lunes 15 de octubre de 2018 | 11:13
Columnas

Sinaloa: heridas que no cicatrizan

jue 08 feb 2018 17:20
Hace algún tiempo Labastida expresó: “Nos une a los dos el interés legítimo de ver que al partido le vaya bien”.
Hace algún tiempo Labastida expresó: “Nos une a los dos el interés legítimo de ver que al partido le vaya bien”.
Foto propiedad de: Internet

Sólo para priistas

Qué paradójico: después de pronosticar en distintas ocasiones la posible derrota del PRI en el 2018; muy erectos, entusiastas, sonrientes;” hoy parecen jugarla con el precandidato del partido de sus amores”; al que le han sido “leales” toda su vida; al que le deben todo lo que tienen y que, en julio próximo, esperan, no sé si lo deseen de corazón, se levante con la victoria.

El jueves pasado, acompañaron a José Antonio Meade, al precandidato ciudadano, a un evento en Culiacán. Hoy ven en él, al hombre que conducirá a México a convertirse en una potencia. En este momento lo distinguen, cuando menos por cortesía, como la mejor opción.

Son ellos: Francisco Labastida Ochoa y Juan S. Millán, quienes en el 2010 se dieron un “break” priista y se coaligaron de facto con el PAN y PRD; gestaron guerra sucia, metieron zancadilla e hicieron morder el polvo al PRI y su candidato Jesús Vizcarra Calderón.

El elegido candidato priista no era afín a sus intereses; se revelaron y fue la causa principal de su desliz.

Actualmente, siguen en la cancha; la tarjeta roja no apareció; gozan de plena impunidad, desde el punto de vista de la justicia partidaria del PRI. Muchos en el tricolor los quieren fuera del campo. Ni siquiera en la banca.

El detonante de la estrepitosa derrota del PRI en Sinaloa, en la elección del 2010, se debió a la histórica infidelidad de los dos exgobernadores. La infidelidad de estos, provocó hace ocho años, al aliarse con sus enemigos de toda la vida, una gran fractura al interior del revolucionario.

A pesar de que, por lo mismo, en el 2016, poco o nada se les tomó en cuenta, el priismo sinaloense sigue aún dividido, las heridas causadas fueron profundas, continúan sangrando y hoy complican, en los dos ámbitos, el escenario político electoral.

No quieren dejar de ser protagonistas; uno de ellos dice que, en la elección pasada a gobernador, sí jugó, pero lo hizo sin balón. Quisiera entender con esto que, en el campo, él jalaba la marca para que el bueno anotara el gol, o bien: nunca le pasaron la pelota, o de plano, era el jugador número 12.

Los exmandatarios hablan con cierta procacidad de la unidad como la mayor fortaleza del partido; sí, de la unidad, justo de la misma que ellos trituraron en él 2010. Y, sobre los nuevos procesos, ambos han compartido el pesimismo sobre la escasa posibilidad de triunfo del tricolor a la Presidencia de la República.

Hace algún tiempo Labastida expresó: “Nos une a los dos el interés legítimo de ver que al partido le vaya bien”. Los hechos y las palabras son evidentes:

Primeramente, el ex candidato presidencial priista y ex gobernador de Sinaloa, Francisco Labastida pidió evitar una fractura con la postulación en 2018 de un candidato sin militancia en el PRI. También dijo: “Yo no arriesgaría perder a la militancia por nominar a un externo, tienen que cuidar que no se fracture el PRI”.

En diferentes ocasiones manifestó: “Es factible que el PRI pierda, otra vez, la presidencia de la República en 2018, por el marcado descontento que existe entre los mexicanos, por errores cometidos al momento de querer aplicar las reformas estructurales y por la forma de gobernar del presidente Peña Nieto”.

Por el otro lado, Arturo Santamaría Gómez, en su libro Juan S. Millán. Auge y declive del Maximato en Sinaloa. Memorias y crítica. Basado en conversaciones sostenidas con él, apunta:

Desea que en su epitafio se inscriba: “El que se negó a morir políticamente.”

“Fue el artífice principal de la candidatura de Mario López Valdez, y logró llevarlo a la gubernatura con la ayuda del PAN, PRD y Convergencia.” 

“También habló que en 2018 es muy probable que pierda el PRI en las elecciones presidenciales, y si eso sucede, Millán piensa que el PRI se va a fragmentar; es decir, que del partido nacional surgirían grupos estatales y regionales con otro nombre, y que él (Millán) animaría inclusive a un partido de priistas que se desprendieran a nivel nacional y formaran algo estatal”.

Después de oponerse a su designación como candidato del PRI, uno, y pronosticar la derrota el primero de julio, los dos. El día uno de febrero estuvieron presentes en algunos eventos de José Antonio Meade: lo abrazaron, “le expresaron su apoyo, lealtad” y, sobre todo, contra sus pronósticos, el “deseo” de que logre la victoria.

Estas son las extrañas, pero muy conocidas formas de hacer política de aquellos que sus ambiciones e intereses están por encima de su partido, de la lealtad a éste y, sobre todo, de la unidad que es vital para los resultados. Habrá que ver si en la elección madre, no se tomen un nuevo “break”.

Si estos son los “percherones” del priismo sinaloense; los líderes morales; los gigantes, los colosos, los titanes de la política regional; los modelos de cultura política para los nuevos cuadros. Si realmente son los ejemplos a seguir ¿qué le espera al partido Revolucionario Institucional en la tierra de los once ríos?