martes 23 de enero de 2018 | 11:59
Columnas

El triunfo del cineasta mexicano Guillermo del Toro

@erosuamero jue 11 ene 2018 10:11

El cineasta ha conquistado a los espectadores de todo el mundo con su más reciente película
El cineasta ha conquistado a los espectadores de todo el mundo con su más reciente película
Foto propiedad de: Internet

Guillermo del Toro Gómez, mejor conocido simplemente como Guillermo del Toro, es un novelista, guionista, productor y director de cine nacido en Guadalajara, Jalisco, el 09 de octubre de 1964. Desde que era un adolescente, Guillermo comenzó a desarrollar un gusto peculiar por el cine, llegando a filmar en nuestro país mientras se encontraba estudiando en el Instituto de Ciencias, en su ciudad natal.

Después de más de nueve años de estar en el área de diseño de maquillaje, pudo fundar su propia compañía llamada “Necropia”, para después fungir como productor ejecutivo de su primera película a la corta edad de 21 años. De la misma manera, Del Toro fue cofundador del Festival Internacional de Cine en Guadalajara, que hasta la fecha, es el festival cinematográfico más importante de Latinoamérica, creando así la compañía de producción “Tequila Gang”.   

Desafortunadamente, en el año de 1998 la familia de Guillermo fue víctima de la delincuencia cuando su padre fue secuestrado. Luego de tensas negociaciones, se consiguió la liberación del también empresario, obligando al cineasta a mudarse a Los Ángeles, Estados Unidos, por miedo a represalias.     

Hasta la fecha, Del Toro tiene en su haber como cineasta once largometrajes que van desde el terror y la fantasía histórica, hasta adaptaciones de comics. Estos son: 

1)              Cronos (1993)   ​

2)              Mimic (1997)

3)              El Espinazo del Diablo (2001)    

4)              Blade II (2002)  

5)              Hellboy (2004)

6)              El Laberinto del Fauno (2006)    

7)              Hellboy II: El ejército dorado (20

8)              Pacific Rim (2013) 

9)              La cumbre escarlata (2015)

10)         La forma del agua (2018)

Algunos excelentes, algunos buenos, algunos regulares y algunos malos (analizados desde una perspectiva artística subjetiva, por supuesto), en los cuales el estilo de Del Toro no deja de desarrollarse. Respecto a su más reciente filme, es necesario mencionar que tardíamente pero de forma segura, la inusual trama de amor que protagonizan Elisa (interpretada por la actriz inglesa Sally Hawkins) y la “criatura acuática” (interpretada por el actor estadunidense Doug Jones), ha dado y seguirá dando a Del Toro todo el éxito mundial que desde hace años tuvo que haber gozado estratosféricamente al igual que sus colegas y también fenomenales cineastas mexicanos: Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu.

Y digo –inusual- por el sello característico que Guillermo imprimió en su visionario largometraje: una simple historia de amor, en esta ocasión vivida entre una criatura (haciendo alegoría a sus amados monstruos) y una mujer. Inspirado por un filme clásico de terror de la época de la Guerra Fría llamado “El monstruo de la laguna negra”, la película es ambientada en esta misma época, por los años 60 aproximadamente, en un laboratorio de máxima seguridad oculto por el gobierno en donde una solitaria y aburrida mujer muda trabaja como intendente. Su vida, llena de silencio y aislamiento, da un giro rotundo cuando descubre un extraño ser clasificado como “experimento secreto” con apariencia de anfibio. Dicho ser es capaz de desarrollar una comunicación con los seres humanos y de experimentar emociones, por lo que la “incompleta” Elisa comienza a socializar con él, a tal grado de enamorarse perdidamente. Como era de esperarse, la inusual historia de amor presenta desafíos considerables, uno de ellos es personificado por un hombre ambicioso y engreído llamado Richard Strickland que trabaja para el gobierno (interpretado por el actor estadunidense Michael Shannon) que sin decoro alguno, somete a brutales maltratos en nombre de la -seguridad nacional- a la criatura también enamorada.           

Afortunadamente, el ganador del premio Goya, del Premio Ariel, del Globo de Oro y del “León de Oro” otorgado por el Festival Internacional de Cine de Venecia (que por cierto, convierte a Guillermo en el primer mexicano en ganarlo), tiene altas probabilidades de ganar el premio a -mejor director- otorgado por la Academia Británica de las Artes Cinematográficas y de la Televisión (BAFTA), eso sin contar que pese a que aún no se dan a conocer las nominaciones, su nombre suena como favorito para ganar al menos un afamado premio Oscar, el cual es otorgado por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos.

Siéndole franco, estimado lector, tengo que reconocer que mi gusto por el cine de Del Toro se ha venido desarrollando en estos últimos años, ya que no podría decir que desde siempre he sido un ferviente admirador de su trabajo. Más bien, he aprendido a admirarle con el paso del tiempo, reconociendo en sus creaciones un terco afán por hacer de la fantasía una hermosa historia de amor por la vida y por los seres humanos, personificada por monstruos, que juegan con la utopía de un mundo mejor. 

Para terminar, es necesario decir que nos encontramos ante un cineasta que no únicamente ha logrado posicionarse como uno de los directores más reconocidos a nivel mundial, sino también ante un precursor de un estilo gótico, oscuro y fantástico único. La cancelación de proyectos y el bajo presupuesto con el cual muchas de las veces se tiene que subsistir ante un mercado lleno de bodrios en su mayoría que tristemente acaparan las pantallas de los cines, no han sido impedimento alguno para que Guillermo se arriesgue a darle rienda suelta a su creatividad, ofreciéndonos hermosas fábulas visuales poéticas que por su profundo contenido y significación, han perdurado con los años en el gusto de muchos amantes del buen cine.  

Me llena de alegría el ver triunfar a un compatriota de la talla de Guillermo del Toro, que pese a que tuvo que emigrar a otro país debido a la inseguridad y a la falta de apoyo por parte del suyo, nunca deja de poner en alto el lugar donde nació; México.