lunes 23 de abril de 2018 | 10:11
Columnas

Hegemonía del PRI corre riesgo en Piedras Negras

@CapitolioGHG lun 16 abr 2018 22:23
Los huevos arrojados a Bres este domingo, previo su registro, tenían forma de bumerán.
Los huevos arrojados a Bres este domingo, previo su registro, tenían forma de bumerán.
Foto propiedad de: Internet

En 1981 ciudadanos de Piedras Negras, inconformes por una elección viciada, incendiaron la presidencia municipal y bloquearon el puente internacional de Eagle Pass. Era cuando el presidente de la república tenía el control del país, vigilaba a los gobernadores y de vez en cuando defenestraba a alguno para enfriar las demandas ciudadanas de comicios libres, limpios y democráticos. Ese equilibrio terminó con la alternancia y en el último sexenio devino en retroceso: la crítica se reprime y el sistema judicial legaliza el fraude electoral y prepara nuevos atracos sin reparar en consecuencias. Una de ellas es la violencia política, la cual muestra cada vez más su rostro sanguinario con el asesinato de candidatos.

Después del episodio de 1981, Piedras Negras dejó de representar un dolor de cabeza para el PRI y los gobiernos de turno, salvo por la separación de algún alcalde por causa de fuerza mayor o desarreglos domésticos. En esa aparente uniformidad incubó una de las mayores atrocidades, documentada por medios de comunicación e instituciones extranjeros y después por investigadores mexicanos: el asesinato masivo de personas —con sevicia— en el penal de Piedras Negras, en los años infames del moreirato, denunciados ante la Corte Penal Internacional como crímenes de lesa humanidad.

De los municipios más poblados de Coahuila, Piedras Negras es el único donde no se conoce la alternancia. Ya la hubo en Saltillo, Torreón, Monclova, Ramos Arizpe, Frontera y Acuña e incluso en municipios pequeños como Allende, escenario de otra masacre impune en el docenio negro. Con esa seguridad, la alcaldía la empezaron a ocupar no lo mejores, ética y socialmente, sino los más dóciles con el gobernador. Ejercido con soberbia y apoyado en el miedo, el gobierno empezó a aplastar a los liderazgos locales para monopolizar el poder e imponer sus intereses. La consiga era "te aguantas o te atienes a las consecuencias".

Si a Claudio Bres la policía municipal no detienen a sus hijos por el delito grave de andar en bicicleta frente a la residencia del candidato del PRI a diputado federal Fernando Purón, uno de los inventos del moreirato, quizá hoy todavía sería un priista, inconforme pero disciplinado y dedicado a sus negocios. Sin embargo, la administración municipal cruzó la frontera que separa a la política de la familia, forzó la renuncia de Bres y puso en riesgo la presidencia de Piedras Negras.

Alcalde en dos ocasiones y diputado federal, además de colaborador cercano del gobernador Rogelio Montemayor, Bres se montó en la ola del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), impulsada por Andrés Manuel López Obrador, para disputarle el poder a Sonia Villarreal. La candidatura del director de “La Rancherita del Aire” dividirá el voto del PRI, atraerá el de los indignados, que forman legión, y eventualmente puede ganar las elecciones del 1 de julio. También le restará sufragios a José Antonio Meade, a Verónica Martínez y al propio Purón, candidatos del PRI a la presidencia, el Senado y el Congreso.

Los huevos arrojados a Bres este domingo, previo su registro, tenían forma de bumerán. En las urnas golpearán a los autores del agravio. Villarreal y sus seguidores acudieron al abyecto Instituto Electoral de Coahuila en son de paz, vestidos de blanco. Lo hicieron así para deslindarse de la agresión, atribuida a simpatizantes de Morena, pero todavía con rastros de yemas en las manos.