viernes 25 de mayo de 2018 | 11:29
Columnas

TrumPejear

@maloguzmanvero jue 08 feb 2018 04:58
Andrés Manuel comenzó “solo” Pejeando, luego pasó a Trumpezar. Depende de él no caer y, de plano, TrumPejear
Andrés Manuel comenzó “solo” Pejeando, luego pasó a Trumpezar. Depende de él no caer y, de plano, TrumPejear
Foto propiedad de: Internet


“Soy un genio estable.” Donald Trump

La problemática nacional

Aún ahora, muchos se preguntan cómo es posible que Trump llegara a la presidencia de los Estados Unidos. La misma pregunta se hacen algunos sobre AMLO —quien, sin duda, ya está en la recta final—, ante su posibilidad de alcanzar la Presidencia de México. La respuesta es sencilla: sus votantes están muy enojados —y con razón— de la situación por la que ha atravesado su país, no de ahora, sino desde hace ya tiempo. 

Es cierto, ambas naciones están entre las 15 economías más importantes del planeta, las dos se encuentran en la lista de los países con mayor número de turistas, y una y otra potencia (sí, potencia) han realizado reformas estructurales necesarias y ampliamente estudiadas a nivel internacional. Sin embargo, al menos en el caso de México, no se pueden negar la inequidad socioeconómica y los problemas que enfrenta un importante porcentaje de la población: la corrupción, la inseguridad, la impunidad y la violencia, los cuales les (nos) impactan de manera terrible y directa.

Sus electores han probado de todo y no han tenido solución a sus cuitas —que no son menores. Por el contrario, con cada nueva política pública, con cada nuevo gobernante, con cada nuevo proceso social, esta mayoría se piensa cada vez más afectada. Por ende, su opción para votar se torna hacia alguien que rompe el paradigma del político; alguien que sugiere y experimenta con rutas alternas. Así es como los estadounidenses se decantaron por Trump y ese es el camino que se traza la primera minoría de la población mexicana (esto es, el 38% del electorado, de acuerdo a diversas y recientes estimaciones).

 

El importante personaje

Inicialmente, hace ya unos meses, mucho se dijo al respecto. Sin embargo, actualmente, en el calor de los debates internos de las precampañas, esta comparación —que, dicho sea de paso, solamente ha crecido— se ha olvidado o ha pasado a segundo plano:

•La necedad: su propio peor enemigo. No necesitan que nadie les tire; con el poder de su palabra/de sus tuits, ellos mismo acrecientan o dinamitan su hacer y decir. Ejemplos sobran.

•La libertad de prensa: en su opinión, no debería de existir, al menos como la conocemos. Desde las fake news, hasta llamar a todos los que no comulgan con él “parte de la mafia del poder”, el cuestionamiento constante a la opinión pública es su distintivo.

•Desprecian el Estado de Derecho: desafortunadamente en México todos lo tenemos en muy baja estima, pero eso no lo hace menos grave. Trump gobierna a base de órdenes ejecutivas, sólo una ley (impuestos) se logró en consenso con el Congreso. AMLO, ante la llamada de la sociedad civil de buscar un cambio al artículo 102, no dio señales de vida, tampoco en respetar la ley y esperar a que el Congreso nombre al fiscal anticorrupción. Él ya decidió quien sería… A imagen y semejanza de Trump, Andrés Manuel denuesta las instituciones, mismas que luego utiliza para reclamar la actuación de sus contrincantes.

•Los impuestos: Trump logró disminuir la tasa impositiva en su país, con lo cual también logrará una deuda nacional superior al trillón de dólares en 20 años. (El término trillón no existe en México, se asemeja más bien a un billón mexicano con un cero de más). ¿Qué logró? Que el asalariado promedio ahorre al mes 1.50 USD. Esto le alcanza para unas papas chicas de McDonalds. Mientras, AMLO propone no subir impuestos y también disminuirlos. ¿Cómo? El oriundo de Macuspana aún no lo dilucida. 

•La educación: prometer no empobrece, dar es lo que aniquila. AMLO ya prometió que habrá universidad de manera gratuita y pase automático para todos los jóvenes. El costo, aulas, maestros que esto significa, tampoco ha sido contabilizado. Ello, además de prometer volver la rectoría de la educación a manos de los sindicatos. Tenemos demasiados años de prueba fehaciente de que eso no sirve. Por su parte, Trump también está rompiendo el sistema educativo en el vecino país del norte. Su caso es igual de grave, pero el anverso de la moneda. Le dio el ministerio de Educación a DeVos, una empresaria multimillonaria que está destrozando la educación bilingüe, la zonificación y lo público de la misma. 

•Grandes proyectos: si algo funciona bien, no lo arregles. De nuestro lado de la frontera, un aeropuerto que está en construcción, cuya inversión supera los miles de millones de pesos y una cantidad ingente de personas trabajando ahí. No se puede cancelar sólo por la decisión de uno. Existen estudios que muestran lo errado que sería cambiar el nuevo aeropuerto a los campos militares de Santa Lucía. De acuerdo, ¡faltaba más!, que se audite y se transparente toda la construcción, pero no dejemos obras inconclusas. Se perderían más de 7,500 empleos. En EEUU, el copetudo naranja ha desmantelado el departamento de medio ambiente en cuestión de un año; está torpedeando la industria de la energía verde, al poner impuestos/tarifas a los paneles solares y a las turbinas eólicas. Con ello tirará a la basura más de 20,000 empleos bien remunerados (más de los “repatriados” de México a Estados Unidos).

•Empleos: buscan generar empleos basándose en recetas de hace 30 años. El punto es que fueron —medianamente— buenas hace 30 años, pero no servirían ahora. Trump con su idea de volver a la energía no renovable, no está generando empleos, igual que la propuesta de AMLO de construir refinerías. ¡Claro que las necesita nuestro país! Pero una refinería tarda en pagar su costo 30 años (suponiendo que no haya corrupción de por medio), con lo cual, cuando la refinería terminara de pagarse, Europa, India y otros países ya NO utilizarán vehículos de combustión interna. 

Y sigo. AMLO, como Trump, critica a los que, sin haber comulgado con algún partido, ahora son candidatos de uno u otro; cuando él lo ha sido al menos de dos (qué ahora también critica) y ha hecho otro “a su modo”; porqué, como Trump, señala a los corruptos cuando él es claramente deshonesto por al menos dos razones: nunca hizo públicos los gastos y contratistas del 2o piso del Periférico, y porque ha vivido 18 años del erario público o del dinero de otros; porqué, al igual que Trump, se aprovecha de la ingenuidad, necesidad y buena fe de las personas a las que dice representar; porqué, al igual que Trump, confunde ocurrencias y lugares comunes con planes e ideas; porqué,como Trump, cae en la demagogia, y ofrece “salarios” a los NiNis y gasolina barata; porqué, como Trump, cree y dice que todos los que no están con él son bribones, asesinos, enemigos de México...

La lista puede continuar, lo anterior es sólo un tentempié. Y hay algunas cosas para las que las soluciones de ambos a un problema son las dos caras de una misma moneda, ambas equivocadas. Los dos creen en que tan sólo su ejemplo (o su decir) cambia no solo la percepción, sino la realidad de una nación. Trump afirma que su inauguración estuvo hasta el tope, aunque las fotos lo desmientan. López Obrador proclama que, siguiendo su modelo, todo el gobierno cambiará. Desafortunadamente, no es así, y para muestra muchos de sus más cercanos “colaboradores”. 

Trump y AMLO tienen más cosas en común de las que se ven a simple vista. Los dos son la solución a problemas añejos y se entiende que un sector mayoritario de la población les vea como la única opción. Desafortunadamente, con Trump lo estamos viviendo, el remedio es peor que la enfermedad o, bien la opción diferente, no siempre es la mejor.

 

Lo que realmente está en juego

Andrés Manuel aún está a tiempo de calibrar, medir, graduar, valorar; todo para bien. 

A tiempo para conformar un sólido, balanceado, sensato y experimentado equipo de gobierno. Hasta hoy, AMLO no juega en bloque. Aunque ya tiene un “director técnico” —Tatiana Clouthier—, da la impresión que él es el único capitán de su equipo. Y, en ocasiones, digo ¡qué bueno!, pues no se sabe si juegan con él o si en realidad le estorban. (Como muestra Ackerman, que con sus tuits de deportes “capitalistas” o sus amenazas de “va a haber chingadazos”, solo reitera la imagen de un candidato recalcitrante).

A tiempo para abonar a la unidad nacional. Seguro AMLO debe de darse cuenta; no está ciego. El (su) público se ha tornado extremista; o linda en el fanatismo o le odia. No hay medias tintas. Lo cual es una situación que López Obrador debe y puede atemperar ahora. Sólo él puede calmar a unos y otros. 

Pero, sobre todo, está a tiempo de escuchar, lo que se dice realmente escuchar. Y, con ello, ver y sopesar más verdad que la que él cree personificar.

Andrés Manuel comenzó “solo” Pejeando, luego pasó a Trumpezar. Depende de él no caer y, de plano, TrumPejear.