viernes 15 de diciembre de 2017 | 04:02
Columnas

Triunfos ficticios, prematuros festejos

@carlosanguianoz jue 07 dic 2017 16:23
El juego electoral es una guerra despiadada y no una bolita rebotando contra la pared
El juego electoral es una guerra despiadada y no una bolita rebotando contra la pared
Foto propiedad de: Internet

 

Son tiempos modernos, con viejas prácticas en modo 2.0, remasterizadas, corregidas y mejoradas. Mismas intenciones, formatos actuales, frescos, esperanzadores y canales digitales. Enfrentamos el calentamiento de lo que será la mayor elección que haya ocurrido en México cerrando este año con pre campañas de aspirantes a candidatos independientes, pasarelas y destapes de candidatos de los partidos políticos, amagues, coaliciones, frentes y disputas, que comienzan a saturar mentes y diálogos cotidianos de la gente en todo el país.

Alegrías y tristezas entre los políticos, resistencias y hartazgos del lado de la sociedad que escala socialmente sin el barandal de cobrar en el gobierno y que critica y denuncia, se queja y patalea sin mucho rumbo ni método, son los ingredientes sazonadores de este incipiente proceso electoral.

Entre los aspirantes, todos hacen cuentas alegres y hasta piensan en que gastarse los sueldos que ganarán cuando accedan al cargo de elección al que aspiran, aunque olvidan que para que llegaran a ganar sueldo en el erario público deberán transcurrir primero dos requisitos ineludibles: que ganen la elección en las urnas –no vale en sus mentes ni al interior de su grupo de cálidos amigos- y que avancemos algo así como un año y quince días más, fecha de su potencialmente posible primer pago devengado.

Pero para antes: su fantasía y sed de triunfo debe incluir como paliativo, estudiar su contexto, el escenario político inercial, tendencial, coyuntural, ideal, mínimo aceptable, triunfalista y de derrota crítica. Para calcular con objetividad, nadie debería echar las campanas al vuelo ni sentir que ya se ha ganado algo, cuando en realidad, el verdadero juego público aún no ha iniciado, y el juego por debajo de la mesa sigue controlado por agentes apartidistas, sin emociones, afectos ni conciencia, que pueden inclinar la balanza en favor o en contra de X o Y candidatos.

La mayoría de los candidatos conocen ya al menos dos encuestas: a) la que los hace ganadores, repuntando, sobresaliendo de sus contrincantes, que vaticina triunfo, fiesta y culto al Dios Baco; y b) la que los resalta como derrotados prematuros, inviables, incapaces de rebasar su profundidad negativa y vencer a sus múltiples detractores.  O sea, que todos, Meade, AMLO, Anaya, El Bronco, Mancera, y en otros niveles como el caso de los que disputaran las gubernaturas en disputa en CDMX, Chiapas, Guanajuato, Morelos, Jalisco, Puebla, Yucatán y Tabasco, junto con los que disputarán los 3,416 cargos de elección  el día 1 de julio de 2018, todos viven un momento histórico donde se sabe que todo puede pasar, que nadie ha ganado nada ya, que la moneda está en el aire y que los próximos 206 días seremos testigos mudos o en voz alta, del ascenso al poder de los nuevos gobernantes.

Mención aparte merece Jalisco, lugar donde la volatilidad de sus electores no permite que fragüen los votos duros ni hacen huesos viejos las alianzas, dado que los últimos triunfos emergen de traiciones y prevalecen grupos facciosos que detentan poder real, enquistados en poder formal, volviendo compleja la lectura de hacia donde se acabará inclinado la balanza el día de la elección. Jalisco ha dado lecciones nacionales sobre la serenidad, la prudencia, la calma y la cautela con que se deben tomar las encuestas y los momentos de cima en las encuestas. Grandes derrotas iniciaron en confiadas y cómodas mediciones de ventajas que se antojaban inalcanzables, y… tropezaron cayendo de bruces. Al parecer la jornada electiva jalisciense se convertirá en una suerte de repechaje (Un repechaje es una chance o una posibilidad adicional que se le otorga a ciertos individuos o conjuntos en el marco de una competencia), donde competirán en segundo intento dos aspirantes que ya fueron previamente derrotados aspirando a la gubernatura del estado: Arturo Zamora y Enrique Alfaro.

Con esa experiencia previa a cuestas, vale la pena que no olviden que en política como en el béisbol, hay vida y triunfo posible hasta que cae el último out. Y por ahora, ni  estamos en la fatídica séptima, sino que hay mucho juego por delante. Por ello, los políticos y sus partidarios deben prever la derrota como cercana y la victoria como posible. 

En interpretación de las encuestas, se deben buscar hallazgos que den mapa de ruta y trazo a las líneas discursivas, orientando agenda, mensaje, compromisos y plataformas. Son herramientas inevitables y útiles, siempre y cuando se les use sin volverlas dogma de fe y se dude siempre de sus infalibles resultados.

Al final, las encuestas no dejan de ser sino estudios de mercado. Y ningún estudio de mercado puede garantizar el éxito de ningún asunto, negocio, empresa, candidatura o proyecto, ni en lo comercial ni en lo político. El ser humano es dinámico y evolutivo. Indeciso, voluble e inestable. Hoy quiere mañana odia, hoy le hace risa lo mismo que ayer le hizo llorar, perdona y olvida, sueña y se fascina a veces con poca cosa. ¿Recuerdan las enseñanzas de la Malinche y el cambio de oro por espejitos en la colonia? Disfrutar el futuro cuando aún no se cimienta el presente es un craso error.  

Por estrategia, todos los aspirantes deberán mostrarse seguros, confiados, tranquilos, alegres. Todos dirán que ganar es posible; todos dirán que han avanzado. Escucharemos proclamarse vencedores antes de que inicien las votaciones. Procurarán inducir a la opinión pública, distrayendo del dolor y atrayendo al placer al inconsciente colectivo. La mercadotecnia ayuda a encontrarle virtudes de más a un litro de leche comparado con otro, cuando en esencia, no hay grandes diferencias entre melón y sandía, y las demás frutas se parecen de forma y fondo.

Ganar la elección inicia siendo un asunto de percepción. Obtener los votos es la consecuencia de un proceso de socialización, de convencimiento, de abordaje masivo de las conversaciones de la gente, de permanecer en sus mentes, de lograr el proceso alquímico de convertir el plomo en oro.

Para cada veneno, un antídoto. Para cada llave de estrategia, una contra llave. El juego electoral es una guerra despiadada y no una bolita rebotando contra la pared que podemos perseguir y pronosticar hacia a dónde va el rebote. Ganar es la única meta, hay diferentes caminos y elegir el equivocado conduce al fracaso, pero nunca hay que olvidar, que en todos los casos, siempre hay un como sí y la victoria puede corretearse para alcanzarse, haciendo doble o triple esfuerzo en comparación de los contrincantes.  6.8 meses nos separan de conocer el resultado de las campañas que han iniciado a correr ya. Que gane el más hábil, quien haga mejor las cosas, quien se esfuerce para lograr el apoyo de la ciudadanía.

 

Por Carlos Anguiano