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Columnas

Cuestión de debate. Corral y el trasfondo de su caravana

@JAG vie 09 feb 2018 11:49
 Javier Corral, para que la Secretaría de Hacienda le restituyera esos recursos desviados, decide emprender su caravana atípica
Javier Corral, para que la Secretaría de Hacienda le restituyera esos recursos desviados, decide emprender su caravana atípica
Foto propiedad de: Internet

 

Todo empezó con la detención de un señor de nombre Alejandro Gutiérrez que realizó la Fiscalía de Chihuahua, quien fuera secretario general del PRI y colaborador del ex dirigente de este mismo partido, Manlio Fabio Beltrones, y que éste tuvo que ampararse ante la sospecha fundada de que también le echaran el guate, porque se cernía una orden de aprehensión en su contra, aunque después se haya negado la existencia de tal propósito.  El motivo fue que se les imputaba una maniobra de triangulación ilegal de recursos económicos que pertenecerían al erario público del Estado de Chihuahua y que indebidamente fueron canalizados al PRI  para sufragar gastos de campañas políticas que tuvieron lugar en el año de 2015. La triangulación supuestamente la operaron desde la Secretaría de Hacienda, el gobierno estatal de Chihuahua, que en ese año lo encabezaba el ausente César Duarte, y la intervención del priista Gutiérrez. El supuesto monto faltante era por la cantidad aproximada de 900 millones de pesos.

Ante los oídos sordos de la federación por los reclamos reiterados del Gobernador de Chihuahua, Javier Corral, para que la Secretaría de Hacienda le restituyera esos recursos desviados, decide emprender su caravana atípica, de protesta y de inconformidad, con destino a la Ciudad de México. Ello lo determina así, por ser sabedor de que las circunstancias le favorecen a plenitud, de que lleva todas las de ganar, porque seguro así se lo indica su desarrollado cálculo político, y por tanto, es el momento de tensar aún más la cuerda por ese diferendo entre el gobierno federal y el estatal, lo que le redituará buenos dividendos, no nada más los económicos que busca rescatar, sino de trascendencia política.

No titubea para darle una vuelta más a la tuerca en ese sentido. Tenía que mostrar que estaba resuelto a todo, confrontando a la federación como ningún otro gobernador se atrevería hacerlo, incluidos los de su propio partido, el PAN. Había que realizar esa larga travesía, caminando, tallando suela de los zapatos en el pavimento de la carretera. Tenía que ser una marcha vistosa, llamativa, desafiante y de aparente sacrificio. Quizá emblematizada, dizque, por un intenso patriotismo, al portar el gobernador chihuahuense, muy gallardo, la bandera de México, como si fuera el símbolo o el estandarte de lucha. Nada más le faltó que se le ocurriera portar como estandarte también a la imagen de la virgen de Guadalupe.

Pero además había que extender el recorrido por otros estados del país, como para que se enteraran del desafío sin igual, de que el mandatario, Javier Corral, le doblaría las manos al gobierno federal, ya que se supone que Michoacán, Jalisco o Nayarit, nada tendrían que  ver con el trayecto lógico y lineal que habría de seguir la caravana, cuando ésta inicia en Chihuahua y concluiría en la Ciudad de México. Bueno, en esto nada más faltó que el tour también pasara por Chiapas o Tabasco.

Además, la realidad mostró que tal caravana era una acción más mediática que auténtica. Un show político bien armado, porque simplemente sus caminatas eran por breves lapsos, mientras les tomaban sus videos y declaraciones a la prensa, para luego abordar sus buenos vehículos, sus autobuses, y así continuar el largo recorrido de una manera más que cómoda y confortable. Es decir, sin sacrificios extenuantes y menos con ampollas en la planta de los pies.

Si bien es cierto que el reclamo de los 900 millones de pesos es algo legítimo, como igualmente lo es, el que se denuncien actos de corrupción y que se pida la extradición del ex gobernador, César Duarte, por ser el principal responsable de este tipo de abusos de poder, que en este caso consistieron en la desviación de esos recursos públicos para, en su momento, presuntamente beneficiar de manera ilegal y electoral a su partido, el PRI, pero también resulta ser muy cierto que en este entuerto aflora una alta carga de protagonismo por parte del gobernador, Javier Corral, que como siempre esta faceta le ha sido muy característica.

Queda muy claro, pues, que aparte de haber hecho el reclamo de los recursos que le pertenecen a Chihuahua, su afán era el hacerse notar, como ha sido su costumbre, más en plena efervescencia de precampañas políticas presidenciales, ya que no podía dejar pasar esta coyuntura de oro, por lo que con su caravana del norte al centro del país, él se empalma materialmente en las precampañas políticas presidenciales como un elemento central, con lo que secuestra en gran medida la atención pública. Ya no se sabía si él era un precandidato más o sería el sustituto de Ricardo Anaya, a quien tanto se le está cuestionando por su pasado de corruptelas.

Pues bien, este es el trasfondo de la famosa caravana, que al margen de la restitución de los recursos económicos reclamados, Javier Corral, más que otra cosa, en el marco de las precampañas, busca posicionar un liderazgo a nivel nacional, con su estilo un tanto foxista (medio locochón), quiso placearse, quizá ególatramente para medir su popularidad, posiblemente por aquella eventualidad de que Ricardo Anaya quede atrapado y expulsado de la contienda presidencial por la corrupción que cada día lo sumerge más al fracaso. Lo veremos.

Pálida tinta: ¿Seguro que podremos andar con toda tranquilidad por Tepito, Iztapalapa, Gustavo A. Madero o por cualquier rumbo de la ciudad, excepto Tláhuac? Ya que el Jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, asegura que el punto negro del narcotráfico únicamente es la Delegación Tláhuac.  Yo le recomendaría que se compre unos buenos lentes para que vea mejor, en virtud de que se sabe que el narcomenudeo se encuentra asentado en todas las delegaciones de esta ciudad.