jueves 18 de octubre de 2018 | 08:43
Columnas

Diferencias entre AMLO y @RicardoAnayaC

@HECavazosA mar 15 may 2018 22:24
Anaya Cortés y AMLO materializan un oxímoron político.
Anaya Cortés y AMLO materializan un oxímoron político.
Foto propiedad de: Internet

 

Bien dice Ricardo Anaya, candidato de la coalición Por México al Frente, que concuerda con Andrés Manuel López Obrador en cuanto al diagnóstico en torno a la problemática del país. Lo anterior se debe a que ambas posturas parten de la misma realidad nacional. Por consiguiente, tanto un candidato, como el otro, ofrecen y proponen al electorado un cambio profundo, enfocado en resolver los grandes problemas que aquejan al país.

Se antoja paradójico que quienes representan la antítesis electoral en la actualidad, compartan la fuente de sus posiciones respecto a lo que necesita México para mejorar. No obstante, los proyectos y propuestas de ambos candidatos no pueden ser más distintos. Mientras que el candidato de la coalición que integran los partidos Acción Nacional, el de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano plantea una transformación con miras en el futuro, el dueño del Movimiento Regeneración Nacional promete regresión y anquilosamiento.

Anaya Cortés y AMLO materializan un oxímoron político. Nunca antes se habían confrontado dos programas de gobierno tan disímiles, dos mensajes tan discordes, dos campañas tan inarmónicas. Porque, en primer lugar, el frentista invita a construir con la ciudadanía y las fuerzas políticas un gobierno de coalición—el primero en la historia de México—; sería la primera vez que se instaure un Estado multicromático, plural, en donde todas las ideologías tengan voz y voto, y en el cual todos y cada uno de los mexicanos nos sintamos representados e integrados. Vehemente en relación con la discrepancia y la confrontación de ideas, la oferta de manera de gobernar que nos brinda la candidatura del Frente no podría ser más democrática, más libre. Su presidencia sería todo menos imperial; Ricardo Anaya sería un genuino mandatario, respetuoso de nuestras instituciones y sometido a la voluntad popular.

Por su parte, lo que propone el tabasqueño es un gobierno unilateral, de monólogo e indiferente a la vida institucional. Con el pretexto de la democracia participativa, Andrés Manuel le pasará por encima a todo lo que se le ponga en frente o signifique para su gestión un obstáculo. López Obrador sí sería un presidente imperial. Su discurso no deja lugar a dudas: de ganar MORENA el primero de julio, el Ejecutivo Federal tomaría las riendas del país. Y lo que los poderes legislativo o judicial no le concedan al presidente, se conseguirían mediante la consulta popular, la mano alzada en la plaza pública; pues no se requiere de democracia representativa en un país donde el pueblo es sabio; donde el pueblo sabe lo que es bueno para México, y lo que no. Con el pueblo todo, sin el pueblo, nada; y en guayabera, desde Palacio Nacional, ¡que vivan los países del tercer mundo!

 

Otra diferencia fundamental entre las candidaturas de Anaya y Obrador radica en la congruencia; si bien es cierto que parece incoherente que los partidos PAN, PRD y MC se alíen; sin embargo, la coalición que conforman estos partidos encuentra sustento y fundamento lógico en la naturaleza opositora que comparten las agrupaciones políticas referidas. Por otro lado, la congruencia en esta alianza emana de que todos sus integrantes coinciden en que se necesita un cambio en el régimen; pero no uno hacia el pasado, hacia los tiempos del desarrollo estabilizador, precios en combustibles congelados y tipo de cambio fijo. No. La coincidencia atiende a la necesidad de una transformación en materia de corrupción, seguridad, derechos humanos y políticas exteriores. Pero siempre apelando a la continuidad del progreso, la renovación y a mantenernos en la espiral de modernización en la que nos encontramos.

Andrés Manuel, en cambio, ya no es congruente. El oportunismo político y la ambición de poder han mancillado su candidatura. Las alianzas que ha hecho López Obrador para llegar a la presidencia se entienden como ignominia. Basta escucharlo en distintos foros, con diferentes audiencias: aquí estoy a favor, allá estoy en contra; por un lado con comunistas, por el otro con oligarcas; y así se la lleva, con partidos de corte confesional, y con partidos de corte socialista. Ya no sabemos a quién representa AMLO, si a sus simpatizantes, o únicamente a sí mismo.

Dicho lo anterior, queda claro que el primero de julio los mexicanos tendrán que elegir entre el futuro o el pasado; entre la libertad o el autoritarismo; entre la diversidad o el totalitarismo; entre la tolerancia o la tiranía; entre el progreso o la regresión; entre Ricardo Anaya o Andrés Manuel.