viernes 20 de julio de 2018 | 06:58
Columnas

No se puede permitir

@hestrada_otero jue 11 ene 2018 10:39
No podemos permitir que los partidos políticos no condenen o se hagan de la vista gorda ante situaciones de violencia
No podemos permitir que los partidos políticos no condenen o se hagan de la vista gorda ante situaciones de violencia
Foto propiedad de: Internet

 

En este año electoral, los ánimos se enardecerán, las pláticas de sobremesa subirán de tono y las tendencias partidistas estarán a flor de piel; distanciando familias y poniendo a prueba amistades.

La pregunta de fondo a todo esto, no es si sucederá —es un hecho que pasará— la pregunta real es: ¿Cuánto incitarán los personajes políticos las llamas de los enfrentamientos, en lugar de condenar las posturas polarizadoras? Me refiero por supuesto a lo ocurrido la semana pasada en un mitin en la CDMX, donde grupos perredistas se enfrentaron a simpatizantes de Morena, y en el que, resultado de la trifulca, se presentaron varios lesionados. Lo verdaderamente preocupante es que, ante los hechos anteriores, ninguno de los dos partidos involucrados, condenaron los hechos, contentándose únicamente en lanzarse absurdas acusaciones los unos a los otros y emitiendo estúpidas declaraciones de deslinde, pero sin aportar mayores argumentos.

Y es que lo que está en juego no es cualquier cosa, es un jugoso negocio derivado de manejar el mayor presupuesto estatal del país, por supuesto me refiero a la CDMX. Pero casos similares se pueden replicar en cada uno de los estados y en los lugares más recónditos del país. Y es que esa es justamente la misma razón por la que no podemos acabar con la delincuencia organizada; la política es un extraordinario negocio que parece no tener límite, y que permite comprar voluntades por muy poca inversión.

Pero lo fundamental, la parte de raíz del problema, es que nos hemos olvidado de las lecciones de los antiguos filósofos como Thomas Hobbes. Este filósofo inglés, escribió en su libro Leviatán, que cada persona busca garantizar su propia conservación y la satisfacción de sus deseos. Esto conduce a la competencia y a la desconfianza entre todos. La consecuencia es que sin un Estado que ejerza su poder sobre todos los hombres, estos vivirán en guerra unos con otros. Es por lo anterior, que he expresado en repetidas ocasiones que cuando los hombres ceden la autoridad a un gobierno, es indispensable que este lo asuma y lo ejerza, de otra manera tenemos anarquía o peor tantito, empezaremos a ver cada día más actos de personas que toman la justicia en sus manos o autodefensas estableciendo autogobiernos clamando por seguridad, ya que el estado es incapaz de proporcionárselas.

Necesitamos que detrás de cada político haya un filósofo que les enseñe lo más elemental de ética; que el bien común es la razón por la cual los hombres se unen en comunidades, que a su vez, es lo que la mayoría considera como lo mejor para una sociedad, y no lo que dicta un grupo de políticos en búsqueda solamente de su bienestar económico.

No podemos permitir que los partidos políticos no condenen o se hagan de la vista gorda ante situaciones de violencia que, pueden ser la chispa que encienda el mechero en un año terriblemente complicado y que pondrá en jaque nuevamente a nuestra joven democracia.