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Columnas

Guillermo del Toro y su espantosa obesidad. Un líder que no predica con el ejemplo

@FedericoArreola mar 13 mar 2018 06:36
Si bajó de peso para ponerse el esmoquin en Los Ángeles —supongo que sí: en las fotos de la ceremonia se veía bien gordo, pero no brutalmente obeso—, tristemente con rapidez a los pocos días volvió a engordar y mucho
Si bajó de peso para ponerse el esmoquin en Los Ángeles —supongo que sí: en las fotos de la ceremonia se veía bien gordo, pero no brutalmente obeso—, tristemente con rapidez a los pocos días volvió a engordar y mucho
Foto propiedad de: Internet


Era un tipo tan, pero tan gordo que, cuando se tiraba un pedo, la ONU lo culpaba por el cambio climático

En México la obesidad mata a más personas que el crimen organizado. En El Universal,  los especialistas Julio Berdegué y Pablo Aguirre dieron a conocer en un artículo que hay en nuestro país casi tres muertes más por obesidad que por la violencia. Una verdadera tragedia social.

El costo económico de la obesidad para el sistema de salud mexicano es simple y sencillamente enorme.

En nuestra sociedad, el 73% de la poblaciòn adulta padece sobrepeso u obesidad. Y en obesidad infantil México se lleva la medalla de oro.

Tan terrible problema de salud pública solo se va a superar si todos nos involucramos en el diseño de soluciones que verdaderamente den resultados.

Los que más tienen que aportar en esta lucha excesivamente compleja, por lo pronto, son los líderes que como siempre, en la medida en que prediquen con el ejemplo serán seguidos por otras personas.

El mexicano del momento es Guillermo del Toro, que ganó dos Oscar por su bella película La forma del agua.

Antes de la ceremonia de premiación en Los Ángeles el cineasta dijo:

√ Que debía hacer régimen de alimentación para que el traje le quedara bien el día de la entrega de los galardones.

√ Que la desventaja de los Oscar estaba en que es que debería bajar de peso para ajustarse a su esmoquin.

√ “Hay un aspecto negativo, necesitaría perder peso porque no hacen esmóquines de mi talla”.

√ “O me dan un Oscar o una nominación o recibo Twinkies, en cualquier caso es una situación en la que todos ganan”.

√ Cuestionado sobre qué prefiere si el Oscar o los Twinkies, bromeó: “Depende de la hora del día. Algunas veces mi nivel de azúcar en la sangre es bajo y busco un Twinkie”.

Pésimo chiste del mexicano más importante en la actualidad. ¿Lo entenderá el señor Del Toro?

Si en efecto bajó de peso para ponerse el esmoquin en Los Ángeles —supongo que sí: en las fotos de la ceremonia se veía bien gordo, pero no brutalmente obeso—, tristemente con rapidez a los pocos días volvió a engordar y mucho: es lo que exhibió en el Festival de Cine de Guadalajara donde, vestido con una enorme sudadera/tienda de campaña, se vio obeso en extremo.

Guillermo del Toro tiene todos los recursos para superar su grave problema de obesidad: acceso a los mejores médicos, dinero para que expertos le diseñen y cocinen la mejor dieta, patrimonio de sobra para equipar su casa con los mejores equipos para hacer ejercicio.

Pero, evidentemente, Del Todo no hace nada contra su gordura. El ejemplo que da es pésimo. Un líder más, carajo, que falla a sus seguidores.

Como mínimo, el cineasta Guillermo del Toro debería someterse a una cirugía bariátrica para quitarse, estimo solo a ojo de ver cubero, entre 70 y 100 kilogramos de grasa que su cuerpo tiene de más.

De plano.