martes 25 de septiembre de 2018 | 01:01
Columnas

Andrés Manuel y su cambio verdadero: volver al pasado

@sarayagripina lun 19 feb 2018 05:57
De seguir así, a la Morena sólo le faltará convidar a el Chapo (por su amnistía a los criminales) a unos tragos y llevarse a Romero Deschamps a su alcoba
De seguir así, a la Morena sólo le faltará convidar a el Chapo (por su amnistía a los criminales) a unos tragos y llevarse a Romero Deschamps a su alcoba
Foto propiedad de: @CartonCalderon


“El amor suele ser un convenio tácito cuyas partes se comprometen a hallarse indispensables y milagrosas”. Jorge Luis Borges

 

Con la última incorporación de impresentables a las filas de Morena, se vislumbra el cambio verdadero buscado por Andrés Manuel: volver al pasado. El mesías retoma las prácticas más rancias y arcaicas del partido primigenio de donde salió cuando protestaba todo lo que él y su Morena hacen ahora. Eso sí, lo suyo es una versión remasterizada de aquello.

Al incorporar a Napoleón “Napito” Gómez Urrutia y a Germán Martínez como candidatos al Senado por la vía plurinominal (¡ni siquiera tendrán que buscar el voto!), AMLO ha logrado el non plus ultra del oportunismo y del pragmatismo político. No son los únicos personajes. Andrés Manuel ha integrado a Morena gente disímil de la derecha, ultra derecha e izquierda mexicana. 

Bajo una óptica política es posible hacer uso del pragmatismo como un mecanismo válido, a veces necesario, para poder ganar. De hecho, se puedeargumentar que todas las fuerzas políticas “practican” dicho oportunismo(mal de muchos, consuelo de tontos) buscando alcanzar la mayor cantidad de votos. Aquí lo terrible es el grado, la forma y el significado. Es altamente criticable, y sólo puede entenderse como ir hacia atrás, la calidad de sus incorporados. Andrés Manuel se hace daño a él mismo, a su partido y, de paso, al país. 

Por ello, en esta ocasión, lo que se le critica a Andrés Manuel no es su oportunismo, ni su pragmatismo. Se le reclaman tres elementos que no pueden pasar desapercibidos ni para AMLO, ni para sus partidarios y tampoco para la ciudadanía en general: la desmemoria, el despropósito y la desfachatez.

 

Desmemoria. Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla. Dicho popular

• Napoleón Gómez Urrutia, líder sempiterno de los mineros, exiliado en Canadá, enfrentando (aún) órdenes de aprehensión por enriquecimiento ilícito, además de su posible negligencia en la protección de los mineros en la tragedia de Pasta de Conchos. Este criminal de muchas minas, regresará por la puerta grande a la política mexicana para seguir sangrando y ayudando en la muerte de su gente. Incorporarlo, es pecar de desmemoria. Su postulación es un hecho entre tantos otros que solo confirma que Morena busca entusiasmarnos con el recuerdo de un viejo PRI omnipresente. Para el país eso no puede significar otra cosa que ir en reversa. 

• Germán Martínez, panista de cepa, quien logró —sí— la validez (legal) de la elección presidencial 2006. Él fue, ni más ni menos el que legalmente le ganó a AMLO. ¿Será —como propone Julio Astillero— que AMLO busca premiar complicidades con el fraude electoral? La incorporación de Germán como candidato plurinominal no sólo es desmemoria (o muestra inequívoca de Alzheimer, con todo respeto para quienes padecen esta enfermedad), es también una bofetada a los morenistas convencidos y originales, quienes están viendo cómo “premian” a aquellos recién llegados, cuando los que trabajaron en y por Morena, se quedan con un palmo de narices. 

Así, Andrés Manuel le apuesta a la desmemoria; está contando con que la mayoría de los mexicanos somos imbéciles y que se nos olvida lo que ocurría no hace muchos años. 

 

Despropósito El hombre no es prisionero de su destino, sólo de su propia mente. Franklin Delano Roosevelt

• Gabriela Cuevas, hoy senadora y hasta hace poco panista. También fue en contra de AMLO hace más de doce años; sin embargo, ahora es incorporada como candidata a las filas de Morena solo para que ésta última pueda seguir siendo presidenta de la IPU (Unión Interparlamentaria). ¡Caray, habiendo tantísimas mujeres que militan en ese partido y que bien podrían llegar a ocupar esa posición!

• Sergio Meyer y Cuauhtémoc Blanco, el primero actor y el segundo ídolo pambolero. Con la incorporación de Meyer, AMLO hace una copia calca del PRI y de Carmelita Salinas como diputada federal. Tal vez, ambos sean buenos actores, pero carecen de los conocimientos, formación e interés para legislar de manera correcta. De Blanco, aún con su nula experiencia como alcalde de Cuernavaca, el lanzarle de gobernador para Morelos, tendrá el propósito de conseguir votos, pero el despropósito de hundir más (si eso es posible) a tan hermoso y primaveral estado.

 

Desfachatez No me interrumpan cuando estoy interrumpiendo. WinstonChurchill

• PES. Traer a Morena que se precia de ser progresista de izquierda (ya vimos que sólo de membrete) a la derecha más recalcitrante del espectro mexicano. Ésta reniega de la comunidad LGTB, de las uniones entre el mismo sexo, abjura del aborto y propone otro tipo de lindezas, con absoluta desfachatez. Sí, es cierto, todos podemos pensar y actuar cómo queramos. Un candidato del PRI también abjura de dichas uniones y es igual de condenable. Pero que la izquierda de avanzada pacte, se “una” con el PES, partido contumaz de la ultra derecha mexicana, es incongruente y, por ende, sólo puede entenderse como una desfachatez matar la ideología por conseguir más votos.

• Manuel Bartlett. En el lejano 1988, el entonces secretario de gobernación de filiación priista consumó con el conocido “se cayó el sistema”, logrando así la derrota “oficial” de Cuauhtémoc Cárdenas en la contienda presidencial. Hoy, desde su curul en el Senado, Bartlett es un férreo defensor de Morena; poco importa que él fue quien, en su momento, más daño le causó a la izquierda mexicana.

• El Acuerdo para la defensa de los derechos laborales de los maestros. Firmar con el esbirro de Elba Esther un documento que sólo demerita el esfuerzo y capacidad de los maestros, es retroceder a lo más retrógrada del corporativismo sindical, llevándose entre las patas a la juventud de México. Todo sea por el voto de los maestros y, de paso, para restituirle a Elba Esther su reinado sindical.

Los ejemplos de adherentes, integrantes, nuevos participantes de Morena esmucho mayor a la aquí señalada; esto sólo fue una mínima muestra del “cambio” propuesto por Andrés Manuel. Sin embargo, si él o su equipo sufren de desmemoria, no la podemos (ni la debemos) sufrir el resto de los mexicanos. Lo mismo aplica para el despropósito de ungir a impresentables, antiguos adversarios a Morena, o gente sin preparación alguna, no permitiendo a verdaderos morenos participar como representantes de su partido y de su ideología. Sin olvidar la desfachatez. Qué bueno que busque conseguir votos, pero no al costo de condenar a la juventud y niñez a las mismas prácticas de Elba Esther. O de olvidar la ideología de su partido por ir de la mano con la extrema derecha. 

De seguir así, a la Morena sólo le faltará convidar a el Chapo (por su amnistía a los criminales) a unos tragos y llevarse a Romero Deschamps a su alcoba, con lo cual, le haría un enorme favor al PRI. 

Si la ciudadanía vota a favor de ese sinsentido, el daño no sólo será a su partido, será a todo el país. AMLO logrará su sueño añorado, el cambio verdadero: volver al pasado.