sábado 16 de diciembre de 2017 | 04:39
Columnas

Réplica a “El sinuoso camino de Andrés Manuel”, de Liébano Sáenz; @liebano

@NietzscheAristo lun 18 sep 2017 21:41
. Se agradece que en su planteamiento crítico Liébano Sáenz no caiga en el facilismo de interpretar la figura de López Obrador a través de la perspectiva de un psicologismo freudiano ramplón.
. Se agradece que en su planteamiento crítico Liébano Sáenz no caiga en el facilismo de interpretar la figura de López Obrador a través de la perspectiva de un psicologismo freudiano ramplón.
Foto propiedad de: Internet

 

El domingo 17 de septiembre por la mañana recibí por WhatsApp el texto del político y columnista Liébano Sáenz, “El sinuoso camino de Andrés Manuel” (Milenio; 16-09-17). Un tanto extraño, pues el estilo de envío, que se repitió a varias personas conocidas, es el de la propaganda, la desinformación o desorientación con el fin de causar una impresión desfavorable, un daño político contra un objetivo determinado. En este caso, infundir y promover la sensación de que como en 2006 y 2012 y pese a lo que hoy dicen las encuestas, el triunfo de López Obrador en 2018 -para satisfacción del sistema, el régimen, el establishment- es evitable.

Más tarde leí “¿Está muerto, políticamente hablando, Andrés Manuel? ¿Le creen ustedes a @liebano?” (SDPnoticias; 17-09-17), columna de Federico Arreola donde señala que el texto de Sáenz “ha llamado la atención de algunas personas inteligentes” y se lo han mencionado “como la irrefutable demostración de que Andrés Manuel López Obrador no ganará las elecciones presidenciales del próximo año”. Por ello reproduce los argumentos básicos del artículo referido y al final, después de decir que él no le cree a Sáenz, afirma que el político ha cometido errores (corregibles) y “que no pocas personas influyentes han empezado a pensar exactamente lo mismo que el ex secretario particular de Ernesto Zedillo”.

Escribí dos tuits en relación al asunto: 1. “Es lodo”. Que se trata de guerra sucia; es decir, me refiero al envío en cadena de este texto, como se ha hecho con otros, con la clara intención de dañar, de minar la favorable percepción social sobre AMLO. 2. Que otra cosa no podría escribir Sáenz; es decir, conocemos su tendencia pro-sistema. El aludido tuvo la atención de tuitearme convocándome a que leyera su texto (cosa que había ya hecho), que no me permitiera “ser seducido por los juicios de terceros sobre éste”. No sé si el tercero en cuestión que refiere sea Federico Arreola o bien quien haya enviado masivamente su artículo por WhatsApp. Tomo su convocatoria y lo releo para escribir esta réplica.

Primero. Se agradece que en su planteamiento crítico Liébano Sáenz no caiga en el facilismo de interpretar la figura de López Obrador a través de la perspectiva de un psicologismo freudiano ramplón, como ha hecho Enrique Krauze y reproducen constantemente sus seguidores conceptuales a los cuales he calificado como sus hijos putativos. Aunque el tramado argumental del artículo quiere llevar a una percepción psíquica: la derrota de López Obrador en 2018, al menos procura el esfuerzo de la interpretación del discurso y los datos.

Segundo. Es evidente que la crítica de Sáenz surge de quien está básicamente de acuerdo con el sistema económico y político actual. Su cotejo parte de ratificar al sistema contra lo que el político opositor representa para el mismo y cómo, de lograr la victoria en 2018, “afectaría” el desarrollo del país a partir de su visión “estatista”. La perspectiva del articulista es la de quien ha tomado parte, por muy malo que sea, por lo que ya existe y desconfía de un cambio; en consecuencia, presenta pruebas contra la posibilidad de ese cambio.

Tercero. Partiendo de su visión pro-sistema, del estado en que se encuentra hoy el país como algo deseable, olvida que la “amenaza” para el sistema ya gobernó alguna vez la Ciudad de México y existen estudios técnicos, no sólo la percepción, del éxito de su gobierno. Es en este punto donde debiera Sáenz centrar su análisis crítico. Sería una forma técnica, seria, de cotejar a López Obrador contra el sistema que le place al articulista.

Cuarto. Pasando a los datos del texto (que Arreola reproduce en un listado de 17 puntos), he de decir que concuerdo con algunos de ellos. Por ejemplo, que fue un error de López Obrador no asistir al primer debate en 2006, que acaso también lo fue sucumbir al acoso de Vicente Fox y llamarlo Chachalaca; que en 2012 le afectó el escándalo del supuesto recaudador uruguayo destapado por El Universal. Pero como análisis para explicar la derrota, no basta. Tiene usted que contextualizar, Liébano Sáenz: 1. la guerra de lodo en 2006 y las muchas irregularidades que han planteado y plantearán siempre la condición del fraude entonces. 2. La estrategia de hacer desaparecer la presencia competitiva de López Obrador y la promoción desmedida de Peña Nieto hacia 2012. El medio donde usted colabora, Milenio, creó un “Daily Tracking” con la encuestadora GEA-ISA que llegó a darle al candidato del PRI más de 30 puntos de ventaja sobre el candidato de izquierda. Al cierre de las encuestas, después de 100 días de medición, se estableció hasta un 20% de diferencia entre ambos contendientes. Usted sabe que no se trató de un error que la diferencia sólo fuera de poco más de 6%; fue parte de una estrategia. ¡Hasta perdón (simulado) tuvo que pedir Gómez Leyva!, “A nombre de Grupo Milenio yo señalo que editorialmente no hay justificación que valga”. Muy conveniente después de meses de engaño técnico para contribuir a inducir la elección. También estoy de acuerdo en que López Obrador debe de serenarse en relación con los periodistas que usted llama “independientes”. No vale la pena embarcarse en pleitos con quienes una y otra vez reiteran sus acometidas. Imagino que ha de ser muy difícil contenerse ante tanto ataque y calumnia. De todas maneras, contrario a lo que usted comenta, en 2017 ha tenido buen desempeño en entrevistas con Ciro Gómez (quien hizo defensa a ultranza de Peña y su gobierno), Jorge Ramos, Carmen Aristegui, René Delgado, Agencia Bloomberg de Nueva York, La Silla Roja.  

Quinto. Es más que obvio que si López Obrador es un verdadero opositor, tiene que manifestar una diferencia entre su proyecto y el del sistema y régimen actuales. Así, en temas como el de las llamadas reformas estructurales o el aeropuerto. En cuanto al aeropuerto me parece mejor su plan que el del gobierno; hay estudios técnicos disponibles, usted lo sabe. En cuanto a la reforma energética ha dicho que se revisarán los contratos ya establecidos, que no se eliminarán. Natural, sabemos del grado de corrupción que hay en torno a ello. ¿Y qué tendría de negativo, por otro lado, preguntar al país sobre la reforma energética que fue impuesta, jamás consultada?

Sexto. De nuevo, sin contextualizar, se refiere usted al comportamiento del político opositor en la elección pasada en el Estado de México. No le merece ningún comentario el evidente fraude encabezado por Peña y su gabinete para imponer a Del Mazo III (que presagia lo que intentará el sistema el próximo año). Juan Zepeda jugó en beneficio de ese fraude; ¿no lo vio usted en la toma de posesión del tercero de la dinastía? Por otra parte, Me parece muy desafortunado su juicio en torno al caso del llamado Frente Amplio: que es producto del despotismo de López Obrador hacia sus aliados. ¿Qué no es resultado de la ambición personal de las cabezas de ese Frente, Barrales, Anaya y Delgado?

En fin, así podría tratarse cada uno de los puntos que usted aborda; no quiero extenderme, pero si se da la ocasión, se puede hacer el cotejo puntual. Me parece bien que convoque usted al debate.

La mayor falta de su texto, Liébano Sáenz, no es la intención tras la adjetivación “sinuoso”, eso es válido. Las mayores faltas son la ausencia de contextualización histórica y política para establecer juicios que remiten hasta 2006 y aún antes, y no partir del juicio de que si se trata de un opositor, sus propuestas tenderán a diferenciarse del sistema. La nota positiva habría sido que diera usted un espacio en el análisis, como elemento sustancial del proyecto del opositor para derrotar al sistema, a la conformación cancerígena que corroe al mismo: la corrupción. Esa es una de las debilidades cruciales del sistema que gobierna y se convierte la fortaleza del opositor. De allí que algunos analistas serios, Lorenzo Meyer, por citar uno, definan al sistema actual como una cleptocracia; y de las peores. Y de allí también que si bien no hay nada garantizado en la vida, existen altísimas probabilidades de que en 2018 los mexicanos alcancen al fin el cambio que el país y su gente necesitan casi desesperadamente. Pero para terminar este texto en términos técnicos, junto con un saludo le ofrezco un punto más.

Séptimo. Contrario a los que señalan que López Obrador crea desconfianza entre los empresarios, la ruta en esa dirección -según han señalado las notas periodísticas y según las adhesiones que ha ido logrando durante los últimos meses-, va bastante bien (lo de Nueva York lo podemos tratar por separado). Como ejemplo, le invito a ver el testimonio de un colaborador cercano al político opositor, el empresario Alfonso Romo. Señala allí que no se sumó por mera simpatía desde 2012 al proyecto opositor, antes de hacerlo solicitó un análisis sobre el gobierno de López Obrador en la Ciudad de México. Un análisis de empresario que, como si fuera a comprar un negocio, comparó, a través de estudios encargados a especialistas, los respectivos gobiernos de AMLO y Marcelo Ebrard en la Ciudad de México y de Peña Nieto en el Estado de México, en tres rubros básicos: presupuesto y deuda, seguridad y ejercicio del estado de derecho. Resultado: Primer lugar, “mejor y por mucho”, AMLO; Ebrard quedó en segundo lugar; Peña Nieto en un lejanísimo último lugar. Y ya todos conocemos las consecuencias devastadoras de su gobierno para el país. Ver detalles aquí; entrevista de Leo Zuckerman a Alfonso Romo: