miércoles 12 de diciembre de 2018 | 07:16
Columnas

Partidos “partidos”: PRI, PAN, PRD y Morena, y el punto de quiebre del Sistema Político Mexicano

@sarayagripina jue 08 mar 2018 17:48
Calderón y Zavala copiaron a AMLO y van por su propio partido. En las elecciones presidenciales de 2024, tal vez veamos surgir un PRIMOR, un ZAVCald y otras linduras
Calderón y Zavala copiaron a AMLO y van por su propio partido. En las elecciones presidenciales de 2024, tal vez veamos surgir un PRIMOR, un ZAVCald y otras linduras
Foto propiedad de: internet

 

Un sistema de partidos es el sistema de interacciones que es resultado de la competencia [o no] entre partidos. Giovanni Sartori

 

Estado de excepción

Hace unos días, @Mzavalagc dio a conocer a quienes conformarán su consejo político. Independientemente de ciertos elementos de su conferencia que, a quien suscribe este escrito, le perecen equivocados, es importante rescatar una conceptualización que la pre candidata independiente formuló: los partidos políticos en México han entrado “en estado de excepción”.

En esta columna se sostiene que el sistema de partidos en México ha iniciado un punto de quiebre fundamental y generalizado. Las elecciones federales de 2018 serán las últimas que atestigüen, y en las que participen, los partidos políticos mexicanos tal y como los conocemos ahora. Hoy, en vaticinio del nacimiento de un nuevo sistema político en el país, cuadros enteros de prácticamente todo instituto político han decidido desertar para irse a otros partidos o para apoyar a candidaturas específicas, incluso si eso no significa comulgar con el partido o causa que arropen los contendientes. 

Esto no es nuevo, el primero en llevarlo a cabo, fue AMLO cuando se separó del @PRDMexico, el cual lo cobijó durante las dos pasadas elecciones federales. ¿Razones? No estaba a gusto con las decisiones de la cúpula amarilla, ni ésta con él. Eso sí, como regalo de despedida, les dejó las multas impuestas por el entonces IFE por sobregastos en la campaña del 2012. 

Otros ejemplos sobran en estos momentos —no importa el color, ni el grado de “independencia”— de quienes, no estando ya de acuerdo con su partido, con el reparto de candidaturas, con las aspiraciones de sus partidarios, con las reglas internas de los institutos o fuerzas ciudadanas de las que forman parte, emigran y/o conforman un nuevo partido o candidatura independiente. Claro está, siempre a costa del erario público que los subsidia y en una suerte de competencia para ver quién escenifica el rompimiento más aparatoso, más oportunista, más ideológicamente incongruente. 

 

Desaparición, refundación y creación de institutos políticos

Fundamental entender que, con esto, no se está augurando únicamente que se dará una nueva (otra) reforma electoral —si bien, dados los grandes sinsentidos de la actual legislación, ésta con seguridad ocurriráuna vez transcurridos los comicios de julio próximo y una vez instalada la nueva legislatura federal—, sino la desaparición, refundación, creación de institutos políticos y figuras políticas que darán lugar a un nuevo sistema de partidos en México y, muy probablemente, a una nueva elite política en el país.

Al haber postulado candidatos de uno y otro partido, independientes, conversos, arrepentidos o sin militancia, estamos evidenciando el fin de una división programática y de una congruencia en los posicionamientos. Se ha naturalizado la excepción y ésta se ha convertido en regla.

Es más que evidente: tenemos a un candidato (@lopezobrador_) que no solo ha abandonado a su suerte a la “izquierda mexicana”, sino que ha fundado un partido @Partido_Morena, llevándolo —en cuestión de pocos años— a ser puntero y posible primera fuerza nacional a partir de fines de este año. Andrés Manuel, para todos propósitos, es EL partido y su representatividad. 

Gozamos de un @ricardoanayac, de derecha de vieja cuña, quien se deshizo de sus contrincantes, y se apropió de @AccionNacional y, de paso, de otros partidos.

Evidenciamos, cada vez más claramente una crisis institucional del @PRI_Nacional, que postuló a un candidato no miembro y, para todos los fines prácticos, independiente (@JoseAMeadeK), como una forma no solo de acercarse a posiciones más “ciudadanas” del electorado, sino también para darle oxígeno al PRI e intentar acercarlo más a la derecha/centro-derecha. 

Existe un copión de López Obrador: lo impensable, Felipe Calderón que tanto lo aborrece, ya vio las bondades de tener su propio partido y no tener que acoplarse a la vida democrática institucional partidista. El camino difirió en un principio, hace algunos años (2015), y tomó el primer paso cuando Anaya esbozó que no permitiría una contienda interna. Calderón azuzó a Margarita para que dejara el PAN y buscara una candidatura independiente. Ahora que ya lo logró, Felipillo avisó que “buscarán hacer un partido diferente”. 

De hecho, el surgimiento de tres candidatos independientes (“partidos de nicho”), que enarbolan cuestiones por demás específicas, es significativo. Nótese que la suma de las preferencias por los tres candidatos presidenciales independientes, equivale ya a las del candidato partidista que va en última posición de acuerdo a la gran mayoría de las encuestas dadas a conocer (sean estás válidas o no); y bien podría superar con creces dicha posición en los resultados finales.

 

Un nuevo sistema de partidos

¿Qué significa todo lo anterior? Que desde hace algún tiempo contamos con un andamiaje normativo e institucional (político-electoral) que en nada corresponde con la realidad que ejercen las estructuras partidistas y candidaturas que lo operan. Más aún, que estas últimas no coinciden con las necesidades de representatividad del electorado.

A partir de lo anterior, se vaticina la conformación de un nuevo sistema de partidos en México. Un sistema político que el gran politólogo Sartori, complementando los análisis de Duverger, Schumpeter y Downs, denominó pluralista polarizado. Esto es, dos grandes fuerzas políticas a las que ya no les interesará disputarse el centro, sino por el contrario, intentarán solidificar una posición más bien de izquierda o más bien de derecha. Este tipo de transiciones suceden característicamente cuando el partido del centro —el PRI, en este caso—, instituto tradicionalmente fuerte, se debilita (aun cuando no llegue a desaparecer). Por ello, en las elecciones presidenciales de 2024, tal vez veamos surgir un PRIMOR, un ZAVCald y otras linduras.

Por lo pronto, tras los próximos comicios federales con casi toda seguridad veremos la consolidación de Morena (que no de la izquierda mexicana), partido que ocupará una posición (bastante extensa y fuerte) de corte populista —de izquierda—, con posibles alianzas de cuadros de la centro-izquierda del PRI. Lo anterior, especialmente si se da una derrota contundente o un desfonde de Meade y del PRI a nivel estatal en los resultados electorales. Si, en cambio, Meade logra alcanzar una fuerte votación (consolidar una segunda posición, no se diga hacerse de la victoria), a JAMK no le quedará más remedio que encabezar una refundación del PRI en torno a principios sólidamente democráticos y propuestas de gobierno más bien de centro-derecha/neo liberales.

Podríamos esperar, también, bajo este nuevo sistema de partidos, la creación de una organización política de derecha en torno a la fortaleza de los exiliados (y autoexiliados panistas), incluyendo a MZ. No cabe duda que Anaya le ha asestado un golpe de muerte no solo a la unidad del PAN, sino a toda la concepción de derecha en el país. Eso supone la creación o reconformación de un partido que represente la “nueva derecha mexicana”. Calderón, por su parte y mediante su esposa, propone y proyecta ser una opción que escinda del PAN a sus miembros honestos. ¿Lo logrará? Conformar el partido, sin duda: que se adhieran las personas honestas, está por verse.

 

Radicalización

El detalle con un sistema de partidos polarizado/radicalizado/dividido (independientemente del número de partidos que lo conforme) es que, como su nombre lo dice, las dos mayores fuerzas (posiblemente Morena, por un lado, y la nueva derecha, por el otro) tienden a ejercer una fuerza centrífuga y esto presenta problemas muy serios para la estabilidad del ejercicio de gobierno y para la vida democrática de un país. Prolifera un tipo de política de las mega ofertas, donde los partidos de los extremos —nuevamente, entiéndase Morena y el PAN— realizan promesas muy difíciles de llevar a la práctica.

En un sistema de partidos polarizados, el estilo de política —particularmente el ejercido por los partidos que queden en la oposición— tiende a no ser responsable, al tiempo que las posiciones políticas que están en los extremos se vuelven sumamente relevantes. Se convierten en partidos extremos altamente antisistema, esto es, contrarios al centro y a lo que representaba el priismo tradicional. Si bien la posición del centro puede mantenerse ocupada, éste carecerá de fuerza, mientras que los polos ideológicos se vuelven sumamente doctrinarios y antagónicos entre sí. 

¿Será lo suficientemente fuerte este impulso centrífugo para desgajar al sistema político y acabar con la democracia mexicana? Eso ya se verá, pero se vuelve altamente posible…