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Columnas

Los candidatos del PRI: de Colosio a Meade

@CapitolioGHG jue 08 feb 2018 22:25
Igual que la mayoría de los tecnócratas y los políticos, José Antonio Meade es un hombre sin carisma.
Igual que la mayoría de los tecnócratas y los políticos, José Antonio Meade es un hombre sin carisma.
Foto propiedad de: Internet

El PRI ha tenido 17 candidatos presidenciales en 89 años, incluido José Antonio Meade, primero en ser postulado sin pertenecer a ese partido. El único reemplazo ha sido el de Luis Donaldo Colosio, asesinado el 23 de marzo de 1994 en el tercer mes de su campaña. El PRI nombró sustituto a Ernesto Zedillo, quien compitió con Diego Fernández (PAN) y Cuauhtémoc Cárdenas (PRD).

El homicidio de Colosio ocurrió en un clima de crispación social, inestabilidad política y violencia asociadas a la disputa por el poder y a la expansión del narcotráfico. Un año antes, el 24 de mayo de 1993, el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo fue acribillado en el aeropuerto de Guadalajara, al parecer confundido con Joaquín “el Chapo” Guzmán, líder del cartel de Sinaloa. Sin embargo, para los abogados de la Arquidiócesis tapatía, no se trató de un error, sino de un “crimen de Estado”. José Ortega Sánchez declaró que “(Posadas) conocía los nexos del narcotráfico boliviano-colombiano-peruano con algunos políticos mexicanos y que ahí se encontraba vinculado Raúl Salinas de Gortari”, hermano del presidente (Expansión, 25.5.11).

El 1 de enero de 2014, ocho meses después del magnicidio, sobrevino el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en Chiapas, el cual coincidió con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Entonces el escenario político, controlado por Salinas de Gortari, tuvo un giro. Colosio empezó a ser boicoteado desde Los Pinos donde los hombres de mayor influencia eran Raúl Salinas y José María Córdova.

Colosio inició su campaña el 10 de enero de 1994 en Huejutla, Hidalgo, en un ambiente hostil, un equipo dividido y con la sombra de Manuel Camacho Solís, a quien Salinas habilitó como eventual candidato sustituto al nombrarlo coordinador para el Diálogo y la Reconciliación en Chiapas. Colosio fue presionado para renunciar, pues había dejado de representar la continuidad del salinato corrupto, corruptor y ensoberbecido, para convertirse en su Némesis. En su discurso del 6 de marzo en el monumento a la Revolución, con motivo del LXV aniversario del PRI, Colosio se deslindó de Salinas:

“Es la hora de reformar el poder, de construir un nuevo equilibrio en la vida de la república; es la hora del poder ciudadano. Es la hora de la democracia en México; es la hora de hacer de la buena aplicación de la justicia el gran instrumento para combatir el cacicazgo, para combatir los templos del poder y el abandono de nuestras comunidades. Es la hora de cerrarle el paso al influyentismo, a la corrupción y a la impunidad. (…) La única continuidad que propongo es la del cambio; la del cambio con responsabilidad en el que no se olvide ningún ámbito de la vida nacional; queremos un cambio democrático, para una mejor economía, para un mayor desarrollo social. Y hoy existen condiciones para lograrlo; la sociedad lo demanda”.

El 22 de marzo, Camacho anunció que no buscaría la candidatura presidencial. Al día siguiente por la mañana, según versiones periodísticas, Colosio telefoneó al comisionado para la paz. Era el momento de la reconciliación. Ese mismo día, Colosio fue asesinado después de un mitin en la colonia Lomas Taurinas de Tijuana. Camacho rompió con Salinas, renunció al PRI y apoyó a Andrés Manuel López Obrador en las elecciones de 2006. Falleció el 5 de junio de 2015 a los 69 años; era senador por el PRD.

Igual que la mayoría de los tecnócratas y los políticos, José Antonio Meade es un hombre sin carisma. En el Banco de México, para el cual se le candidateó antes de que el PRI “lo hiciera suyo” y lo postulara para presidente, su falta de atracción no hubiera significado ningún problema, sino, al contrario, un punto a favor, pues la tarea de la institución no consiste en ganar simpatías ni el aplauso de la galería, sino en mantener el peso a flote y la inflación a raya, objetivos que en el sexenio de Peña Nieto ha cumplido a medias.

Meade no tiene el carisma ni la oratoria de Colosio, por ejemplo, quien antes de ser candidato a la presidencia fue diputado federal, secretario de Estado y líder nacional del PRI. En su discurso del 6 de junio en el monumento a la Revolución, 13 días antes de ser asesinado, Colosio criticó el arribismo: “No queremos candidatos que, al ser postulados, los primeros sorprendidos en conocer su supuesta militancia, seamos los propios priistas”.

Desde esa perspectiva, el caso de Meade llama aún más la atención, pues el PRI lo prefirió justamente por no ser militante. La decisión pudo tomarse por el repudio hacia un partido que, si bien ya había propuesto candidatos impopulares como Carlos Salinas y Roberto Madrazo, jamás había recurrido a alguien extraño a sus filas. El propósito de presentar un perfil en apariencia desligado del PRI consiste en atraer a los electores que jamás votarían por ese partido, pero aun así el movimiento es demasiado riesgoso. Meade representa la continuidad del gobierno de Peña cuyo nivel de aprobación es apenas de 20% según una encuesta de Reforma (20.07.17).

Para los ciudadanos, el principal problema del país es la inseguridad pública (53%), y para los líderes (académicos, políticos, empresarios y ONG), la corrupción (65%), según la misma encuesta. El 77% del primer grupo considera que México va por “mal camino”, y el 86% que para el presidente “las cosas se están saliendo de su control”.

Meade ha sido cinco veces secretario de Estado, pero el recuerdo más extendido que se tiene de él es por el “gasolinazo” de 2017 que provocó manifestaciones y disturbios en el país. El tema lo capitalizan Andrés Manuel López Obrador y Ricardo Anaya, precandidatos de las coaliciones encabezadas por Morena y el PAN, respectivamente, para socavar la candidatura del exsecretario de Hacienda, de por sí débil.

El perfil de Meade es más parecido al de Ernesto Zedillo, el candidato sustituto del PRI tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio, de quien había sido coordinador de campaña. Sin embargo, el bajo impacto de Meade en el electorado y la desorganización y las pugnas en su equipo han generado rumores de que podría ser reemplazado por Aurelio Nuño, el jefe de su campaña.

“Mis gargantas profundas me dicen que analizan la posibilidad de que lo cambien a Meade por Nuño, eso se daría al final de la precampaña. Videgaray impuso a Meade y ahora Videgaray, como Meade no levanta, está impulsando a Nuño”, declaró López Obrador en Veracruz (SDPnoticias.com, 18-01.18). La versión ha sido desmentida, pero el exsecretario de Educación, como en su tiempo Zedillo, no tiene impedimento para ser candidato.

La cuestión es: ¿en caso de ganar las elecciones, Meade investigaría a los colaboradores preferidos de Peña Nieto acusados de corruptos? El presidente no tiene un hermano incómodo como Raúl Salinas —a quien Zedillo encarceló por homicidio y enriquecimiento ilícito— lo fue de Carlos Salinas, pero sí protegidos como el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza. No parece. Tal cosa solo podría ocurrir si López Obrador o Anaya ganan la presidencia. En ese caso, ni el propio Peña dormiría tranquilo.