jueves 23 de noviembre de 2017 | 05:15
Columnas

Los spots del joven Anaya

@cassmig lun 13 nov 2017 16:13
Ante la ruptura interna de su partido, se le ocurrió convocar a los dirigentes del PRD y del PMC para crear un Frente
Ante la ruptura interna de su partido, se le ocurrió convocar a los dirigentes del PRD y del PMC para crear un Frente
Foto propiedad de: Internet

Nadie debe poner en duda que al joven Ricardo Anaya, por ahora presidente nacional del PAN, le fascina la política. Al verlo y analizar su actuar en la arena política nacional, nos damos cuenta que goza de esta actividad como cualquier “animal político” de corte aristotélico.

Pero de los cargos públicos que ha ocupado el joven Anaya, destaca uno en el gobierno de Querétaro. Es un cargo que se le da a alguien cercano, de confianza y ciertamente que sea  eficaz. Por ser amigo íntimo del gobernador de estado, al joven Anaya, es nombrado secretario particular.

Ser Secretario Particular de un gobernador en una entidad federativa, da mucho poder, sobre todo, si el gobernador te tiene confianza y hace sentir al resto del gabinete y demás colaboradores, el afecto y cercanía dispensada. Vaya, se debe tener mucha madurez y compromiso social para salir del cargo con las manos limpias.

Pero se dice que a partir de haber ocupado ese cargo, el joven Anaya dejó de preocuparse por el pago de las colegiaturas de sus hijos, los recibos de los servicios de su casa y que incluso, una vez que juntó el dinero suficiente, se permitió el lujo de llevarse a su familia a vivir a Atlanta, Georgia, en el vecino país del norte.

Para cualquier mexicano de la clase media, comprar un dólar a 19 pesos en promedio para irlo a gastar a los Estados Unidos es difícil, más bien, bastante difícil.

Y de hecho, son pocos los que se pueden dar ese lujo si tomamos en cuenta que más de 50 millones de los habitantes de este país están en la categoría de “pobres”.

El gasto en boletos de avión cada fin de semana para ir a ver a su familia hasta la ciudad de Atlanta, fue oneroso, pero para el joven Anaya, no, porque sus “ahorros” y la disposición de los dineros de su partido, le proveían de la tranquilidad necesaria para no sufrir al comprar los billetes verdes.

Y así, el joven Anaya llegaba a la ciudad de Atlanta cada fin de semana sin desprenderse de la cínica sonrisa que algún mercadólogo le recomendó no dejara de usar para provocar incomodidad en sus interlocutores. Y ya una vez en esa ciudad, se “desconectaba” de todo y de todos para dedicarse a gozar a su familia, gracias a los privilegios que el sistema financiero y político le permite a la alta jerarquía política de este país.

Ya en la tranquilidad de las noches del fin de semana, el joven Anaya salía a cenar con su consorte a cualquier restaurante de la localidad que requiriera “reservación“ y que estuviera de moda, pero como la visita a la ciudad Norteamericana era cada fin de semana, se daba el lujo de esperar hasta 3 meses para su cita. Luego, el consumo con alguna botella de buen precio de vino tinto y los altos costos de los alimentos poco le importaban. En verdad poco le afectaba  pagar cerca de 1,000 dólares por cada cena porque el efectivo abundaba.

El joven Anaya entendía bien que las ausencias se tenían que compensar con atenciones y dedicación sin importar el precio que se tuviera que pagar, pero bien sabía que su paso por la secretaria particular de su amigo, el gobernador de Querétaro, le había provisto amplio y bastante de lo necesario para cubrir sus deseos que le provocaban felicidad y bienestar.

Y así, la vida del joven presidente del PAN transcurría en completa tranquilidad, comodidad y felicidad porque tenía todo a la mano, al grado que entre viaje y viaje, atendía los negocios familiares, las juntas en Los Pinos y los asuntos internos del PAN.

Solo que bien se dice que no hay felicidad completa y un día, abrió la mente a un comentario al oído que provocó un cambio radical en la conducta del joven Anaya. Alguien le dijo que hiciera uso de los spots a que tiene derecho su partido y que se promoviera él. Nada más que él. Le abundó diciéndole que la gente de todo el país lo admiraba, que él era el tema de las mesas de café, para terminar con la frase: “El país te necesita y quiere que tú seas el próximo presidente de México”.

Ya en pleno soliloquio, el mensaje se le incrustó en el cerebro sin que pudiera evadirlo. Todo el día escuchaba la voz de su amigo y la de su conciencia repitiéndole que él era el elegido y la esperanza para sacar adelante a esta nación. Al poco tiempo, tomó la decisión de seguir la voz de su conciencia y disfrazó su ambición personal promoviendo a su partido en la televisión, en la radio y donde se pudiera, siendo el mismo el protagonista principal. Y sí, intuyó que habría voces al interior de sus partido que manifestarían no estar de acuerdo, pero aun así, calculó que el riesgo bien valía la pena.

Se acordó de la frase atribuida Luis XIV: “El Estado soy yo” y lo tradujo en su perverso cerebro, como “El PAN soy yo”. Lo que no previó fue que su misma ambición lo fuera a rebasar y que en política “los amigos son de mentiras, mientras que los enemigos son de verdad”.

De esa forma, una vez contaminado con la obsesión de la presidencia de la República, descuidó los flancos y pronto fue expuesto por haber sido factor para que él y su familia,  acumularan grandes cantidades de dinero que por más que se esforzó, nunca pudo explicar a cabalidad de dónde surgió.

Ante la ruptura interna de su partido, se le ocurrió convocar a los dirigentes del PRD y del PMC para crear un Frente, ante la inmensa posibilidad de que tanto el PAN y los 2 partidos invitados, presenten pésimos resultados si compiten solos en el 2018.

Sin importarle lo disímbolo de las ideologías de los 3 partidos del Frente, el joven Anaya persiste en la idea de ser candidato a la Presidencia de México.

Ahora falta conocer la postura de Miguel Ángel Mancera y la de la señora Barrales. Ese ese el otro escollo de joven Anaya.

Veremos...

Ahora, sumido en un enfrentamiento con el periódico El Universal por haber dado a conocer su enorme fortuna, recurre a los spots de su partido concedido por el INE, para proclamar su defensa personal.

Como que algo no encaja, porque dichos promocionales se pagan con dinero público.

Mientras, el Consejero Presidente del INE, Lorenzo Córdova y sus Consejeros Electorales hacen caso omiso a la ley y no se atreven a detenerlo. Piensan en el Laissez Faire, Laissez Passer”, (dejar hacer, dejar pasar) para que nadie se fije en ellos y para que no les toquen su elevado salario.

Ni modo, así son las cosas.