domingo 18 de febrero de 2018 | 04:01
Columnas

El chaleco amarillo de Anaya

@jos_redo jue 18 ene 2018 07:40
  Fotografía inmensa que también recuerda a Maximiliano y a Juárez.
Fotografía inmensa que también recuerda a Maximiliano y a Juárez.
Foto propiedad de: Cuarto Oscuro

 

 

La imagen de la coronación de Ricardo Anaya en la sede del PRD está cargada de innumerables significados. Hay muchas fotos, con diversos ángulos, pero una de ellas evoca especialmente conceptos como el de abdicación, capitulación o rendición:

Van diez reflexiones sobre esta impactante foto:

1.              Recuerda la escena de Moctezuma alojando a Cortés en el Palacio de su padre, Axayácatl. El último gobernante azteca entregando todo con la expectativa un acuerdo que evitara la destrucción de su reino y la desgracia de sus príncipes. Del mismo modo, en la foto, Los Chuchos se ven emocionados y triunfales, esgrimiendo con mano gallarda y desafante el signo de la paz y la esperanza, como en los tiempos de la emergencia ciudadana que encabezó el partido que ahora entierran. Igual que Moctezuma, alojan al Otro en el recinto amarillo de los padres fundadores, reciben cálidamente al que representa, legítimamente, los postulados opuestos a los que le dieron vida al Sol Azteca.

2    Fotografía inmensa que también recuerda a Maximiliano y a Juárez. El PRD jugó en cuatro elecciones presidenciales, aunque realmente fueron cinco si le contamos la de 1988, sin embargo, solo tuvo dos candidatos presidenciales, debido a su alta y congénita dependencia de un caudillo que le diera sentido y fuerza. La salida del último caudillo perredista, el dos veces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, obligó a los burócratas perredistas, como a los conservadores del siglo XIX juarista, a buscar un caudillo externo, un emperador extranjero que salve lo que queda del cascarón de un proyecto que, en su origen, fue diseñado para llegar a Los Pinos con una propuesta popular, nacionalista y democrática.

3. En el momento de la foto, no está presente el presidente del PRD, acaso porque pocos identifican su imagen y conocen su nombre: el presidente formal del partido no existe, fue sacado de cuadro porque, para quienes aprecian las canonjías, lo formal y lo simbólico no tiene relevancia. Los últimos dueños del PRD, en cambio, en una muestra de que lo que cuenta es el poder real, aunque sea pequeño y primitivo, sí le dan cabida al líder de la última tribu, ADN, que les pudo disputar un pedazo de la franquicia.

4.  A diferencia de Los Chuchos, la foto revela que Ricardo Anaya parece experimentar algún pudor, luce un poco incómodo con el chaleco amarillo, tal vez le quedaba grande, da la impresión que el abrazo que le aplica Zambrano busca una intimidad no consentida. Viéndolo así, quizás tengan razón quienes, al ver la foto, manifestaron que nunca creyeron llegar a ver esa escena, refiriendo que la causa principal de su asombro era ver al candidato presidencial del PAN sentado en el trono amarillo, el joven maravilla coronado en el gran salón que alguna vez albergó esperanzas genuinas y con el logo del Sol Azteca a sus espaldas. En efecto, muchos panistas se indignaron ante esa escena, porque si bien lo que se ve es la penetración simbólica del conquistador azul hasta el corazón del otrora palacio enemigo, lo cierto es que una parte de la realeza panista abomina a la raza perredista y no la tolera ni siquiera tratándose de una capitulación.

5   El Chucho mayor se impone en la foto con la “V” de la victoria en lo más alto, su cabeza oculta el Sol Azteca que cuelga tímidamente en la pared, quizás en un intento de eclipsar la luz que alguna vez emanó de un partido que nació con aspiraciones presidenciales. La mano del líder de Los Chuchos evoca, sin nostalgia, el origen del PRD, la ruptura del PRI encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo en 1988 que dio origen al partido que, en la foto, este orgulloso sucesor de los padres fundadores entrega al candidato presidencial del PAN.

 6.  Los Chuchos y ADN se esmeran por ganar la posición central en la foto, como que quieren que no se note la presencia de su nuevo líder azul, para no generar debates molestos e innecesarios. De hecho, en el PRD nunca hubo debates profundos en materia de estrategias y proyectos, jamás se logró la amalgama entre el nacionalismo revolucionario del ala priista con las posiciones ideológicas de los grupos de la izquierda política y social que convergieron en la fundación del Sol Azteca que hoy se eclipsa detrás de un joven que, para doblegarlo, solo tuvo que hacer la “V” de la victoria en la casa amarilla. Por lo tanto, qué más da entregar el esqueleto del PRD a la derecha.

7   La foto tiene la fuerza de mostrar el punto culminante de una agonía que comenzó con la ruptura de AMLO y la creación de MORENA, poniendo al borde de la muerte al PRD. El Frente PAN-PRD-MC, aceleró la extinción de la tentativa de crear un partido popular, de izquierda, democrático, nacionalista, laico e independiente.

8.  Nunca se consolidó el PRD como opción de poder nacional, aunque tuvo momentos, como en 1997 y 2006, en que el respaldo de la sociedad lo catapultó a ser factor determinante en el juego político mexicano.

9. Los Chuchos y los Bautistas, que en la foto expresan un júbilo sereno por haber encontrado un caudillo azul que los guíe, lucen una sonrisa elegante que solo puede explicarse porque han tenido acceso a las mieles del poder en municipios, gubernaturas, diputaciones, senadurías, el gobierno de la Ciudad de México y, sobre todo, en el aparato del Partido para exprimirlo hasta la expiración. Los líderes menores pero heroicos del PRD lograron prescindir de los caudillos, dispusieron de recursos para darle sustento material al predominio clientelar, tribal y depredador que ejercieron en los últimos años.

10.       Las tribus tuvieron acceso a recursos que les permitieron hacer política, erigir feudos infranqueables y capitalizarse lo suficiente para burocratizar el partido y enajenarlo de la molesta interlocución con la militancia y la ciudadanía. La foto en cuestión pareciera confundir al Chucho mayor con el gran Groucho Marx, mirándonos retadoramente, esgrimiendo su célebre máxima moral: “éstos son mis principios, si no les gustan, tengo otros”.