lunes 24 de septiembre de 2018 | 07:20
Columnas

El camino sinuoso de la mujer en la política mexicana

@Viri_Alvarez_ mié 14 mar 2018 11:03
Mujeres consideradas como individuos que necesitan un tutor, un tutor en forma de estado, un tutor con formación patriarcal, un tutor que restringe el acceso a la justicia,
Mujeres consideradas como individuos que necesitan un tutor, un tutor en forma de estado, un tutor con formación patriarcal, un tutor que restringe el acceso a la justicia,
Foto propiedad de: Internet

 

A pesar de que existe un marco jurídico de equidad y género en la legislación mexicana, tanto en lo nacional, estatal y municipal, la realidad para las mujeres es mucho más compleja, ya que las iniciativas legislativas se han dado de forma lenta, y por lo general de forma “reverencial institucional”, o trabas normativas, candados en forma de decretos, depositados en cada estado, ya que argumentan que es una “formalidad legal”, que esas leyes se tienen que adecuar conforme la “envestidura ejecutiva” de cada estado y propicie las adecuaciones “pertinentes”, ya que la autonomía de las federaciones los faculta a no modificar, reformar, adecuar, decretar, de lo que resulte de lo federal, ignorando.

 La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha fallado (también con jurisprudencia) a favor de leyes que benefician, tardíamente a la comunidad femenina. Recordemos, todo fallo de la SCJN es de rango, jerarquía, nivel, supremacía Constitucional, resultando leyes obligatorias en todo el territorio nacional. Entonces, ¿cómo se puede capitalizar y formalizar las modificaciones necesarias en cada Estado? ¿Cuál es la ruta, el camino, que tenemos que seguir para que esas leyes se pongan en sintonía con las necesidades de todas las mujeres? Y también, por supuesto, para que nuestras hijas, nuestras nietas se desarrollen en un Estado más democrático, más digno, más humano. Y digo humano, ya que en la actualidad pareciera que se reglamentan los derechos, ejemplo, para unas, tener acceso a la interrupción de un embarazo no deseado, es posible en la CDMX, pero no es posible en los estados, se tendría que trasladar la mujer hacia la capital, con sus propios recursos, que muchas no los tienen, que muchas ni siquiera tienen posibilidades de salir de su localidad, comunidad, mucho menos del estado. Afortunadamente existen organizaciones que ayudan, como “Fondo María” Organización no Gubernamental (ONG), que ofrecen el servicio (con sus recursos) de traslado, y, lo más importante, el acompañamiento profesional, que acompañan a la mujer; pero no todas tienen la oportunidad de tener acceso a ese servicio tan necesario, ya que es una organización que sobrevive con recursos donados, por lo que están muy limitadas para abarcar el servicio para más mujeres, mujeres que viven en rancherías, en comunidades, en colonias marginadas, en ciudades donde la vida se va en un trabajo de 12 horas diarias, y 3 horas más de ida y de regreso, casa y trabajo. Todo el día invertido en trabajar.

Entonces, es muy importante que se multipliquen estos tipos de organizaciones, de voluntades, voluntades organizadas por nosotras mismas, por mujeres, hacerlas como políticas públicas necesarias para nuestras mujeres, para la dignificación de derechos de las mujeres, hacerlos verdaderos centros institucionales para las mujeres. Y cómo, ocupar y participar en espacios legislativos y se concentre de forma factible, formando columnas de mujeres de izquierda, hacer  comunidad, para que las más desprotegidas encuentren el canal, el camino, la ruta, el escucha, la comunicación con esa columna de mujeres al servicio de las mujeres desprotegidas, de las mujeres invisibles, de las mujeres que sostienen las familias, familias en condiciones paupérrimas, en condiciones de desnutrición, todo esto provocado por las instituciones de “cascarón”, instituciones convertidas en centros burocráticos donde se depositan las quejas ciudadanas, contabilizando el número de usuarios, pero no dando resultados a la problemática social.

Participación directa femenina en el Congreso de la Unión, en los congresos locales, en lo municipal, los cabildos. Como principal tarea de toda mujer, como obligación, como primicia, como responsabilidad, como ley de vida, las mujeres tienen que entrarle ya al campo, a la maquinaria legislativa, a la máquina de formar las adecuaciones necesarias para defender la vida femenina, toda vez, que en la actualidad, la mayoría de legisladores son varones, y en ese juego de política patriarcal es como se imponen las conductas que restringen, que limitan, que impiden, que dilapidan, agreden, violentan a las mujeres en general; por lo que no hay resultados concretos, es la conducta normalizada de la imposición legislativa; su marco, su agenda es masculina, con tintes de “paridad legislativa”, colocan a mujeres a “modo”, mujeres manipulables, mujeres que no tienen idea de lo que es la solidaridad entre las mujeres. 

Mujeres consideradas como individuos que necesitan un tutor, un tutor en forma de estado, un tutor con formación patriarcal, un tutor que restringe el acceso a la justicia, a la educación de las mujeres, ese tutor ya tuvo su vida útil, por varias décadas, formó y estructuró toda clase de leyes y decretos, creando, formando, elaborando y depositando, e instaurando un cúmulo de leyes, puestas en conductas que restringen los derechos de las mujeres. A tales conductas se les ha denominado, como conductas necesarias, puestas a funcionar a razón de un entendimiento de un estado masculino. El control, una fuerza de estado que se replica en cada región, en cada comunidad. Y no permite acceder a esos espacios de acción, espacios públicos, tanto de justicia, como de derechos laborales, derechos en la salud, derechos en la sexualidad, en los derechos fundamentales de un ser humano, derechos por la vida.

Entonces, la participación de las mujeres es indispensable, es necesaria, es de exigencia, primero, por nosotras mismas, después por nosotros mismas, como regla general, como  un convenio femenino, el consenso de todas. Varias problemáticas que se viven en los espacios públicos políticos:

*El acoso sexual sobre todo a las mujeres jóvenes que quieren participar en política se ha vuelto conductas normalizadas.

*La cosificación de las mujeres en los espacios políticos, las palabras con etiquetas sexistas (representación de las mujeres en los medios masivos de comunicación) se manifiestan de forma normalizada.

En conclusión, el machismo en el ambiente político y espacios políticos no se ha erradicado ¿y cómo nos defenderemos nosotras?

La participación de las mujeres es crucial en los espacios políticos, y sólo participando ganaremos la batalla del reconocimiento, ¡Ojo! entre nosotras, nosotras nos tenemos que demostrar la capacidad de ejercer la actividad en organizar y crear las condiciones de reconocimiento político institucional, la tarea es de todos y de todas; legitimar dignamente la palabra y la obra de las mujeres. Empoderadas para generar un proyecto con perspectiva política de género.

Tenemos la gran responsabilidad de salvaguardar la dignidad femenina en lo político, y automáticamente se replica en los espacios públicos; es una tarea que nos concierne a todas, tenemos que entrarle sin tapujos.