viernes 15 de diciembre de 2017 | 04:11
Columnas

Libros de ayer y hoy. Sabia virtud: alerta ante los destapes

mié 15 nov 2017 23:22
Renato Leduc
Renato Leduc
Foto propiedad de: Internet

 

La situación que vive el país, advierte de estar atentos a los próximos movimientos políticos. Los personajes inventados que van a tratar de imponernos, previa una costosa campaña para crearles una imagen, pueden ser de alta peligrosidad.

Los casos que  se preparan en todos los niveles son los que van a ser electos en el 2018. Las terribles experiencias que vivieron y están viviendo algunos estados -Veracruz con Javier Duarte, Coahuila con los Moreira y Morelos en este momento con Graco Ramírez, para dar unos ejemplos-, debe prender la alerta en la ciudadanía para tomar decisiones en su accionar político.

Perdida la noción de gobernar para el bien de todos, como lo ordena la Constitución, estamos en manos de gobiernos unipersonales -el caso de Graco rebasa los límites-, que aplican la ley a destajo y para los que no existe un poder superior que los controle. Este debe ser la ciudadanía, el pueblo organizado y lo debe de hacer cuanto antes, advertido de las consecuencias de no actuar a tiempo.

El tiempo es determinante en este momento. Las viejas historias de los ridículos tapados que usaba el PRI cuando tenía a su disposición todo el país, se prestan a consejas y anécdotas y decir en estos momentos algo parecido a que el tapado fuma LM, como se le atribuía a López Mateos, se presta a guasa en instantes trágicos de México. Apropiados de los recursos públicos, para cuyo control no importan leyes, van a tratar de hacer el fraude de siempre cuyos prolegómenos acaban de evidenciarse en el Estado de México. Ya  se exhiben faltantes por doquier y los recursos de los sismos están en entredicho. Hay que insistir que en el alerta a la ciudadanía, que de muchas formas se está haciendo, el tiempo apremia.

Sabia virtud de conocer el tiempo, decía Renato Leduc. Según el acta de bautismo de ese singular poeta y escritor, su nacimiento fue el 16 de noviembre de 1895, aunque la fecha más aceptada en su biografía es  el año de 1897. Tendría a efecto, para las dos, 122 o 120 años, diferencia de dos años que con el paso del tiempo, ¿a quién le importan? Lo extraordinario de Renato es, que más que en su obra -que es importante y amplia-, puso el genio en su vida, como diría Wilde. Pocos personajes tan llenos de chispa, de ingenio y de empatía, han transitado el siglo XX, aunque él provenía del anterior.

Era además, un hombre comprometido, de izquierda. Las anécdotas lo colocan como  uno de esos amantes clásicos, bohemios, joviales y tiernos que a la par que muchos amores, estuvo casado tres veces, uno de ellos con la pintora Leonora Carrington.

Recuerdo que lo entrevisté para que me hablara de la Expropiación Petrolera a principio de los ochenta del siglo pasado, pero me dijo que él solo se había enterado por los periódicos porque estaba en París a donde había ido “en busca de faldas”. La última vez que lo vi, en sus rozagantes 87 años, en el Palacio de Minería, me invitó a comer peje lagarto.

Casi estaba ciego, pero conservaba su prestancia, su humor y sobre todo su galantería. Si uno revisa los títulos de sus libros, por si solos son una obra: “Catorce poemas burocráticos y un corrido reaccionario para solaz y esparcimiento de las clases económicamente débiles” o este, “Algunos poemas deliberadamente románticos y un prólogo en cierto modo innecesario”. Se difunde poco su obra, aunque es motivo de buenas crónicas en los medios y es el poema Tiempo el que lo acerca a gente que en general lee poco. Con cuerpo de soneto, al poema se le descubre un tono filosófico. Dos cantantes conocidos Marco Antonio Muñiz y José José hicieron  dueto para cantarlo. He aquí estas letras que ya se han convertido en clásicas.

 

Sabia virtud de conocer el tiempo,

a tiempo amar y desatarse a tiempo.

Como dice el refrán, dar tiempo al tiempo,

que de amor y dolor alivia el tiempo

 

Aquel amor a quien amé a destiempo,

martirizome tanto y tanto tiempo,

que no sentí jamás correr el tiempo,

tan acremente como en ese tiempo

 

Amar queriendo como en otro tiempo

ignoraba yo aún, que el tiempo es oro.

¡Ay, cuando tiempo perdí, ¡ay cuanto tiempo!

 

Y hoy que de amores ya no tengo tiempo,

amor de aquellos tiempos cuanto añoro,

la dicha inicua de perder el tiempo.