domingo 19 de noviembre de 2017 | 06:22
Columnas

En Contexto. El presupuesto para 2018 entre el azar, el riesgo y la voracidad

@lusacevedop dom 22 oct 2017 20:12
Cualquier cambio en el precio del petróleo o en la cotización del tipo de cambio, constituye un grave riesgo para el país.
Cualquier cambio en el precio del petróleo o en la cotización del tipo de cambio, constituye un grave riesgo para el país.
Foto propiedad de: Internet

La disponibilidad de los ingresos públicos previstos para 2018 están sustentados en supuestos y, por tanto, en el azar, en la suerte.

El acuerdo establecido entre las autoridades hacendarias y los legisladores se basa en tres ejes: el tipo de cambio, el precio del petróleo y la recaudación mediante la rigurosa aplicación de los impuestos.

Con excepción de la parte tributaria, el tema del petróleo y el tipo de cambio están totalmente fuera del control de las autoridades, por lo que no hay certidumbre de que se puedan alcanzar los 43 mil 291 millones de pesos adicionales autorizados por los diputados para la Ley de Ingresos que, por un total de 5 billones 279 mil 667 millones de pesos, se utilizarán para financiar el gasto federal del próximo año en el que se llevarán a cabo las onerosas elecciones presidenciales y la reconstrucción de los daños provocados por los terremotos y los huracanes.

De la manera en la que se ha establecido, los recursos adicionales se basan en el cambio de dos de los principales indicadores establecidos en los Criterios de Política Económica para 2018 que originalmente envió el Ejecutivo Federal al Congreso de la Unión: el precio del dólar y la cotización del petróleo en el mercado internacional.

En materia tributaria, se advirtió en anterior comentario, que se aplicaría un supuesto de la Ley del Impuesto Sobre la Renta (ISR) para modificar la tarifa de este gravamen aplicable a las personas físicas cuando la inflación supere el 10 por ciento en un periodo determinado. Si bien esto no representa cambios para la tasa del impuesto (que llega a un máximo de 35 por ciento), permite actuar directamente sobre la base de contribuyentes y de esa manera ampliar los ingresos federales.

De tal manera, las autoridades y la mayoría priista junto con sus satélites políticos y otros partidos se dedicaron a modificar la previsión del precio promedio del petróleo para 2018, que inicialmente se estimó en 46.00 dólares para elevarlo a 48.50 dólares por barril.

Pero también hicieron lo mismo con el tipo de cambio que primero fue fijado en un ponderado anual de 18.10 a 18.40 pesos por dólar.

Fue así como se llegó a la cifra de los más de 5 billones 279 mil millones de pesos.

En consecuencia, cuando menos, dos de los tres soportes de los ingresos federales se basan en factores totalmente alejados al desenvolvimiento de la economía mexicana. En deseos, no en la realidad. Ambos dependen de situaciones y condiciones determinadas por el mercado global y por decisiones que pudieran imponer naciones productoras o con gran influencia financiera.

Cualquier cambio en el precio del petróleo o en la cotización del tipo de cambio, constituye un grave riesgo para el país.

En el caso del valor internacional de los hidrocarburos, eventualmente las variaciones se pueden cubrir si las autoridades mexicanas adquieren oportunamente un fondo de cobertura, que de manera general actúa como un seguro de riesgos ante variaciones de precio.

Por cuanto a las divisas, el tema es más complejo porque cambiar la cotización promedio del peso frente al dólar porque, si bien puede arrojar la ilusión de que tenemos más ingresos por cambios en el valor del petróleo, pero al mismo tiempo incrementa el costo y el valor de la deuda en dólares.

Además, ese cambio permite ampliar la contratación de deuda pública, lo que se traducirá en más sacrificios para la sociedad.

Lo aprobado por los legisladores no parece estar sustentado en el análisis de la realidad nacional e internacional; mucho menos considerando la advertencia del Banco de México en el sentido de que el país cruza por una preocupante atonía de inversión privada, sino en generar una incierta percepción de solidaridad política con la reconstrucción de los daños causados por los desastres naturales, pero sobre todo la voracidad por vivir en el poder aprovechando las elecciones de 2018.

@lusacevedop