viernes 15 de diciembre de 2017 | 04:00
Columnas

La revuelta de Trump en Israel

@ jue 07 dic 2017 20:01
Por lo pronto los grupos radicales palestinos que han hecho de esa insurgencia un modus vivendi se mueven.
Por lo pronto los grupos radicales palestinos que han hecho de esa insurgencia un modus vivendi se mueven.
Foto propiedad de: Internet

El razonamiento geopolítico que es determinante en decisiones de amplio espectro, señalaba parte de lo que está sucediendo esta semana en el Cercano Oriente; y que se va a convertir en un detonador de las relaciones de Estados Unidos, con las naciones musulmanas en su conjunto. Todo eso implica un esquema de reacomodos internacionales de impacto.

Ya se anunciaba desde la candidatura de Trump que había necesidad de una renovada estrategia como lo señalaba Zbigniew Brzenzinki el influyente politólogo estadounidense de origen polaco desde abril del 2016; cuando planteaba la imposibilidad de mantener en el campo de las indefiniciones y los subsidios; frentes políticos y militares que corroían los intereses de esa nación y que por lo mismo generaban fracasos, con los que no pudieron lidiar quienes mandaron 28 años consecutivos; es decir los Bush, los Clinton y Obama.

Y así como de entrada Trump se salió del Tratado del Pacífico y con ello afectó con un manejo aparentemente menor de inmediato a China, el instigador y patrocinador de las agresiones de Corea del Norte. Estados Unidos parece que logró someter al gigante asiático y éste se ha tenido que comprometer en dejar paulatinamente solo a su protegido, aunque la discursiva siga. Los chinos no pueden perder lo que tienen del  mercado de consumo más grande del mundo.

Algo parecido parece se estructurará en Israel, desdibujando a Palestina y reestructurando la relación con los islamistas en seguida. Porque el aviso de instalar la sede diplomática estadounidense en Jerusalén, no es algo menor como podría verse,  como un simple elemento de política internacional. La decisión en su complejidad expresa un mar de políticas estratégicas de amplias consecuencias.

En términos diplomáticos Estados Unidos de Trump, deja las indefiniciones de sus antecesores al darle el apoyo a Israel, que proclama como su capital a Jerusalén y no a Telaviv. Inicia la migración de un buen número de aliados que estarán buscando en el corto y mediano plazo, instalarse en el centro escatológico de las creencias, es decir en una ciudad mundial: la antigua Jerusalén que la han querido como capital las religiones, Israel;  y Palestina, que se agarraba de ese argumento, como quien se agarra de un clavo en el techo para sobrevivir políticamente.

 

Se busca aislar definitivamente la idea de Palestina, que no tendría el reconocimiento tan urgido por décadas a su supuesta soberanía exterior. Si Estados Unidos, no los va a reconocer, ningún país con fuerza política y financiera en occidente lo hará.

Por lo pronto los grupos radicales palestinos que han hecho de esa insurgencia un modus vivendi se mueven. Hamas, ya  declaró la tercera Intifada, es decir un llamado a violentar los hechos.

Las inteligencias esperan disturbios, pero parece que los minimizan. El mensaje es claro: Estados Unidos le entra con todo en la región apuntalando a Israel, porque sencillamente no tienen alguien mejor como eje en la zona. Aunque la Clinton quería que fueran los saudíes.

Pero además con la maniobra está en juego un asunto cualitativo: se busca que se definan conceptualmente los afectados colaterales como son los grupos étnicos o religiosos afines; si los árabes son más nacionalistas que musulmanes o al revés. Hasta hora Estados Unidos, ha ido en contra del enfoque nacionalista, el panarabista. Las “primaveras árabes” apoyadas por la Clinton de hecho, han sido mas de corte islamista.

Washington va intentar un esquema nuevo a partir del cambio de sede. Tal vez en los próximos días se demuestre la fragmentación de los musulmanes, en torno a la potencia. Religiosamente lo están; falta ver el campo militar y político en vivo y a todo color. Eso incluye un aliado rencoroso, como es Turquía y a sus enemigos los iraníes. Teóricamente se sabe que los islamistas ponderarán su análisis pragmático por encima del coránico. Porque como dice un refrán muy nuestro, a los golpes y al trabajo muy pocos le entran.