miércoles 22 de noviembre de 2017 | 11:36
Columnas

Cabify no garantiza seguridad de sus pasajeras ¿que opinan de eso sus inversionistas?

@Manuel_Ibarra mié 13 sep 2017 13:10
Foto propiedad de: Juan de Antonio debe explicar a sus inversionistas porque un chofer de Cabify podría estar implicado en trata de personas.

El caso de la desaparición de la estudiante Mara Fernanda Castilla a manos de uno de sus socios pone en riesgo la viabilidad de esta empresa de transporte respaldada por capitales de Japón y Silicon Valley.

Cuando las empresas de transporte basadas en Internet como Uber y Cabify llegaron a México, promovieron su producto con dos ejes principales: 1.- Costos más bajos que los abusivos precios de los taxis de sitio y 2.- Seguridad.

Sin embargo, el caso de la desaparición de la joven universitaria Mara Fernanda Castilla el pasado viernes demuestra que, al menos en el caso de Cabify, la presunta “mayor seguridad” de este servicio es una estafa. Una burla. Letra muerta.

De acuerdo a los propios postulados de Cabify, “Los coches y conductores de Cabify pasan por una rigurosa selección y una serie de filtros. Todos los conductores deben aprobar exámenes psicométricos, toxicológicos (análisis de alcohol y drogas), examen médico y examen visual (algunos países) además de una prueba de conocimientos de la ciudad. Los interesados deben demostrar que no tienen antecedentes penales o infracciones de circulación”.

La pregunta es: ¿como es posible que un pájaro de cuenta como Ricardo Alexis “N” (su nombre completo, por cierto, está ampliamente disponible en redes sociales), con turbios antecedentes que lo llevaron a abandonar Uber, pudo pasar estos prácticamente inexistentes “filtros” y esa “rigurosa selección”? ¿Cuantos otros criminales están en estos momentos al acecho, conduciendo vehículos como “socios” de Cabify, a la espera de más jóvenes indefensas a quienes violentar?

Este caso es una debacle para Cabify. Un escandaloso crimen que pone en duda la viabilidad de esta empresa en el futuro cercano.

Cabify no es una simple “Startup” con oficinas en una cochera, tal como nos dicta el imaginario romántico difundido en cintas como “Piratas de Silicon Valley”. Cabify es una empresa respaldada por grandes capitales, como lo son Rakuten, de Japón, Seaya Ventures de España y AngelList, de Estados Unidos. Apenas en mayo de este año, se anunció una nueva inversión de este trío de “capitalistas de riesgo” en Cabify por 100 millones de dólares.

Y aquí el verdadero riesgo es para los usuarios de Cabify, más que para los que ponen el capital. Hace apenas hace unas horas, Alejandro Sisniega, “Country Manager” de Cabify en México admitió en entrevista con Javier López Díaz que los usuarios de su servicio “no están blindados” y que casos de desapariciones forzadas como el de Mara Fernanda “no se pueden evitar”.

¿Cual es la “plusvalía” que ofrece Cabify entonces? ¿Cual es el verdadero plan a futuro de esta empresa basada en Madrid, más allá de engordar los bolsillos de Juan de Antonio y alguno que otro inversionista?

No hay que perder el enfoque: aquí lo importante es que Mara Fernanda regrese con su familia sana y salva. Pero bien harían los inversionistas detrás de Cabify (Rakuten, AngelList y Seaya Ventures) en cuestionarse si la empresa fundada por Juan de Antonio es viable a futuro, si ni siquiera cuenta con filtros de seguridad reales para contratar socios que no resulten ser criminales y si no puede garantizar la seguridad de sus usuarias.

¿O es más importante para ustedes hacer dinero que proteger vidas humanas, como la de Mara Castilla y la de tantas otras personas, señores?