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Columnas

Libros de ayer y hoy. Muerte de niños y la desmemoria oficial

mié 20 sep 2017 15:42
¿Qué fue lo que impidió que muchas construcciones de la capital del país, fueran sometidas a escrutinio técnico contra los temblores, como lo exige la ley?
¿Qué fue lo que impidió que muchas construcciones de la capital del país, fueran sometidas a escrutinio técnico contra los temblores, como lo exige la ley?
Foto propiedad de: Reforma

 

 Es  la persistencia de la memoria lo que nos recuerda que muchos no debieron haber muerto y que decenas  de edificios no se debieron haber derrumbado  en la Ciudad de México.  Ciento diecisiete en ésta, 224 en un total de último momento, con el saldo más terrible de muerte de infantes. 

¿Qué fue lo que impidió que muchas construcciones de la capital del país, fueran sometidas a escrutinio técnico contra los temblores, como lo exige la ley? Si 32 años después un sismo se manifiesta en la misma fecha en la que se aposentó trágicamente otro en 1985, la coincidencia cimbró a muchos tras el bamboleo espantoso que causó el del 19 de septiembre pasado.

La naturaleza no olvida y lo estamos viendo con el cambio climático y los estragos que causa una vida disipada. Se habla incluso de  fechas claves en la vida de los seres humanos como el paso de la niñez al inicio de la adolescencia – para erradicar ciertas enfermedades, por ejemplo-, y se comprueba.

Pero de ahí a que la naturaleza conozca las fechas exactas,  como para presentarse con un fenómeno tanto o más aparatoso que el primero, ni el más grande experto  lo creería. 

Richter no hubiera opinado, solo hubiera dicho: “Quédense donde están ...¡y encomiéndense a dios”! El problema, pues, no es la naturaleza sino el ser humano.

Después del sismo del 85, con sus respectivas  réplicas, una de  las lecciones que se aplicaron, fue la de la actualización de la ley de construcciones para obligar a seguir ciertos lineamientos que reforzaran los inmuebles contra los embates de los sismos. Se lanzó una ley en 1986 y se han ido actualizado otras como las Normas  Técnicas Complementarias para Diseño por Sismo.

Pero la corrupción  imperante hace que muchos constructores eludan  la ley o abaraten costos, lo que altera la aplicación de la norma.

Expertos de la UNAM han advertido que dadas las características de  la ciudad, es pertinente hacer leyes más severas para las nuevas  construcciones y exigir a las antiguas que presenten documentación  y se adapten a esas normas.

La caída estrepitosa de decenas de edificios, las resquebrajaduras, las grietas y derrumbes internos de paredes, demuestra que no se siguió la norma que supuestamente debería de seguirse desde 1986; así se trate de antiguas construcciones que tendrían que ser resanadas para ponerlas al corriente.

Por el contrario en la CDMX – y es lo mismo en otras ciudades-, se flexibilizó la construcción con intereses que llamaban  -y llaman- a suspicacia, aunque se argumentaba el estímulo de la economía y el desarrollo del empleo.

En los años de esta administración  ha sido permanente la denuncia contra esas constructoras, pero siempre se han puesto los oídos sordos.

 ¿Habrán aplicado esos monstruos que casi todos tenemos a un  lado, las normas de seguridad contra los sismos? ¿Se habrá exigido que todas las construcciones del DF fueran sometidas a escrutinio para detectar debilidades en su estructura?

Si se hizo es un secreto muy bien guardado. Un secreto que ha favorecido la muerte de muchos capitalinos –  decesos de niños, lo más terrible-, y  la destrucción de decenas de edificios ¿cuál de los dos gobiernos será culpado, el federal o el local?

En la impunidad reinante ninguno de los dos, menos en vísperas electorales, a menos que se produzca una verdadera expresión popular para exigir culpables. Muy famoso se ha hecho el libro del psicólogo estadounidense Daniel L. Schacter Los siete pecados de la memoria. Cómo olvida y recuerda la memoria. ( editorial Ariel 2003) que termina con la persistencia de la memoria cuando uno quiere olvidar algo y otro en el paso del tiempo o transitoriedad, en la que se apuesta al devenir de los días para olvidarse de ciertas cosas.

Eso parece que ha sucedido en la capital. Se les olvidó su pasado arcilloso y sus problemas de hundimiento. Y evitaron recordar, no obstante la presión  de su memoria, que era urgente aplicar la severidad de las leyes  en casos de sismos.

Eso nunca llegó como lo estamos viendo; de ahí tanta destrucción.