viernes 15 de diciembre de 2017 | 04:05
Columnas

Chairismo Mexicano, Arqueología del Concepto

@Teotihuachango mié 22 nov 2017 23:24
Se dice del chairo como antes se decía del pandroso
Se dice del chairo como antes se decía del pandroso
Foto propiedad de: Internet

 

Es triste decir que la humanidad consciente continúa siendo menor de edad; admite el derecho de adquirir, de conservar o de consumir racionalmente, pero excluye, en principio, el gasto improductivo. G. Bataille

 

 

Se dice del chairo como antes se decía del pandroso y de esta forma hasta remontarnos al término francés de izquierda caviar; pasando por el socialista de café o el activista de Facebook/escritorio. Las formas de la descalificación, esto es del miedo y de la discriminación, no tienen fin. Desde siempre se ha considerado que aquellos que no están alineados deben ser atacados hasta que se normalicen, acepten lo que el sistema tenga que ofrecerles (aunque sea muerte) y acepten, estoicamente, el destino que se les tiene preparados: bestias al matadero del enriquecimiento ajeno.

Analicemos los argumentos que construyen históricamente el concepto del chairismo y que, finalmente, constituyen la ontología de la considerada terca e infantil oposición, enemigos de cualquier avance o “progreso” de la humanidad.

El ocio de los chairos

Hemos escuchado, en múltiples ocasiones, que algún racional conductor grita al séquito de una manifestación: “Mejor pónganse a estudiar”. Recuerdo que durante el 2012, en una protesta de lectura afuera del Senado, un grupo de granaderos (muy amables hasta que usaron gas pimienta) cuestionaron mi presencia, preguntaron por qué no estaba en la universidad. Les expliqué que ese día no tenía clases y que siendo el mejor promedio de la generación, no me preocupaba mucho perder un par de horas. Entonces los chairos no deberíamos “perder el tiempo” en estas cuestiones, sobre todo en cuestiones políticas o sociales porque “el tiempo es oro” y en una dinámica productiva seríamos un estorbo a la generación de riquezas. Olvidamos que el ocio creativo, aquel que generó la filosofía y que es madre de todas las ciencias, es tan importante como las acciones prácticas. No somos poetas con arpa en mano y la mirada perdida, somos seres humanos con dignidad que cuestionamos lo que nos rodea por parecernos ilógico. La lógica, justamente la que tanto defienden los amantes del neoliberalismo (aunque no lo entiendan) es lo que nosotros señalamos cuando denunciamos una injusticia. Cualquier lucha social es, esencialmente, una lucha contra la falta de sentido común; es decir, la voluntad de una minoría contra una mayoría menospreciada.

La responsabilidad de los chairos

Los chairos no son responsables porque, parece ser que la naturaleza nos dotó con un gen especial para la holgazanería. Disfrutamos de caminar por horas bajo el sol protestando por cualquier asunto, hacemos viajes infinitos para llegar a una comunidad indígena porque somos flojos. Organizamos reuniones e incluso grupos de rescate ante tragedias colectivas porque, misteriosamente, nos importan los demás. Somos irresponsables porque tenemos el corazón puesto fuera del cuerpo y ¡oh paradoja! Nos invade un sentimiento de corresponsabilidad social. Es cierto, criticamos la responsabilidad social empresarial porque es una farsa mayúscula (¿ven? Ya metí mi protesta chaira y ni cuenta se dieron) y es uno de los grandes lastres de la verdadera filantropía (término que los empresarios han secuestrado y que debemos recuperar porque lo que ellos hacen no es amar a la humanidad, es amar sus intereses y tal egoísmo un día será sancionado. Ojalá sea pronto). Los chairos no somos irresponsables, solamente heredamos una estructura social donde no es necesaria la crítica o la perspectiva alternativa. No es más responsable el que llega temprano a una reunión de trabajo que un joven que escribe en contra del sistema. Digamos que nuestras chairas prioridades son otras e incompatibles con la “responsabilidad” que implica la vanidad del egoísmo.

Los chairos y la economía

Los jóvenes enjaulados en el ITAM podrán vociferar que los de izquierda, los chairos, no saben de economía. No han estudiado sus elegantes textos en otros idiomas y no saben nada de cálculo, vaya ni de estadística básica. Y es que la economía son números y números. Esta visión cristalizada de lo económico ha dejado una huella funesta y nefasta en el país y en las economías del Sur. Por mi parte pueden tomar sus textos de John Stuart Mill, Adam Smith y hasta sus pequeños resúmenes de Marx y Engels (diseccionados minuciosamente para que no se contagien del espíritu chairo) y en una licuadora disolver todo, posteriormente con la pasta sustituir el líquido usado en un enema. La perspectiva chaira será siempre crítica porque no hay un “rostro humano del capitalismo” ni un sistema liberal (incluso el horrible monstruo llamado Liberalismo Social) que no oprima al pueblo que ya nació bajo una superestructura de miseria. Les sugiero a los amigos de estas rancias instituciones porfirianas sustituir, para varia, el término “pobre” por “empobrecido”.

Finalmente los chairos, el grupo de todas las disidencias, a veces se traiciona a sí mismo, a veces también somos humanos y nos gusta el trato humano. No por mucho etiquetar a un grupo se le envía al pantanoso mundo de la invisibilidad. La derecha, los liberales, los hijos e hijas cachorros del sistema, son quienes dan vida al chairismo al usarlo como insulto. Lo reviven en cada publicación que comentan enfadados contra las candidaturas de verdadera representación popular y confirman que el clasismo que predican con un discurso de odio tan sutil y tan endeble debe terminar y terminará algún día. Su lucha nos indica el camino. El enojo que les provocan las manifestaciones y marchas, comentarios y denuncias, solamente iluminan los siguientes pasos de nuestra lucha. Ojalá el chairisimo se acabe con la edad (como algunos afirman) porque sería interesante ver que todo un pueblo, un día, decida ser chairo y no se deje engañar más por quienes ostentan (o a veces tristemente quieren ostentar) el poder. Ojalá tu descendencia sea chaira y todos, todas, chairamente, podamos vivir en la digna sociedad que nos merecemos.