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Columnas

Crónica política. Si AMLO pierde, ¿habrá fraude electoral?

@rosyramales mié 14 mar 2018 11:52
Sin embargo, las encuestas no tienen la verdad absoluta; son simplemente ejercicios de mediciones aproximadas.
Sin embargo, las encuestas no tienen la verdad absoluta; son simplemente ejercicios de mediciones aproximadas.
Foto propiedad de: Internet

En una reunión con empresarios en Aguascalientes, el candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia” (integrada por Morena, PT y PES) a la Presidencia de la República, Andrés Manuel López Obrador habló nuevamente de fraude electoral; quienes lo comentan, advirtió, que “se hagan cargo de atender las protestas del pueblo.”

Preocupan las expresiones de AMLO, pues denotan su desasosiego por perder las elecciones presidenciales de julio próximo, máxime cuando las encuestas lo dan como puntero con amplia ventaja frente a sus más cercanos competidores: José Antonio Meade de la coalición “Todos por México” (PRI-PVEM-Panal), y Ricardo Anaya Cortés de la coalición “Por México al Frente” (PAN-PRD-MC).

Sin embargo, las encuestas no tienen la verdad absoluta; son simplemente ejercicios de mediciones aproximadas. Incluso, los resultados varían según el momento y los lugares donde se aplican, así como por el ánimo de los electores.

Las encuestas más apegadas a la realidad electoral, por decirlo de algún modo, empezarán cuando inicien las campañas electorales y la ciudadanía tenga el abanico completo de los competidores a la Presidencia de la República: Cuántos y quiénes. Recordemos que el panista anda en la cuerda floja debido al caso de presunto lavado de dinero.

Además, falta saber a cuántos aspirantes a candidatos independientes el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) otorgará el registro para competir como tales en las elecciones presidenciales: ¿A los tres: Margarita Zavala, Jaime Rodríguez Calderón y Armando Ríos Piter? ¿O dos? ¿A uno? ¿O a ninguno?

Y quien sabe si por ahí salga algún aspirante presidencial que se vaya completamente por la libre. La boleta electoral trae un recuadro para “candidato no registrado”, que es un espacio para garantizar el ejercicio del voto de ciudadanas y ciudadanos que no ven como opción a los abanderados registrados por partidos y coaliciones, o a los independientes.

Y en ese recuadro, los electores tienen derecho a escribir el nombre de cualquier persona. Pero esos votos no se cuentan por caca uno de los candidatos “no registrados”, sino se cuentan en general y solamente para efectos de estadística.

Serían votos inútiles. Claro, que si “el candidato no registrado” es un personaje con cierto reconocimiento en la derecha, en la izquierda o en el centro izquierda, pues restaría electores al candidato identificado con la ideología política de la que se trate.

Pero hasta el momento a nadie se le ve intención de irse por la libre.

En fin, retomando el tema: Una vez teniendo el abanico completo de los candidatos formalmente registrados ante el INE a la Presidencia de la República, el resultado de las encuestas pueden variar. Entonces veremos si AMLO se mantiene como puntero, incluso con más preferencia electoral, rompiendo el mito de que ya llegó al tope; o si se cae.

Si cae en el ánimo del electorado, ¿cómo argumentar fraude?

Tal vez ahí el temor de López Obrador a la “guerra sucia” de la cual habló a los empresarios a quienes conminó a no aportar dinero para tal efecto. Sin embargo, la ley permite el financiamiento privado a los partidos políticos con las restricciones establecidas por la misma norma; dinero que también es fiscalizado por el INE.

Claro, siempre cabe la posibilidad de inyección de recursos económicos a las campañas electorales no reportados a la autoridad electoral. Y se da en todos los partidos políticos, ¿o Morena, el PT y el PES no reciben financiamiento por debajo del agua?

El INE puede frenar la “guerra sucia”, de entrada evitando autorizar a los competidores promocionales cargados de lodo con el ánimo de difamar y ensuciar la imagen de los abanderados. Los spots impregnados de estiércol solamente desalientan la participación ciudadana en las urnas electorales.

Ojalá en las campañas electorales veamos candidatos, partidos y coaliciones exponiendo propuestas viables, la oferta planteada en las plataformas electorales, y no “guerra sucia”, ni compra de conciencias mediante dádivas y promesas de recompensa, por parte de los competidores, incluyendo a los aliados de AMLO.

Ahora bien, si en el curso de la campaña AMLO se mantiene como puntero como producto de las encuestas, tampoco significa que ello le dé el triunfo casi en automático en la jornada electoral del próximo primero de julio. Hay casos en que el puntero pierde.

Para no ir más lejos ahí está el ejemplo de Delfina Gómez Álvarez, a quien la mayoría de las encuestas la daban como ganadora en la elección a la gubernatura del Estado de México, y perdió. ¿Qué pasó? Solamente ella y su partido, Morena, lo saben a ciencia cierta.

Los triunfos o las derrotas electorales casi siempre son multifactoriales. Y un factor determinante es la estructura electoral. En el Estado de México, Morena no cubrió el cien por ciento de las casillas electorales.

Entonces, antes de hablar de fraude electoral, López Obrador necesita asegurar cubrir todas y cada una de las casillas, y con representantes a prueba de tentaciones monetarias. Lo mismo en los consejos locales y distritales del INE. Requiere, pues, de una estructura sólida y confiable, la cual incluye ruteros (o como se llamen en Morena) y equipo jurídico para las impugnaciones pertinentes.

Por cierto, cuando se compite en coalición, resulta impredecible garantizar la lealtad de los aliados. Recordemos que el primero de julio próximo también habrá elecciones de senadores y diputados federales, así como comicios locales concurrentes en 30 entidades federativas.  

Todos los candidatos, evidentemente, buscarán ganar. Por lo tanto, ¿quién asegura la inexistencia de negociaciones? Por ejemplo, pactar el triunfo de un candidato a Senador por Morena a cambio de la derrota de AMLO en determinado número de casillas electorales estratégicas.

Es todo un despliegue de tácticas y estrategias antes del día de la jornada electoral; y las ejecutan todos los partidos políticos, incluyendo al más democrático. ¿O…no? Son circunstancias que generalmente no se pueden impugnar. Entonces, ¿cómo alegar y probar fraude electoral?

Por lo tanto, AMLO debiera cuidarle las manitas a sus propios correligionarios y aliados, considerando además que con el ánimo de ganar las elecciones, ha dado cabida en Morena a cualquiera; mucha gente sin ideales, pero sí con muchas ambiciones que dicen estar con López Obrador por mera conveniencia.

Un riesgo más para el tabasqueño es la fractura de la coalición “Juntos Haremos Historia”, o de mismo Morena. En la campaña pueden ocurrir situaciones inesperadas.

En fin, preocupa la advertencia de AMLO en torno a escenarios de protesta y violencia tras la jornada electoral. Lo ha dicho en distintos foros, y lo dijo en la reunión con empresarios en Aguascalientes:

“Si cometen un fraude, sostengo que quienes lo lleven a cabo se hagan cargo de atender las protestas del pueblo. La gente quiere democracia, es un llamado respetuoso a los mapaches electorales y sus jefes, a quienes están acostumbrados a cometer fraudes, que vayan midiéndole y tentándole el agua a los camotes.”

En su discurso hay expresiones temerarias como si de él no dependiera nada para evitar acciones fraudulentas. Además, manda el mensaje de que si él no gana la elección presidencial, el “pueblo” protestará y tampoco habrá democracia.

Protesta ¿violenta? ¿Los seguidores de AMLO constituyen todo el pueblo? Y si él gana, ¿habrá sido la elección más limpia de la historia del país?

López Obrador también debe ir “midiéndole el agua a los camotes” en torno a su estructura, aliados, candidatos y forma de actuar.

 

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