martes 20 de febrero de 2018 | 07:22
Columnas

Atentar contra la libertad no es casualidad

@LeonardoFS__ lun 12 feb 2018 08:20
me sentí impotente porque en mi vida el ejercicio de la libertad de expresión ha resultado ser una vía muy útil para informar a la sociedad.
me sentí impotente porque en mi vida el ejercicio de la libertad de expresión ha resultado ser una vía muy útil para informar a la sociedad.
Foto propiedad de: Internet

Hace menos de un mes, por la noche, una noticia llamó fuertemente mi atención. Denise Maerker daba a conocer que un ciudadano de nombre Leonardo García, había sido “vinculado a proceso” por el delito de difamación porque “no pueden las personas pretender hacerse justicia por propia mano utilizando de manera indebida a los medios de comunicación”.

La noticia me causó gran enojo porque el suceso pasó en Hidalgo, mi estado, y porque la decisión de la juez era un atentado flagrante contra la libertad de expresión que en los últimos dos años he ejercido con el único propósito de ser un contrapeso legítimo y ciudadano para el ejercicio el poder.

A mí me pareció -y me sigue pareciendo- un absurdo el argumento con el que pretendieron justificar esta “persecución” penal.

De verdad me sentí impotente porque en mi vida el ejercicio de la libertad de expresión ha resultado ser una vía muy útil para informar a la sociedad, combinando el ejercicio de mi profesión como abogado, con la libertad que brindan las redes sociales de generar tu propia información. Lo sentí como un atentado contra la labor que realizo a través de una página de Facebook que denominé “Observatorio Ciudadano de Cuautepec”.

Recuerdo que esa noche mi esposa, con un gesto de molestia por mi reacción furibunda ante la noticia, me cuestionó “¿qué te pasa?” y yo le respondí: “es que eso abre la puerta a que alguien se le ocurra acusarme de difamación por lo que hago en face, aun cuando tenga las pruebas”. Por fortuna, dos semanas después un Juez Federal concedió un amparo a Leonardo García y acabó con esta amenaza.

Lo que jamás pensé es que unos días después, yo, mi hermano y mi familia, seriamos víctimas de una forma más arcaica de “silenciar”. No fue mediante una argucia jurídica, no, (quizá ni la habían pensado, quizá ni siquiera tienen capacidad para ello); no fue con una noticia falsa como ya antes lo han hecho a través de un medio que recibe periódicamente dinero público, no; fue con una cobarde agresión física a mi hermano.

Pero la cobardía a nadie hace daño, al contrario, el cobarde se escuda en ella para sentirse victorioso; el cobarde se siente exitoso cuando “cree” que cumplió su cometido; el cobarde es un sinvergüenza que no le importa el medio o la forma, sino comprobar que esta cobardía le sirvió para demostrar que “para cabrón, cabrón y medio”.

Lo que no saben estos cobardes, es que mi vida no se nutre de aspiraciones rapaces. Mis padres me formaron para amar la vida a tal grado que mi mayor aspiración es ser inmortal y la inmortalidad del cuerpo es imposible, por ello, he entendido que la inmortalidad sólo la encontraré en la trascendencia de mi vida, es decir, en la trascendencia o huella que dejen mis actos en los demás, así sea sólo el respeto a cada uno.

Ha sido una total casualidad que yo lleve el mismo nombre que Leonardo García, lo que no lo fue, es que ambos hayamos sido víctimas de un atentado a la libertad de expresión, como no lo ha sido en otros casos que abundan en todo el país; no hablemos sólo de periodistas o de grandes comunicadores, hablemos de aquellos que han decidido no quedarse callados desde sus municipios y comunidades, y con sus propios recursos.

 

Twitter: @LeonardoFS__