martes 14 de agosto de 2018 | 01:14
Columnas

Silva-Herzog y la desnudez del caudillo López Obrador

@CapitolioGHG mar 13 feb 2018 22:11
En “AMLO 3.0”, Silva-Herzog reconoce que del sectarismo de sus dos campañas pevias “queda poco”. “
En “AMLO 3.0”, Silva-Herzog reconoce que del sectarismo de sus dos campañas pevias “queda poco”. “
Foto propiedad de: Internet

 

El presidente Peña Nieto y el precandidato Andrés Manuel López Obrador tienen en común su narcisismo e intolerancia a la crítica. No de balde: la popularidad del primero entró en barrena a partir de la investigación de Carmen Aristegui sobre la casa blanca adquirida en siete millones de dólares a un contratista del gobierno; y cada vez que el segundo censura y descalifica a los medios de comunicación —al estilo Trump— y a los columnistas por el solo hecho de informar y no plegarse a su doctrina, despierta el temor a verlo en la silla del águila.

Ambos están en busca de votos. Peña para José Antonio Meade, su candidato, y AMLO para ser presidente. Ninguno duda en culpar a la prensa no adicta de sus males. Uno pide reconocimiento por los logros de su gobierno, pues ignorarlos “significaría faltar a la verdad, desinformar a la ciudadanía y degradar la política”. ¿Dónde están los avances? ¿En seguridad, en el combate a la corrupción y a la impunidad, en crecimiento económico, en el respeto a los derechos humanos y a las libertades? El otro demanda lealtad ciega e incondicional incluso de quienes no son sus acólitos.

La reacción de López Obrador a la columna “AMLO 3.0” de Jesús Silva-Herzog Márquez (Reforma, 5.02.18) fue arrebatada. El autor —publicó en su cuenta de Twitter— “me cuestiona con conjeturas de toda índole. (…) me acusa sin motivo de oportunista. Ni modo, son tiempos de enfrentar a la mafia del poder, a sus secuaces y articulistas conservadores con apariencia de liberales”.

La réplica de Silva-Herzog (@jshm00) cuyo texto, bien leído, es un balance positivo, no exento de crítica, sobre el candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia” en su tercer intento por ganar la presidencia, fue rotunda: “Ojalá aceptara alguna vez, don @lopezobrador_ que la discrepancia no es inmoralidad. Criticarlo a usted no es entregarse a la mafia. Si no aceptamos que hay razones para el desacuerdo, el diálogo no tiene sentido”.

En “AMLO 3.0”, Silva-Herzog reconoce que del sectarismo de sus dos campañas pevias “queda poco”. “Si en empeños anteriores mordía el anzuelo que sus enemigos le lanzaban, hoy se burla con gracia de su torpeza. Caía fácilmente en las provocaciones. Era irascible, intolerante, grosero. A cada cuestionamiento respondía con una descalificación moral. (…)

“Aún no sabemos si el cambio sea perdurable pero es, sin duda, visible. No se perciben esos reflejos en la tercera campaña. Otro es el talante que muestra en estos días. Está de buenas y transmite su humor. Ha descubierto un recurso valiosísimo: la risa. Es claro que un candidato que sabe reír puede encarar de una manera muy distinta las embestidas de sus críticos. La mejor forma de desarmar las críticas desproporcionadas es riéndose de ellas”. Sin embargo, el texto del autor de La idiotez de lo perfecto, no hizo reír a AMLO. Despertó, al contrario, al político esmerado “en boicotear su campaña con decisiones contraproducentes y reacciones de torpeza inauditas”.

El enojo del presidenciable es porque —como Paco Calderón captó en su caricatura del 7 de febrero en Reforma, inspirada en el cuento “El nuevo traje del emperador” de Hans Christian Andersen— Silva-Herzog descubre su desnudez y lanza una advertencia: “el peligro de AMLO 3.0 es otro. Del extremo del sectarismo, López Obrador se ha desplazado al punto contrario: el oportunismo. Su coalición no es ya ni sombra de su base política. Morena ha sido traicionado antes de ganar el poder. El caudillo lo ha entregado al cálculo de sus ambiciones. (…) los bandidos pueden ser perdonados por la infinita bondad del prócer”.

Frente a la andanada en los medios de comunicación, AMLO se disculpó a su manera con Silva-Herzog y con Enrique Krauze, quien lo criticó en un tuit, después de una asamblea en Querétaro el 9 de febrero: “Si mis palabras ofenden ofrezco disculpas por la forma en que me expreso. Lo tengo que hacer de vez en cuando porque ni no se confunde mucho a la gente, se manipula mucho, entonces de vez en cuando es necesario llamar a las cosas por su nombre”.

En su columna “Crítica y soberbia moral” (Reforma, 12.02.18), Silva-Herzog agradece la disculpa de AMLO —“Es un gesto poco frecuente”—, aunque no siente haber sido ofendido por la calificación de sus idea ni por el juicio sobre sus posiciones públicas. El nieto del maestro Jesús Silva Herzog, condecorado con la medalla Belisario Domínguez en 1983, deja abierta la puerta para la polémica: “Habrá siempre una controversia sobre el sentido y pertinencia del liberalismo”. En tal sentido, advierte: “Antiliberales son quienes creen escuchar y transmitir la Voz Irrefutable, sea la de un dios, una clase o un pueblo. (...) Antiliberal es quien cree que la discrepancia es un vicio moral”.