martes 25 de septiembre de 2018 | 01:01
Columnas

La historia será mucho más generosa con Peña Nieto de lo que se piensa

@ginesacapulco jue 08 mar 2018 12:17
Pero Peña Nieto podría también    de plano, orquestar un mega-fraude electoral de consecuencias indeseables para el país
Pero Peña Nieto podría también de plano, orquestar un mega-fraude electoral de consecuencias indeseables para el país
Foto propiedad de: Internet

   

  Ante las declaraciones recientes del Presidente Peña Nieto acerca de no inmiscuirse en el proceso electoral presidencial de este año, Andrés Manuel López Obrador ya le contestó que esto se le reconocería en beneficio de su persona y administración, y es que, sin duda, si la izquierda mexicana gana la presidencia este 2018, sin las burdas intervenciones ya vistas por parte del gobierno federal en las elecciones de 2006 y 2012, Peña Nieto simplemente pasará a la historia como el Presidente de la transición, el verdadero, no el que debió y pretendió ser (Ernesto Zedillo) por sus acciones y Reformas impulsadas para tales fines y todas sus buenas intenciones de insertar a México en la normalidad democrática, pero que sus dos sucesores quedaron demasiado a deber.

Si se toma como referencia al proceso de transición español, Zedillo intentó tomar, en cierta medida, el papel del Rey Juan Carlos, pero Vicente Fox y el PAN se atribuyeron un papel antagónico al del Felipe González, el PSOE y la mayoría de los actores políticos de aquella época en la Madre Patria; México perdió años clave, nuestro truncado proceso transitorio ha resultado en la antítesis del español, con todo y las desgracias que ello implica.

Tal vez el presidente no lo haga por una convicción al 100% democrática, y es que él se debe también a su partido y a su militancia, es algo natural, lógico y comprensible, y también que no sea este ya más que su único y último camino a tomar.

A semejanza de los galeones coloniales cuando eran azotados por un temporal, había varias opciones consideradas como las últimas y desesperadas, una era tirar por la borda la artillería pesada, enseguida, si los peligros de zozobra no amainaban, toda la mercadería común, después los tesoros que se pudieran llevar a bordo, y aun les seguían dos: cortar el mástil principal para así aligerar aún más el peso del navío, acción poco menos que inútil, y en algo no muy diferente en lo que el PRI-Gobierno parece haberse visto orillado a hacer en las últimas semanas, al utilizar de manera facciosa instituciones del Estado mexicano, como la PGR y otras, para tratar de desacreditar y bajar inútilmente a sus adversarios.

El último recurso que seguía en los ya mencionados barcos, no está de más decirlo, era que la tripulación procediera a rezar, a encomendarse a la Providencia, ante el ya inminente, y las mayoría de las veces, inevitable desastre.

Pero Peña Nieto podría también    de plano, orquestar un mega-fraude electoral de consecuencias indeseables para el país, al estilo de Honduras hace unos pocos meses, pero que, a juzgar por sus recientes y repetidos dichos, el Presidente se moverá, parece ser, bajo los lineamientos de nuestro sistema electoral y sus instituciones y espíritu último, el de garantizar unas elecciones imparciales y libres. Siendo así, no tengamos duda, de que a pesar de lo atropellado y tormentoso de la presente administración, y tomando en cuenta en una balanza sus logros y sus yerros y/o omisiones, la historia será mucho más generosa con Enrique Peña Nieto y su sexenio, que lo que lo son por ahora, por ejemplo, las redes sociales y su no pocas veces mecanismo de catarsis de muchos usuarios, no siempre lo bien informados que sería deseable y movidos más por algunos muy primitivos impulsos, y también más generosa lo será la historia en relación a sus dos inmediatos antecesores.