sábado 16 de diciembre de 2017 | 03:07
Columnas

En Contexto. La política mexicana divorcia a la economía y el bienestar

@lusacevedop mié 06 dic 2017 11:30
La candidata independiente ha dicho que a las mujeres del campo solamente se les considera para el servicio doméstico
La candidata independiente ha dicho que a las mujeres del campo solamente se les considera para el servicio doméstico
Foto propiedad de: Internet

 

 

Con la avalancha de mensajes y bondades de los (pre)candidatos y sus partidos, la desconfianza ya muestra el carácter del proceso electoral que se nos viene.

La razón de este deterioro se apoya en la inseguridad creciente, la insatisfacción económica marcada por la desigualdad, los escándalos de corrupción y la insatisfacción por la estrechez de los servicios públicos que surgen de una carga impositiva abrumadora.

Seguramente veremos aparecer fórmulas mágicas o esquemas de convencimiento sobre las ventajas de la continuidad y no del mejoramiento, con la explicación de que hay más empleo y que los hogares pasan menos penas para llegar al final de la quincena, sin reconocer que alrededor del 60 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA) subsiste en la economía informal, de acuerdo con el INEGI.

Es la suma de estos factores los que tienden a propiciar primero desencanto y luego suspicacia en los candidatos y en las elecciones, especialmente presidenciales.

Según el Latinobarómetro 2017, en México se vive una dramática pérdida de confianza en los procesos electorales, que necesariamente afectan a la democracia.  Es de tal magnitud que la desilusión popular por las votaciones más recientes arroja una caída de 10 puntos porcentuales para llegar a 38 por ciento, desde un máximo de 59 por ciento en 2005 cuando, se recordará, Felipe Calderón ganó a Andrés Manuel López Obrador la elección presidencial por una controvertida y mínima diferencia   

De entonces a la fecha, mientras avanza el desengaño, lo único que ha cambiado por efectos estadísticos han sido los datos económicos, pero no los que se refieren a la política y la sociedad.

La desigualdad y la falta de oportunidades se han agravado. Con ello, vemos que la discriminación avanza en todas sus formas.

El Coneval, que se esmera en proporcionar información oficial sobre la realidad mexicana, muestra que en materia de desigualdad el ingreso del 20 por ciento de la población con los ingresos más altos concentra cerca del 60 por ciento del total de la riqueza del país, mientras que al 20 por ciento más pobre no le toca ni el 5 por ciento, y con las crisis recurrentes el problema se agrava en términos alimentarios.

Del rancho a la capital, las diferencias tienden a ser abismales y todavía más penosas entre la población rural femenina y en los niños.

Entre los aspirantes presidenciales, Marichuy ha tocado este tema sin que hasta el momento haya resultado trascendente debido al efecto mismo de la desigualdad y discriminación también democrática que prevale en contra de los participantes electorales ciudadanos.

Por ejemplo, la candidata independiente ha dicho que a las mujeres del campo solamente se les considera para el servicio doméstico y, lo que es un hecho, el sector rural carece de acceso real a los servicios financieros, a pesar de que la existencia de instituciones públicas como Bansefi o Financiera Rural que no acercan la modernidad de los cajeros automáticos a las cabeceras municipales, ya no digamos a las rancherías.

Es claro que la igualdad no resulta rentable y por tanto no es económica. Pero tampoco se advierte voluntad política ni moral para trabajar en la construcción de una sociedad igualitaria por lo que, junto a la inseguridad, la corrupción, la oposición institucional a la transparencia y a la insatisfacción con los servicios públicos, se ha propiciado, indiferencia, pero también desconfianza y desilusión por la democracia. Ahí están los datos.

Hay que revisar el concepto de la desigualdad, de la misma forma en que se ha tratado al tema económico, en el que se han centrado avances y virtudes para soslayar temas relevantes que deberían ser orgullo político y social.

Hasta hoy existe un peligroso divorcio entre economía y política, lo cual que tiende a ser socialmente negativo y peligroso.

@lusacevedop