sábado 16 de diciembre de 2017 | 04:39
Columnas

Elecciones damnificadas: ¿partidocracia contra ciudadanía?

@ruizjosejaime mié 20 sep 2017 10:58
Ante la calamidad provocada por los desastres naturales, ¿es legítimo el presupuesto exorbitante y, por tanto, insultante, de los partidos políticos?
Ante la calamidad provocada por los desastres naturales, ¿es legítimo el presupuesto exorbitante y, por tanto, insultante, de los partidos políticos?
Foto propiedad de: internet


Después de los desastres naturales, las elecciones del 2018 ya no serán las mismas. No sólo hay damnificados por huracanes y sismos, los mexicanos seguimos dañados por nuestra clase política. Ayer, sin embargo, fue una excepción: las autoridades se solidarizaron con la ciudadanía. Esa es la gran diferencia entre 1985 y 2017.

Las elecciones también se dañaron. 1985 marcó el divorcio total entre autoridades y ciudadanos. Los resultados de las elecciones de 1988 son la evidencia. Para subsistir, el presidencialismo del sistema político mexicano tuvo que reconvertirse en una partidocracia: en el 85 se cayó la ciudad, en el 88 el sistema, y no sólo de cómputo. Es deseable que el desastre natural se transfigure en una reinvención social. Veinte años después, los mexicanos pueden dar otra muestra cívica en las próximas elecciones. Ahora no se trata de acabar con la presidencia imperial (Krauze prolongando a Cosío Villegas) sino con la partidocracia.

Ante la calamidad provocada por los desastres naturales, ¿es legítimo el presupuesto exorbitante y, por tanto, insultante, de los partidos políticos? Vale madre si sea legal o ilegal que una parte del presupuesto de los partidos, como propone Morena, se dedique a apoyar a los damnificados, la desgracia humana y social no sólo lo hace pertinente, lo vuelve urgente. ¿Si lo legal no es legítimo para qué es legal?

Los desastres metieron a la partidocracia en una encrucijada: o siguen lucrando con los presupuestos o se solidarizan con los ciudadanos. Veinte años después, el dilema del poder sigue siendo el mismo. Los actores cambiaron. La sociedad se transfiguró, se volvió más crítica no por obra y concesión del poder, sino por las nuevas tecnologías, por el acceso a las redes sociales que empoderan.

Hasta ahora el único actor con un discurso coherente en contra de los presupuestos de la partidocracia es Andrés Manuel López Obrador. No se le puede tachar de oportunista por el sismo de ayer, menos de populista porque su propuesta de dar parte del presupuesto de Morena a los damnificados acierta en lo esencial, es decir, poner por encima del sistema político mexicano los intereses de la ciudadanía; eso que debe ser, pero nunca es.

Dime cómo te comportas ahora y te diré quién serás en el 2018. La calamidad también provoca oportunidad. Enrique Peña Nieto puede reinventarse si deja de ser el presidente aprobado en sus primeros años, regular en los siguientes y simplemente malo hoy. ¿Hay visos de cambio? Los próximos días lo sabremos. Y, sin embargo, la sombra de Miguel de la Madrid se ciñe sobre él. Abucheado por la multitud del Estadio Azteca, De la Madrid pesa sobre Peña Nieto que dos décadas después es abucheado, por diferentes causas, por la multitud de las redes sociales. Peña Nieto tiene que decidirse, al elegir su candidato, a ser otro De la Madrid o un agente de cambio –la elección del Estado de México prefigura que seguirá siendo inercial.

Después del desastre, hacerle al sastre. Ricardo Anaya, Rafael Moreno Valle, Margarita Zavala, José Antonio Meade y Aurelio Nuño requieren de una nueva costura, de suturar las heridas que mantienen con el tejido social. Dime cómo te comportas ahora y te diré quién serás en el 2018. El sismo de ayer pondrá a prueba a todos los que buscan la Presidencia de la República.

Un caso aparte es Miguel Ángel Mancera. ¿Cómo abandonar la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México después de este nuevo 19 de septiembre? ¿Optar por sus intereses personales y no por los intereses de los habitantes de CDMX? Hoy por hoy, Miguel Ángel no tiene salida política. Si opta por dejar la jefatura, difícilmente el Frente lo aceptará como candidato porque el voto de la capital le recriminará su “huida” y habrá un voto solidario nacional con los capitalinos. Si opta por quedarse y desempeñar la responsabilidad que le fue conferida –ampliamente votado, los ciudadanos lo autorizaron como autoridad– perderá la presidencia.

Las elecciones del 2018 fueron “dañadas” por el sismo de ayer. Ya no podrán ser las mismas y Lorenzo Córdova tampoco tendrá gran espacio de maniobra. Sus acciones a favor de la partidocracia lo deslegitiman. En el 2018: ¿de nuevo la partidocracia contra la ciudadanía? La clase política tendría que recordar aquella canción de Rockdrigo: “Si alguna vez has estado al revés/ sabrás ya bien a qué huelen tus pies”.