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Columnas

El encanto de una “República Amorosa” con Andrés Manuel…

jue 15 mar 2018 17:33
AMLO no ha dejado de proponer su república amorosa
AMLO no ha dejado de proponer su república amorosa
Foto propiedad de: Internet

 

Acabo de volver a casa luego de largo viaje en el que me tocó conducir más de mil quinientos kilómetros por carreteras de nuestro México Mágico.  Agradeciendo--como siempre-- sus magníficos paisajes que quitan el aliento, a la par de no perder la gran concentración requerida para convivir sin contratiempos junto a la raya divisoria entre los dos carriles a toda velocidad, donde remolques comerciales con prisa para llegar y el peligro de vehículos rodantes comandados por libres bebedores, compartimos el paso entre las curvas ondulantes que rodean aquellos pueblos tan remotos, que como puñitos de estrellas titilando al anochecer salpican la costa y la montaña, evocando sin remedio la insignificancia de la especie humana ante la majestuosidad de la Tierra aun virgen que circunda las cristalinas aguas de un Mar de Cortés que aún rebosa y presume su sana existencia en robusto cuerpo marino, que sereno y calladito ofrece de pronto constantes sorpresas animando el tauma con sus impresionantes creaturas, con sus secretos geológicos, con sus vestigios prehistóricos, y el inefable transcurso del sol, que a diario colorea del naranja al rosa púrpura los filos escarpados de la sierra de La Giganta o de La Laguna, resguardo universal de apreciados minerales. Es nuestro deber atesorar, proteger, amar a nuestra Madre Natura en el sitio de su genealógico nacimiento: el prístino estado de Baja California Sur.

Pero la verdad sea dicha, andando por innumerables sitios del territorio mexicano, por doquier se conmueve uno ante la diversidad de su belleza, ante la perfección de la estética natural que nos entrega, que todavía nos queda por defender sin tregua para goce y disfrute de futuras generaciones. Y se necesita auténtico amor a la patria para no claudicar en esta lucha preservadora de nuestros entornos naturales, para que no se extingan, para que sean mimados, cuidados, amados como merecen, como merecemos.

Nunca olvidaré las ácidas críticas y la polémica pública que armó el régimen en la campaña a la presidencia 2012 para dañar con guerra sucia y falsedades a AMLO, cuando el líder tabasqueño comenzó a compartirnos la idea, pero más bien el sentimiento que emanaba de su ser al poder lograr, al poder crear una República Amorosa, con la asistencia de quien quisiera cooperar para ello, cuando los mexicanos lo eligieran como presidente.

Siempre me atrajo la idea—¿a quién no?-- de que se generara en mi tiempo el momento histórico de lograr una maquinaria económica en pos de esa República Amorosa que no ha dejado de proponer AMLO. Porque el gobernar a un pueblo con amor incluye todos aspectos, desde la protección de la riqueza endémica, hasta el proveer fuentes de trabajo dignamente remunerado, creando nuestras aptas mentes y manos mexicanas sus propias condiciones para obtener del su rico suelo o de su esfuerzo la alimentación básica, la educación, el aprendizaje para avanzar socialmente aportando unidos sociedad y gobierno nuestro amor al prójimo en un ambiente equilibrado—llamo “prójimo” a miembros de la especie humana, animal o vegetal-- en pos de la generación de una bonanza incluyente.

En lo personal, consideré acertado y sumamente original en aquel momento de profunda crisis que había iniciado y promovido el gobierno del PAN de Felipe Calderón, la noción de una República Amorosa. Y me encanta ahora, que llego inspirada a mi selva de haber recorrido la extraordinaria belleza de lo que he nombrado “Planeta Baja”, cuando veo o escucho a Andrés Manuel--acrecentada la violenta depravación con el PRI de Peña Nieto-- no engancharse en las agresiones recibidas durante esta campaña 2018, sino mostrar el símbolo de amor y paz, refrendando nuevamente la celebración de que nuestra vida civil como ciudadanos sea apoyada, sea atendida por hombres y mujeres que nos tengan cariño, que piensen en el pueblo que gobernarán, que defiendan, que amen, que procuren genuinamente, su tierra buena y privilegiada.