miércoles 17 de octubre de 2018 | 10:13
Columnas

A serenarse, Andrés Manuel

@mar_morales_ jue 08 feb 2018 10:51
En este mundo, querido Andrés, cabemos todos.
En este mundo, querido Andrés, cabemos todos.
Foto propiedad de: Internet

El tema de días recientes ha sido el desencuentro que AMLO tuvo con algunos de los comentaristas de renombre en nuestro país.

Sin profundizar, ni mucho menos analizar quién tuvo o quién no tuvo la razón, lo que me propongo a lo largo de estas líneas es hablar de la mesura con que un personaje (y en estos días más que un personaje es EL personaje) de la vida política de este país como lo es Andrés Manuel López Obrador debe conducirse si desea, y estoy segura que sí lo desea, mantenerse en la preferencia del electorado para las ya muy próximas elecciones.

La crítica está presente en todos los ámbitos de nuestra vida. Mi abuela decía, y decía bien, que nadie somos monedita de oro. Y eso es una gran verdad.

Querer estar bien con todos y peor aún desear ser bien amado por todos es una locura.  Lo que importa es ser quienes somos y mantenernos así, viendo los murmullos pasar frente a nosotros sin que nada nos turbe.

Andrés Manuel es un politicazo. Así, en superlativo. Es el único, les guste o no a muchos o pocos, que ha marcado la agenda política de México durante más de una década.

Él está siempre ahí. Hablen bien o hablen mal está. Haga bien o haga mal, está.

En la actual contienda presidencial, es, al lado de sus más cercanos adversarios, un lobo viejo de mar. De que tiene todo para ganar, lo tiene.

Sin embargo hay algo que también tiene Andrés Manuel: mucho  hígado. Y el hígado, cuando se busca un cargo en la vida pública, más si se trata de la presidencia de la república, no es un buen aliado.

Los enfrentamientos verbales (o mejor dicho virtuales )  a los que me referí al inicio de este artículo, han desatado, como era de esperarse, innumerables cuestionamientos en el gremio periodístico y en la sociedad en general. Ya se dice que si habrá censura, ya se habla de que le gana el autoritarismo, ya se escuchan voces a favor o en contra…

Serénense, dijera él mismo.

Juzgar a priori este episodio es tan delicado como lo es empezar la guerra de tuitazos contra aquellos que no nos gusta lo que dicen, escriben o piensan.

¿No estábamos en un plan de perdón, de paz, amor y armonía? ¿No hasta Salinas sería parte de esos que ya no eran tan gachos y feos como siempre había sido?  Entonces, ¿por qué explotar contra aquellas plumas que no estén de acuerdo con nosotros o de nuestro bando?

Creo, y tal vez me equivoco, que Andrés Manuel sigue estancado en el pasado, en aquellos tiempos (porque sí los hubo) en que los periodistas formaban parte de la élite  gubernamental, que estaban pagados, pues, vendidos con el señor que habitara en Los Pinos, que sólo podían decir “Sí” o “sí” a lo que desde allá se ordenara. Pero los tiempos de “yo no pago para que me peguen” han quedado felizmente atrás.

En este mundo, querido Andrés, cabemos todos.

La tecnología, las redes sociales, los portales informativos y la modernidad en general hacen que la información vuele, que la imaginación vuele, y que los que andamos en estos asuntos podamos decir lo que nos plazca, le guste o no le guste a los demás. Punto.

Andrés Manuel puede ganar, claro que sí. Pero el rumbo no es prenderse con la crítica, no es ganar más adversarios, todo lo contrario, es sumar, no restar.

La tónica de atacar o enojarse por sentirse atacado, el viejo, sí, ya muy viejo discurso de lo mal que se estuvo, de los culpables de antaño y de hacerle el fuchi a todos los que no piensan como uno ya no emociona ni convence.

Hechos son amores, dicen.

A concentrarse, pues, en aterrizar proyectos viables y dejar que cada quien piense, escriba o diga lo que le dicte su razón.

Andrés Manuel, el triunfo es tuyo.

Pero con mesura, por favor, que hay millones de nuevos votantes que lo que esperan, entre otras cosas, es saber que se vive en un país donde se pueda escribir, caminar o pensar en libertad.