jueves 23 de noviembre de 2017 | 05:15
Columnas

Por qué el Presupuesto 2018 es irresponsable

@eduardopagaza lun 13 nov 2017 16:44

Dr. Meade, usted tiene que atender retos: políticos, económicos y sociales.
Dr. Meade, usted tiene que atender retos: políticos, económicos y sociales.
Foto propiedad de: Internet

 

El Presidente Enrique Peña Nieto y el  Secretario de Hacienda, Dr. José Antonio Meade Kuribreña, afirmaron que  el presupuesto 2018  “es un presupuesto responsable”.

Ante tal declaración, estamos obligados a argumentar que el presupuesto aprobado para el ejercicio fiscal 2018, es todo menos responsable.

Veamos:

El presupuesto de gasto,  aprobado por la H. Cámara de Diputados para 2018 es de $5,279,667,000,000.00 de pesos. Para que quede más claro es de (5.2 billones de pesos).

Sí el Producto Interno Bruto (PIB), proyectado para 2018 es de 22 billones de pesos, el presupuesto aprobado para 2018, sólo representa el 23% del PIB.

El promedio de América latina es de 30% del PIB, en América del Norte es de 40% y en Europa llega hasta 45% del PIB.

El gasto destinado a apoyar el mercado interno, infraestructura, carreteras, en suma, a la inversión e incrementar la productividad  y el crecimiento económico,  sigue siendo muy bajo.

Veamos algunos datos:

A la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, le aprobaron un presupuesto de 84 mil 548 millones de pesos.

Al  Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT),  sólo 27 mil 225 millones de pesos.

A la Secretaría de Agricultura … sólo le aprobaron 72 mil 125 millones de pesos.

A la Secretaría de Salud, 122 mil 557 millones de pesos;

A la Secretaría de Educación, 280 mil 969 millones de pesos.

A la Secretaría de Desarrollo Social, 106 mil 643 millones de pesos.

El gobierno federal, sabe que los niveles de inversión pública siguen cayendo irresponsable y aceleradamente. En el 2009,  la inversión pública llegó a  6.3% del PIB, el doble de lo que invierte actualmente el gobierno federal.

La inversión pública en México, durante 2017,  representa sólo el 3% del PIB.

Por otro lado y desde otra perspectiva (no menos ominosa),  el presupuesto público para 2018, da prioridad y favorece el cumplimiento del pago puntual del servicio de la deuda.

Veamos algunos datos.

El gobierno federal acumula a la fecha una deuda total de  9 billones de pesos (esto equivale al 49% del PIB); a esta deuda se le conoce técnicamente en finanzas públicas como el “Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público”. (SHRFSP).

Adicionalmente, para pagar el costo financiero de la deuda pública asigna 647 mil 479 millones de pesos.

Este dato, implica que el gobierno destinará para el pago de intereses,  24 veces más, de lo que invertirá en el CONACYT.

Para el Programa de Apoyo a Deudores, asigna un presupuesto de 38 mil 163 millones de pesos (este dinero es para los banqueros, cumplimiento puntual del pago de Fobaproa).

Estas partidas presupuestales son por lo menos irresponsables, sobre todo cuando este país necesita urgentemente más inversión productiva e investigación y desarrollo. Más estudiantes en posgrado (maestrías y doctorados);

Adicionalmente hay que tomar en cuenta que el gobierno federal tiene comprometido, para 2018, un  gasto en pensiones equivalente a 800 mil millones de pesos. Este gasto crece  y no es sostenible en el tiempo. Urge revisar el modelo pensionario.

Como se puede ver, las deudas del Gobierno siguen creciendo irresponsablemente, al igual que la deuda de los gobiernos estatales (deuda subnacional), que ya  suma  570 mil millones de pesos.

Lo más grave:

El presupuesto 2018, destinará muchísimos más recursos al pago de intereses de la deuda que a las necesidades de  gasto que se requiere en forma urgente  para atender y solucionar  el  problema de los damnificados por los sismos en todo el país.

Veamos:

Para el Fondo de Desastres Naturales (FONDEN), se destinaron  18 mil millones de pesos.

Para el Fondo de Reconstrucción de la  Ciudad de México (FONREC),  sólo se destinaron 2,500 millones de pesos, la mitad de lo que se le asigno a la CDMX en 2017 vía Fondo de capitalidad.

Comparando estos recursos,  con el pago del servicio de la deuda para 2018,  podemos ver que lo destinado al pago de  deuda es 32 veces más de lo que el gobierno federal  está destinando para la reconstrucción y dar apoyo a los damnificados por los sismos.

Esto es un contrasentido, la gente necesita apoyo para reconstruir sus casas, créditos realmente blandos para la reconstruir su patrimonio.

Si hasta la fecha,  se sigue dando apoyo con presupuesto público  a  los banqueros, a los dueños de ingenios quebrados,  se rescatan carreteras en quiebra  y  se sigue cumpliendo  con el pago puntual del  pago de intereses de la deuda del gobierno federal,  porque no comprometerse con un mayor gasto e inversión, para apoyar a toda la gente afectada por los sismos.

El país necesita invertir más, necesita un mercado interno y un crecimiento más robusto.

El gobierno federal, a partir de las necesidades de reconstrucción y la rehabilitación de la infraestructura afectada, debe generar un efecto multiplicador que beneficie y fortalezca el mercado interno y el crecimiento de la economía.

Como se puede ver, el  presupuesto que se aprobó para 2018,  es irresponsable y no reactivará  la economía.

Estamos frente a un simple presupuesto inercial más: por un lado privilegia y antepone el gasto corriente y  el pago de intereses de la deuda y por el otro castiga a la inversión pública, dejando, como siempre, a la espera al  país, de mayor inversión y empleos bien remunerados.

Este presupuesto, castiga a la inversión productiva  y a la investigación y el desarrollo. De 2009 a la fecha, la inversión pública ha caído 26%.

Por ello, este presupuesto seguirá destruyendo poco a poco el patrimonio industrial  que nos queda. El país está en pleno proceso de desindustrialización y de pérdida creciente del patrimonio nacional por la vía de la privatización de nuestros recursos naturales.

Este presupuesto,  no reactivará el crecimiento, ni el desarrollo regional, ni nacional. El presupuesto polarizará las brechas entre el norte y el sur,  y profundizará la creciente concentración del ingreso.

Este presupuesto es irresponsable,  por no diseñarse y negociarse con el fin de revertir  la clara  tendencia al estancamiento que tiene la economía mexicana desde hace ya muchos años y porque no posibilita la generación de nuevos ejes de crecimiento endógeno.

Recordemos que México tiene más de 30 años, reportando un comportamiento del Producto Interno Bruto que no supera un crecimiento promedio de  2.5 %  anual.

Este presupuesto,  apenas  posibilitará seguir en un penoso proceso económico  inercial que sólo aspira a   transitar en un barco inestable (Trump-TLC, cambio en Banxico), hasta finales del 2018.

Sugiero al Dr. Meade, y al resto de los aspirantes a la presidencia y a los diferentes cargos de elección, colocarse en una perspectiva autocrítica y con una visión de futuro, sobre todo a la luz de los pobres resultados económicos que se reportan y las urgentes exigencias que ya impone la reconstrucción por los sismos.

Espero, sobre todo, que el secretario de Hacienda cuestione y revise críticamente los fundamentos macroeconómicos del presupuesto y los compromisos que sustenta su gestión de la política económica.

En adelante, Sr. Secretario Meade, no será aceptable, una estrategia de política económica que sólo persiga “estabilidad macroeconómica” y excluya la meta del crecimiento y el bienestar.

Los mexicanos no aceptamos más una gestión de la política fiscal que castigue a la inversión pública por perseguir obsesivamente la meta de “consolidación fiscal” para alcanzar un inconsistente y cuestionable superávit primario.

No aceptamos más un gasto creciente e improductivo y mucho menos una falsa e irresponsable  austeridad.

No aceptamos más, una política monetaria que sólo vea que lo único importante es el control de la inflación y deja a la deriva la devaluación del peso e incentive crecientes tasas de interés. En este tema el responsable sin duda es el Dr. Agustín Carstens, Gobernador del Banco de México. Por cierto qué bueno que pronto dejará el cargo.

No aceptamos más, una política económica que utilice como ancla antiinflacionaria el salario. No más, salarios estancados y  empleos precarios.

Queremos, en adelante, una política presupuestal que aproveche los crecientes ingresos fiscales y los canalice a inversión, a la reconstrucción, a generar empleos de calidad. Esto generaría  un circuito virtuoso de crecimiento y bienestar social. Sólo en 2017, se reportan ingresos extraordinarios adicionales por 340 mil millones de pesos.

Dr. Meade, el capitalismo mexicano que usted gestiona es irresponsable, no es competitivo, sólo beneficia a los amigos y les genera rentas crecientes.

Por ello, entre otras causas, el gasto público crece, pero la economía no, gran parte de los recursos fiscales se desvían hacia usufructos, rentas y beneficios privados ilegítimos.

La línea entre lo público y lo privado cada día se hace más opaca, resultado de un preocupante proceso económico simbiótico acelerado. Esto explica, en gran medida, por qué el gasto público aumenta y no tiene un impacto positivo en el crecimiento de la economía. 

La emergencia de la reconstrucción urge a asignar recursos suficientes, efectivos, sin corruptelas, vigilados y transparentes.

Hoy sería absolutamente legítimo gastar más y hasta  endeudarse si fuera necesario, los afectados y el país lo necesitan urgentemente.

Dr. Meade, usted tiene que atender retos: políticos, económicos y sociales.

En lo político se juega su legitimidad y su futuro, en lo económico, el país debe crecer más y distribuir mejor,  y  en lo social, tiene usted una gran deuda con 50 millones de pobres, más, los damnificados por el sismo en todos y cada uno de los estados afectados.

Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Puebla, Estado de México, Tlaxcala, la Ciudad de México, etc..,  esperan con urgencia, desde el mes de septiembre, una respuesta presupuestal pronta, suficiente y responsable.