los riesgos que se toman tengan responsables y que estos no se escuden en la burocracia. Y que esto no pase solamente en los niveles superiores de gobierno, sino que se haga permeable a todos los niveles del aparato gubernamental.

En la lista de candidatos , ¿tendremos alguno que hable de hacerse responsable si las cosas no salen como se planean? ¿Habrá alguien que pague “Ojo por Ojo, diente por diente”? ¿Tendremos alguno que realmente se juegue el pellejo por nosotros y que tome responsabilidad?  Esperemos que sí.