viernes 15 de diciembre de 2017 | 04:19
Columnas

Injustos, todos contra Videgaray, todos ahora contra Meade... pero EPN es un estadista

@FedericoArreola vie 24 nov 2017 06:55
La prensa mexicana es tan, pero tanta rara... hace dos días, todos con Meade, ahora todos contra él
La prensa mexicana es tan, pero tanta rara... hace dos días, todos con Meade, ahora todos contra él
Foto propiedad de: Internet


¿Cuál destape?

El inexistente, que no fallido, “destape” de Luis Videgaray a favor de José Antonio Meade se convirtió en un escándalo cuando el presidente Enrique Peña Nieto dijo que todos están “despistados” y que, ni hablar, el único que en el PRI destapa es él, esto es, el mismísimo EPN.

La prensa hoy amanece inusualmente dura con Videgaray... y con Meade

1.- Ricardo Alemán, en Milenio, habla del “patinón” de Luis Videgaray, de la “soberbia” del titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

2.- Templo Mayor de Reforma dice que no se sabe a quién llamó “despistado” el presidente EPN: “Ahora nadie sabe si el confundido era Videgaray por agandallarse (la facultad de destapar) o Meade por creérsela”.

3.- Joaquín López-Dóriga, también en Milenio, habla del “enojo”, que debe ser grande, del presidente Enrique Peña Nieto con el canciller Videgaray.

4.- En ese mismo diario Carlos Marín y Alfredo C. Villeda afirman que EPN con su “no se despisten” evoca el “no se hagan bolas” de Carlos Salinas de Gortari, lo que es ofensivo para EPN en cualquier circunstancia.

5.- Julio Hernández, en La Jornada, comenta que Luis Videgaray se despistó de dos maneras: se confundió al “destapar” a José Antonio Meade y de plano se salió de la pista sucesoria por un error de calculo.

6.- Bajo Reserva de El Universal dice que Videgaray está en “dos strikes”, es decir, a uno del ponche. El primer strike fue que algunos columnistas lo acusaron de ser el autor intelectual de una nota de Reforma contra el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; el segundo strike fue el “destape” de José Antonio Meade que molestó al presidente Peña.

7.- Francisco Garfias, en Excélsior, considera el destape de Videgaray como un nuevo “beso del diablo” a Meade.

8.- Para Pablo Hiriart, de El Financiero, Videgaray le hizo daño al PRI y a Meade: “Se sobrevaloró el canciller y afloró su arrogancia”.

¿El mejor comentario sobre Videgaray?

El de José Luis Camacho en SDP Noticias: Videgaray actuó de buena fe. Y es que el canciller no destapó a Meade, sino que simplemente fue cortés con un invitado, como lo fue con otros dos secretarios (Ildefonso Guajardo y Enrique de la Madrid) en una reunión con el cuerpo diplomático.

Videgaray no hizo nada malo, punto. El presidente Peña tendrá que entenderlo, y lo entenderá. Es decir, el enojo pasará.

¿Si no pasa a tiempo el enojo de EPN, es suficiente el escándalo para eliminar a Meade?

Si EPN ha pensado que Meade es el mejor hombre para representar al PRI, como candidato, en las elecciones presidenciales del 2018, no tiene por qué cambiar su decisión solo porque, para muchos, “se despistó” junto con Videgaray.

Peña Nieto es un político serio que ha sacrificado su imagen para hacer lo que más conviene a México. Ha sido un estadista.

No puede, ahora, solo para cuidar su imagen —demostrar que a él nadie le impone nada, ni siquiera Videgaray—, alterar una decisión fundamental para su futuro, el del PRI y el de nuestro país.

Si Peña nunca pensó que Meade es el mejor hombre para el PRI, pues entonces el titular de Hacienda no iba a ser candidato por más que lo elogiaran Videgaray, los empresarios, las clases medias, etcétera.

¿Si es Nuño o Narro?

Si EPN decide por Aurelio Nuño o por José Narro no será solo para castigar a Videgaray y a Meade, sino porque el presidente de la República piensa que le irá mejor a su partido y a México con el secretario de Educación o el de Salud.

¿Y Osorio?

Con respeto para él y con absoluta seriedad, sigo sin verlo como candidato presidencial del PRI. Su buena prensa, sobre todo entre algunos columnistas, no creo que hayan convencido a nadie de que podría derrotar a AMLO en el 2018.

Así veo las cosas