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Columnas

Entender la Ciudad desde una perspectiva de género

@horacio_urbano mar 13 mar 2018 10:03
Llas ciudades pueden y deben ser pensadas desde una perspectiva de género que ponga el piso parejo a las mujeres...
Llas ciudades pueden y deben ser pensadas desde una perspectiva de género que ponga el piso parejo a las mujeres...
Foto propiedad de: Internet

¿Hay que diseñar las ciudades para las mujeres? Yo no diría tanto, porque aunque en primera instancia la respuesta tendría que ser un irrebatible sí, el hecho es que las ciudades también deben ser hechas para los niños, para las personas mayores o con alguna discapacidad, o para quienes tienen menos recursos.

Vaya pues... Que las ciudades tienen que estar hechas pensando en las diferentes necesidades de todos los que las habitamos o podamos llegar a hacerlo.

Pero hoy no es así... Las ciudades se han hecho y se siguen haciendo excluyentes y es urgente reconocer esta realidad para poder revertirla y construir las ciudades justas e incluyentes que todos queremos.

No sobra, sin embargo, pensar en el papel que juega la ciudad ante los temas de fondo que marcaron las marchas que se dieron a nivel mundial el pasado 8 de marzo para conmemorar el Día Internacional de la Mujer.

Ya no viene el caso decir que esa fecha no es motivo para felicitar a nadie, sino oportunidad para hacer cuantos llamados haga falta para abatir la brecha de desigualdad que sigue habiendo entre hombres y mujeres.

Sabemos que las mujeres están expuestas a toda clase de riesgos por el solo hecho de ser mujeres... Sabemos que en muchísimas ocasiones de poco les sirve tener mejor preparación que un hombre, y que es muy probable que a él le paguen más que a ella por desarrollar exactamente el mismo trabajo.

Pero de lo que poco se habla, pero es ya, sin embargo, tema en que se está trabajando, es en los impactos que las estructuras urbanas pueden tener para agrandar o reducir estas absurdas diferencias.

Porque las ciudades pueden y deben ser pensadas desde una perspectiva de género que ponga el piso parejo a las mujeres... Ciudades en que sea más simple y seguro trasladarse de un lugar a otro... Ciudades que ubiquen las escuelas de los hijos cerca de los centros de trabajo y las viviendas... Ciudades con espacio público de calidad...

No se trata de un feminismo ramplón que se limite a pintar camiones de rosa, sino de reconocer que el verdadero objetivo debe ser acabar con lo que provoca que las ciudades parezcan no estar diseñadas para atender las necesidades de las mujeres.

Entender la ciudad a partir de una perspectiva de género es un tema tan relevante, que forma parte de la Nueva Agenda Urbana acordada en Habitat 3, la cumbre mundial de ciudades que organizó la ONU en Quito, Ecuador, a finales del 2016, y que establece entre sus objetivos el de “lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas, asegurando su participación plena y efectiva en todas las esferas y en los puestos de liderazgo y toma de decisiones, garantizando el acceso a un trabajo decente y el principio de igual remuneración por igual trabajo, previniendo y eliminando todas las formas de violencia y acoso en espacios públicos y privados”.

Se trata de que la planeación y gestión urbana reconozcan que las mujeres (así como de otros grupos que hemos hecho vulnerables), tienen necesidades específicas que pueden cambiar en función de su vida familiar, laboral y social.

En cuanto a movilidad, por ejemplo, la planeación de las ciudades debe considerar que ser madre implica en muchas ocasiones trabajar a tiempo parcial y que ellas llevan sus hijos a la escuela tres veces más que los hombres. Reconoce además que por motivos de seguridad usan la bicicleta dos veces menos que los hombres.

En materia de vivienda, 15% de las mujeres habitan viviendas con deficiencias en calidad de edificación o desarrolladas en espacios insuficientes, situación que se agrava en las mujeres pertenecientes a grupos indígenas.

Y esas deficiencias cualitativas de la vivienda tienen consecuencias, como el que la falta de agua entubada provoque enfermedades o que se incremente al menos en 15% el tiempo destinado a labores domésticas y hasta en 40% cuando deben acarrear agua desde distancias que llegan a ser de varios kilómetros.

Es fácil entender que al destinar la mayor parte de su tiempo a actividades no remuneradas, las mujeres tienen menos acceso a empleo formal, con prestaciones y mejores sueldos, lo que limita su acceso a créditos hipotecarios (solo 35.3% de los créditos Infonavit son para mujeres).

Respecto a un tema importante, la seguridad, una de cada cuatro mujeres ha experimentado algún tipo de acoso en el transporte público; destaca que 14% ha sufrido manoseos, 8% ha tenido miedo a ser atacada sexualmente, 31% ha sido víctima de un robo y 1.3% ha sido violada.

Y bueno, resulta más que evidente que esta inseguridad urbana lleva a muchas mujeres a reducir sus desplazamientos, lo que limita sus oportunidades de desarrollo educativo, laboral y social.

Y en tiempos en que es evidente que las agendas urbanas deben tomar muy en serio los fenómenos naturales, hay que decir que las mujeres son hasta 14 veces más propensas a morir durante un desastre natural que un hombre y que al ser consideradas responsables del hogar, la recuperación después de un evento de este tipo puede representar abandonar empleos, escuelas e incluso tratamientos médicos.

Es evidente la planeación o falta de planeación urbana tiene consecuencias definitivas en el desarrollo y la vida misma de las mujeres y las niñas.

La planeación urbana debe ser inclusiva, considerando niños, ancianos o personas con habilidades diferentes, pero empezando por reconocer y atender las necesidades específicas del grupo poblacional mayoritario; las mujeres.

Y aunque hay muchas cosas que se pueden hacer al respecto, voy a mencionar solo algunas con las que se puede empezar:

Ubicación estratégica de viviendas, teniendo como objetivo minimizar las distancias a escuelas, centros de trabajo y comercio.

Mezclar usos; esto es, evitando guettos y apostando en cambio por barrios en que se combinen viviendas, oficinas y comercios, lo que ayudará a reducir aún más tiempos de traslado y facilitará el acceso a servicios y satisfactores básicos.

Profundizar en estrategias y sistemas de movilidad, lo que implica invertir en transporte público de calidad, pero también profundizar en esquemas alternativos como la bicicleta y tan fundamentales como crear condiciones adecuadas para hacer cada vez más recorridos caminando.

Por supuesto, no se puede hablar de urbanismo incluyente sin apostar por espacio público de alta calidad, que provoque lo mismo identidad y pertenencia a un barrio, que mejore las condiciones en temas como seguridad y acceso a la actividad física.

Hay temas fundamentales que no pueden faltar al momento de pensar en una ciudad... Entre ellas destaca el crear condiciones que faciliten el acceso a la vivienda a todos los segmentos de población, en especial a los más vulnerables, haciendo esto bajo modelos que permitan que ese acceso a la vivienda brinde además acceso pleno a los servicios urbanos y solución a temas de coyuntura como lo es el acelerado incremento de la delincuencia y la urgente necesidad de abatir la violencia de género.

Claro que hay que las ciudades deben estar hechas para las mujeres... Porque si hacemos ciudades pensando en resolver los problemas que una mala ciudad les representa saldremos beneficiados todos.

 

Horacio Urbano es presidente fundador de Centro Urbano, think tank especializado en temas inmobiliarios y urbanos