viernes 17 de agosto de 2018 | 08:17
Columnas

Reforma Educativa: Debatir las ideas

@jcma23 vie 09 feb 2018 17:17
Pienso que lo que debe hacerse, en efecto, no es “borrón y cuenta nueva”.
Pienso que lo que debe hacerse, en efecto, no es “borrón y cuenta nueva”.
Foto propiedad de: Internet

El Mtro. Gilberto Guevara Niebla publica hoy un texto sobre la Reforma Educativa con una pregunta como título: “¿Derogar o Cambiar?” (Milenio, 9 de febrero, 2018). A propósito del texto aludido, pongo a su consideración algunas reflexiones críticas.

La Reforma, no es una acción, sino numerosos cambios…

Dice el Mtro. Guevara Niebla que: “Como es fácil de probar, la reforma educativa que se puso en práctica en esta administración no consiste en una sola acción, sino en numerosos cambios, algunos fundamentales, como la creación del Servicio Profesional Docente, el establecimiento del INEE, el programa Escuela al Centro, la política de formación continua de docentes, el Nuevo Modelo Educativo, etc., cambios que incluyen decenas de programas y centenares de acciones de diverso tipo.”

Conviene recordar que una Reforma Educativa, puesta en operación en cualquier país, es una iniciativa de políticas públicas que tiene como horizonte generar cambios profundos en la raíz misma del sistema educativo, a partir de los consensos sociales necesarios y pertinentes, sobre todo con las figuras educativas clave: docentes, directivos y asesores técnicos, que llevan a cabo las tareas sustantivas de la educación pública. Todo ello con la finalidad de modificar los procesos y los resultados, de manera positiva, en términos de aprendizajes.

También, cabe señalar que esta Reforma Educativa del sexenio de Peña Nieto (2012-2018) no se ha caracterizado por una adecuada planificación, ni por un trabajo adecuado en la construcción de consensos sociales, en especial con las figuras educativas. Me explico: En cuanto a la planificación fallida, el primer secretario del ramo, Emilio Chuayffet (2012-2015), en vez de iniciar su gestión al frente de la Secretaría de Educación Pública (SEP), con la instrucción de realizar una evaluación seria y profesional sobre los cambios producidos durante los sexenios anteriores en materia educativa (2000-2012), cometió el error de “criminalizar” las políticas públicas educativas: La primera acción espectacular del presidente de la República en funciones, a partir del 1 de diciembre de 2012, no se llevó a efecto en materia de políticas educativas, sino en llevar a la cárcel a la líder moral del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Por ello, cabe preguntar, ¿cuál fue el resultado de la evaluación que debió poner en marcha la SEP como para llegar a la conclusión de que se requería de una Reforma?  Como dirían los funcionalistas clásicos: ¿Dónde está el diagnóstico?

Evidentemente, el actual gobierno no lo hizo así; decidió proceder de otra manera. En primer lugar, criminalizó y sometió a la dirigencia sindical, y luego, de manera centralizada, impuso los cambios a la legislación en materia educativa (recordemos para qué sirvieron el “Pacto por México” y la política de “Reformas Estructurales”, puestas en práctica desde 2012). Un año después del “albazo” (y no me refiero a la Mtra. Alba Martínez Olivé), en 2014, la SEP llamó a los docentes y directivos escolares a participar en una consulta pública… pero sobre hechos consumados.

Se trató de un episodio político, en síntesis, donde el consenso logrado del gobierno federal se dio con la cúpulas de los partidos, con las clases dirigentes, pero no con los miles y miles de maestros y maestras que trabajan cotidianamente en la escuela pública mexicana.

Digo que se cometió una falta de planificación porque, como señalan algunos autores (Fullan, 2002, entre otros), primero se deben identificar las necesidades sociales, mediante estudios completos acerca de la situación educativa prevaleciente, y después lograr los consensos sociales. Por último, se habrían de formalizar los acuerdos a través de la aprobación de leyes y reglamentos... Lamentablemente no se hizo así. Como se puede apreciar, se operó todo al revés. Esto me recuerda al médico cirujano que, con evidente descuido profesional, primero retira el apéndice y luego realiza el diagnóstico respectivo para averiguar por qué se presentaron los dolores abdominales del paciente…

La Reforma educativa es irreversible…

En otra parte de su texto, Guevara Niebla afirma lo siguiente: “Desde este punto de vista, derogar la reforma educativa, como se sostiene, es un sinsentido. La reforma educativa ya se hizo, materializó en normas e iniciativas prácticas que transformaron el saber y el hacer de escuelas, maestros y alumnos. Se trata de cambios que han cristalizado a lo largo de cinco años y que son, por tanto, una realidad. Desde este punto de vista, se puede decir sin mentir que la reforma educativa es irreversible.”

Pues no se miente al sostener que todas las leyes son perfectibles. No hay leyes, procesos sociales, ni reformas “irreversibles”. Si toda ley fuera “irreversible”, no tendría sentido la existencia de los poderes legislativos, ni la actuación decidida de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

No es lo mismo Reforma que Servicio Profesional Docente (SPD)…

Dice, el también consejero del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), que: “Lo que ocurre, en realidad, es que en el debate público se confunde erróneamente reforma educativa con Servicio Profesional Docente, es decir, el sistema que regula la profesión docente y que establece que debe haber evaluaciones para el ingreso, la promoción, el reconocimiento, el acceso a estímulos y la permanencia en el trabajo docente. Aquí cabe preguntarse, ¿se trata de eliminar el SPD en su totalidad o hay solo aspectos particulares dentro de él que deben ser borrados de las normas?”

Pienso que lo que debe hacerse, en efecto, no es “borrón y cuenta nueva”, sino llevar a cabo una revisión a fondo del sistema educativo mexicano, y dentro de esa revisión, valorar la pertinencia o no de modificar los términos, no sólo de la Ley General del Servicio Profesional Docente, sino también de la Ley General de Educación, así como de la Ley del INEE y, por supuesto, evaluar los términos en que se modificó el Artículo 3 de la Constitución (sobre todo los términos de “Calidad Educativa”, “Evaluación Educativa” e “Idoneidad” del trabajo docente).

Por otra parte, y a propósito del texto del Mtro. Guevara Niebla, pongo sobre la mesa una cuestión de fondo, me refiero al tema del “centralismo” en el diseño y la operación del sistema educativo mexicano. Desde su creación en 1921, la SEP y las leyes que la han regulado, ha establecido que la escuela pública se estructure sobre una fórmula o modelo centralista. Ejemplo: Nada más ni nada menos los planes y programas de estudio de la Educación Básica son únicos, nacionales y obligatorios. ¿Por qué no hemos logrado, como lo hacen muchas naciones, una descentralización curricular de fondo, donde los congresos estatales sean el espacio de decisión para concretar la descentralización y rediseñen, de manera profesional, es decir, con asesores y expertos, los planes y programas de estudio de Preescolar, Primaria y Secundaria? En ello deberían de incluirse, como sugerencia, las discusiones sobre los métodos de enseñanza y los procedimientos e instrumentos de evaluación educativa.

 

Otra cuestión: ¿Por qué no hemos logrado, como país, la ciudadanización de la educación pública en México? Si bien hoy en día existen los Consejo Escolares de Participación Social (CEPS), éstos no tienen atribuciones en la toma de decisiones académicas ni administrativas, sino que sólo son  foros de consulta y de apoyo a las actividades escolares.

Al “sistema educativo” mexicano le hace falta más “ciudadanización” de raíz y, por lo tanto, la democratización de los procesos educativos en todos sus niveles y formas; lo cual significa, menos “burocratización” y mucho menos “centralismo”; esto quiere decir: más y mejor participación social. Así mismo, considero que el día en que los municipios y las entidades federativas tengan facultades para intervenir, de manera seria, profesional, responsable e incluyente sobre los procesos educativos y escolares, ese día estaríamos colocados en una coyuntura social innovadora, con verdadera descentralización de la educación. Ello implicaría también, el manejo autónomo de los recursos públicos.

Una última pregunta: ¿Por qué el Estado mexicano no ha descentralizado las funciones y facultades de los procesos de formación continua de las figuras educativas de la escuela pública (docentes, técnicos docentes, directivos y asesores técnicos) en servicio?  Hoy, debido a lo establecido en la Ley General de Educación en la materia, los estados y municipios no tienen facultades para realizar programas en ese sentido; además, como consecuencia del marco normativo vigente, dichos niveles o ámbitos de gobierno no cuentan con recursos financieros, humanos ni materiales para realizar o completar esas tareas esenciales que favorecerían, sin duda, el desarrollo profesional de las figuras educativas.

En resumen, el debate sobre las ideas de la educación y la reforma educativa que queremos, desde abajo, está vivo. En la eventualidad de un nuevo gobierno federal (o sea, la no continuidad), a partir del 1 de diciembre de 2018, pienso que será conveniente iniciar los trabajos de evaluación de lo realizado en México, en el campo de las políticas públicas educativas, al menos durante los últimos 18 años. A partir de los resultados que se obtengan, se requerirá del ejercicio democrático para la construcción de participaciones y consensos amplios, en un marco de respeto, pluralidad, inclusión y equidad, con actuación efectiva de todos los ciudadanos y ciudadanas interesados en sacar adelante a la educación pública en México.

Ojalá que no actuemos como en la actualidad y en el pasado reciente ha sucedido, a partir de la idea de que el poder político debe pasar por encima del interés educativo. Dicho en otras palabras, espero que en el futuro no se pongan por delante las carretas y luego los caballos. Y que sí procedamos de manera correcta: lo educativo por delante y lo administrativo como soporte, como recurso de apoyo.

P.D.: Como todos sabemos, el INEE no se creó durante este sexenio, sino que modificó su personalidad jurídica, mediante aprobación del Poder Legislativo: cambió su estatus como dependencia de la SEP a organismo autónomo.

 

Referencia:

Fullan, Michael (2002), Las fuerzas del cambio. Explorando las profundidades de la reforma educativa, Madrid, Akal Ediciones.

 

 

[email protected]