domingo 19 de noviembre de 2017 | 06:25
Columnas

Sobre Eruviel Ávila en el PRI CDMX

@NietzscheAristo lun 23 oct 2017 05:36
Unos dicen, es castigo porque se trata de un puesto menor de acuerdo a su antecedente como exgobernador
Unos dicen, es castigo porque se trata de un puesto menor de acuerdo a su antecedente como exgobernador
Foto propiedad de: Internet

Que Peña Nieto designe a Eruviel Ávila como “delegado especial” del CEN del PRI en la Ciudad de México no es ni premio ni castigo sino todo lo contrario. Los analistas políticos que proponen la dicotomía simplista están muy habituados a condicionar sus consideraciones por la biografía de los personajes (por muy lamentables que sean), por las ambiciones de estos y las redes de poder que establecen con otros miembros de la que esos mismos analistas llaman “clase política”; por ver a los burócratas, no pocas veces, como semidioses.

Y sin dejar de considerar, por supuesto, el elemento biográfico, es el análisis de los proyectos, los sistemas, los contextos y las circunstancias tanto estructurales como coyunturales lo que aporta mayor claridad a la comprensión de ciertos movimientos políticos; como es el caso de los dos ex gobernadores del Estado de México, Peña y Ávila.

Unos dicen, es castigo porque se trata de un puesto menor de acuerdo a su antecedente como exgobernador y a su aspiración presidencial. Es premio porque se trata de una deferencia de quien ocupa el poder ejecutivo; un acto de confianza, dicen otros. Que se trata de un acto autoritario de Peña contra aquellos que no resulten “dedeados” para la candidatura presidencial del PRI. Que la estatura de Ávila es tal que va a hacer de nuevo competitivo al PRI en la ciudad y convertirá la elección en una competencia de tres. En fin.

En el siglo XXI, los habitantes sensatos y críticos de la Ciudad de México lograron un prolongado deseo: expulsar al PRI del gobierno local. La apertura de elecciones en 1997 lo hizo posible. No obstante, el fracaso y la corrupción del PAN en su paso por el gobierno federal, su alianza con el partido tricolor (asociación PRIAN a la que se añadiría una D, PRIAND, por la anexión del PRD en 2012) y las prácticas fraudulentas hicieron que el partido autoritario y hegemónico durante el siglo XX volviera en 2012 al poder federal en una de sus peores versiones, la del Estado de México; poder asentado en una ciudad que padece las consecuencias de ello.

Desde 2012, como establecí desde entonces, se perfiló el objetivo del PRI al reocupar la presidencia: reconquistar la Ciudad de México. Empezó con la toma de facto por el gobierno federal al instalarse en la ciudad y al integrarse por ex funcionarios del pésimo gobierno del Estado de México cuando Peña fue gobernador. Continuó con la alineación Miguel Mancera a Peña; alta traición a los votantes de la ciudad que habían decidido en un 67% por una opción de izquierda. El resultado de la traición hoy, finales de 2017, es que el mismo porcentaje, casi 70% reprueba su gestión y sólo un 28% la aprueba; casi empata a su jefe Peña, con peores niveles de aprobación y desprestigio.

Si bien Morena ha ido creciendo tanto a nivel federal como local y al día de hoy encabeza las encuestas en los dos ámbitos, el hecho de que la izquierda electoral nominal esté fracturada y que ese ente llamado PRD continúe su trabajo de alianza y legitimación del sistema corrupto que ha gobernado al país, hace manifiesto un peligro, que la fragmentación del voto beneficie los objetivos del PRI a través de sí mismo o de sus aliados. Es en este contexto que se explica el nombramiento de Ávila.

La división y la fragmentación puestas en prácticas en la reciente elección del Estado de México, sumadas a las conocidas prácticas de fraude antes y durante la elección (intervención descomunal del gobierno federal en la elección, compra de voluntades y del voto, irregularidades evidentes en los distritos rurales, etcétera), es lo que representa Eruviel Ávila, quien en su nuevo cargo se convierte el emblema del cinismo, el fraude y la impunidad puestos en práctica por el PRI y Peña Nieto y validado por el INE. Ávila es el orgulloso símbolo de Peña por cuanto significa la elección pasada en Edomex y lo que pretende representar en la Ciudad de México.

El PRI no ganará en la ciudad, pero buscará con todas sus posibilidades y malas artes que Morena pierda. Que pierda la ciudad y minar con ello a López Obrador en su zona de mayor influencia con un efecto pernicioso sobre su posición en la elección federal.

Ahora bien, la apuesta del PRI así como la de sus aliados enmascarados como Frente Amplio (por muchos pleitos o diferencias que haya son aliados de fondo y contra un mismo objetivo) no sólo es contra Morena y López Obrador, será sobre todo contra esa conciencia colectiva de la mayoría de los votantes en la Ciudad de México. ¿Permitirán éstos el regreso del PRI o el triunfo de un frente simulador de democracia? ¿Se permitirán el grave error de ser engañados? ¿Permitirán un retroceso en el proceso democrático por el que ha luchado la ciudad por décadas y que ha sido ejemplar si se le compara con el resto del país?

La Ciudad de México (y el país junto con ella también debiera) tiene que seguir colocándose como una ciudad moderna, democrática, que aspira a la altura de las mejores del mundo por cuanto corresponde a sus libertades y defensa y ejercicio de los derechos humanos básicos y de vanguardia.