lunes 23 de abril de 2018 | 10:24
Columnas

AMLO derrota a Slim... Pero si El Ingeniero hubiera defendido la reforma educativa

@FedericoArreola lun 16 abr 2018 19:11
Una relación amistosa y política hoy cabeza abajo
Una relación amistosa y política hoy cabeza abajo
Foto propiedad de: Internet


“Si hacemos el bien por interés, seremos astutos, pero nunca buenos”. Marco Tulio Cicerón 

Está condenado a perder el debate el que acude al mismo solo para defender sus propios intereses. Es ley universal.

Quizá el proyecto del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México sea bueno para nuestro país —estoy más que dispuesto a creerlo—, pero como el ingeniero Carlos Slim es el mexicano que más se beneficia de esa gigantesca obra pública —es el contratista mayor y hasta el operador financiero—, no le queda defenderla esgrimiendo razones de utilidad para todo el pueblo.

Si Slim y sus empresas no ganaran tanto con la construcción del nuevo aeropuerto, la defensa que El Ingeniero —como se le conoce— hizo del proyecto habría sido un paradigma de argumentación racional, de objetividad y de amor por México.

Pero como Slim gana, y mucho, con el aeropuerto, Andrés Manuel López Obrador no batalló en lo más mínimo para ponerlo fuera de combate: si es tan buen negocio, dijo AMLO, entonces que Carlos Slim lo haga con su propio dinero, no con recursos públicos, y asunto arreglado.

La verdad de las cosas es que Slim, un hombre sumamente inteligente, esta vez se equivocó. El Ingeniero debió haber salido a defender la reforma educativa, que AMLO pretende echar abajo y en la que el hombre más rico de México no tiene intereses.

Pero Slim no quería defender principios, o no solo principios: también buscaba proteger sus intereses. Y ahí perdió.

Tiene una enorme autoridad moral el ingeniero Slim; carajo, la debió haber usado para cuestionar a López Obrador en un tema, como el educativo, mucho más trascendente para México.

Al defender su negocio Slim bajó la guardia y le entró, durísimo y directo a la mandíbula, un izquierdazo de Andrés Manuel que puso a El Ingeniero en la lona.

Ha quedado cabeza abajo la relación política y hasta amistosa de los dos personajes.