viernes 15 de diciembre de 2017 | 04:19
Columnas

Descomposición social

@maloguzmanvero lun 20 nov 2017 11:12
Volteamos a las escuelas y a las instituciones –particularmente las del Estado- para exigir sean ellas donde se inculque una mejor cultura cívica.
Volteamos a las escuelas y a las instituciones –particularmente las del Estado- para exigir sean ellas donde se inculque una mejor cultura cívica.
Foto propiedad de: Internet

“La verdad no peca, pero cómo incomoda” Adagio popular

 

En este país, la educación y el compromiso democráticos no son tales; desafortunadamente no están escritos en ningún “código de equidad, legalidad, tolerancia y pluralidad”.

Los principios y valores que fundamentan cualquier democracia, no son valores que nos sean propios; es decir no son instintivos a la socialización ni de fácil asimilación (Cívica. Informe Nacional de Resultados 2016, José Woldenberg). Así, el aprecio por la ley, la diversidad de ideologías y la pluralidad en una sociedad no nos viene de forma natural… peor aún, los mexicanos tendemos a ser egoístas y recelosos y, por ende, no tenemos sentido de comunidad, de solidaridad, ni de honestidad.

Poco a poco, socialmente hablando, hemos creado una cultura cívica de simulación. Sí, en política y en educación, al igual que en otros ámbitos, también existe la “informalidad” y la “mercancía pirata”. A la par de espacios institucionales escolares insuficientes y, en ocasiones, poco pertinentes, la sociedad mexicana se ha vuelto, por un lado, cada vez más demandante, pero al mismo tiempo menos comprometida con la democracia misma.

Volteamos a las escuelas y a las instituciones –particularmente las del Estado- para exigir sean ellas donde se inculque una mejor cultura cívica, sin darnos cuenta que la transformación cultural debiera ser acompañada y comenzar a partir de la sociedad misma. Si bien los centros escolares son fundamentales para ello, otros actores –la familia, el trabajo, los medios, las redes, los espacios de comunidad –cada vez cobran mayor importancia en la transmisión y asimilación de las nociones básicas de la democracia. De esto no nos hemos dado cuenta.

¿Y a qué todo esto? Se acerca en nuestro país la madre de todas las elecciones y, por lo mismo, los actores que más inciden socialmente deberían tener presente en todo momento que una cultura cívica sólida es fundamento no sólo de la democracia, sino también de la vida en comunidad. Sólo entonces sabremos, en verdad y comprometidamente, qué tipo de país realmente queremos. Qué sistema de gobierno. Qué derechos y quién queremos que nos acompañe en garantizarlos.

Todo actor que fomente lo contrario estará ahondando en la existente descomposición social.