lunes 15 de octubre de 2018 | 07:38
Columnas

Criptocracia. José Antonio Meade

@evillanuevamx jue 08 feb 2018 11:05
Mis preferencias no están con Meade por los partidos que lo postulan, pero eso no me quita la honestidad intelectual como para afirmar que se trata de una persona razonablemente honesta dentro de lo que es posible en un país como México
Mis preferencias no están con Meade por los partidos que lo postulan, pero eso no me quita la honestidad intelectual como para afirmar que se trata de una persona razonablemente honesta dentro de lo que es posible en un país como México
Foto propiedad de: Internet


En días pasados Federico Arreola lanzó una interrogante: ¿Quién es un candidato presidencial honesto? Le dije que a mi entender uno de ellos es José Antonio Meade. Como es público, no sólo no milito ni simpatizo, con el PRI, tengo alergia a ese partido-gobierno y he sido parte de campañas públicas en contra de esa expresión política. Pero quiero hacer una distinción clara entre Meade y el PRI. 

El PRI tiene tan poca credibilidad construida con mucha tenacidad que tuvo que buscar fuera de los miembros de su partido a su candidato presidencial. A José Antonio Meade no lo conozco personalmente, pero sí a muchos amigos comunes desde los tiempos universitarios. Gerardo Cajiga me dijo convencido hace tiempo: “José Antonio sería un excelente presidente”. Y así otros por el estilo. Mis preferencias electorales no están con Meade por los partidos que lo postulan, pero eso no me quita la honestidad intelectual como para afirmar que, a mi juicio, se trata de una persona razonablemente honesta dentro de lo que es posible en un país como México. Decir que es puro e inmaculado sería un despropósito. Meade viene del régimen, del statu quo, y eso circunscribe sus ideales de una reforma democrática de gran calado, pero creo, en cambio, que practicaría lo que dice Cánovas: “La política es el arte de aplicar en cada época aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible.”. 

Hasta ahora las circunstancias, el mal gobierno de Enrique Peña Nieto y el agravio a miles de mexicanos parecen dejar fuera a Meade por sentido común, aunque sea el menos común de los sentidos. El problema de Meade, más allá de sus prendas profesionales que las tiene y muchas, se encuentra en la integración de un equipo desigual. Por un lado, tiene al impresentable Javier Lozano, pero al mismo tiempo a Julio Di Bella, quien es inteligente, empático y sencillo, justo lo que requiere una contienda electoral. Y así se podrían citar varios casos donde hay asimetrías que le restan más que le suman. En fin, habrá que ver qué pasa en estos próximos meses. Quienes no militamos en ningún partido debemos ser críticos; es decir, identificar y señalar el error y reconocer el acierto, para evitar caer en actitudes maniqueas donde todo es blanco o negro y no una tonalidad de grises. 

@evillanuevamx

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