lunes 25 de septiembre de 2017 | 10:01
Columnas

En Contexto. El terremoto agravó la crisis

@lusacevedop mar 12 sep 2017 21:18
Es prematuro cerrar una cifra del desastre, pero podrían ser 100 mil, quizá menos, Es lo deseable.
Es prematuro cerrar una cifra del desastre, pero podrían ser 100 mil, quizá menos, Es lo deseable.
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Mientras pasan los días y se lleva a cabo el balance de los daños provocados en Chiapas, Oaxaca y Tabasco por el peor terremoto que se tenga memoria en los últimos 100 años, crece la pena por la decena de miles de familias que, al perder su casa, prácticamente lo perdieron todo, incluidas sus expectativas.

Es prematuro cerrar una cifra del desastre, pero podrían ser 100 mil, quizá menos, Es lo deseable.

De los tres estados cercanos al epicentro del sismo de 8.2 grados en la escala de Richter, en Oaxaca se vivió lo peor de la tragedia. En 41 de sus municipios se hizo la declaratoria de desastre, pero tan solo en Juchitán se identificaron más de 14 mil viviendas seriamente afectadas de las que, transcurridas las primeras 24 horas, entre ocho y 10 mil fueron consideradas con serios daños estructurales, cifra que crecería conforme pasaban los días y se sumaba el censo de localidades como Ixtepec y otros municipios del Istmo de Tehuantepec.

En los municipios costeros de Chiapas, la cifra de familias que no podían vivir en su casa a causa del desastre natural hizo crecer el saldo. Y mientras se avanzó en la zona se confirmó que también en Tabasco, muchas familias virtualmente quedaron sin techo.

A este problema se les ha sumado la inseguridad física y la de sus bienes, la falta de satisfactores básicos y, en muchos casos, la posibilidad de generar recursos suficientes para subsistir, porque muchos empleos si no se perdieron, se postergaron.

Por si fuera poco, escuelas, hospitales y edificios públicos se desplomaron. En Juchitán, el Palacio Municipal, considerado una joya histórica se colapsó y sus ruinas sepultaron a varias personas.

Hay que reconocer que ningún desastre en la historia reciente del país dejó sin hogar a tantas familias, ni el terremoto de 1985 afectó con tal magnitud a tantas personas.

No hay recursos financieros, mano de obra, ni logística para hacer frente a este problema con la velocidad que se requiere. La solución no está en el corto y, quizá, ni en el mediano plazo. El tiempo apremia y ahí está la parte medular del problema.

Hace falta imaginación y, sobre todo, voluntad política no solo para reconstruir los daños del terremoto sino para relanzar las zonas afectadas que, por si fuera poca su suerte, forman parte de las zonas económicas y sociales más atrasadas del país.

En el Congreso se va a debatir el Presupuesto para 2018 y no se ve el talento necesario para dejar de lado la voracidad de los participantes en la campaña política, como tampoco se advierte que los legisladores sean capaces de buscar opciones inteligentes para reordenar el rumbo del país, o cerrar el paso a la corrupción, y eso si es grave. 

Ha circulado en redes sociales la propuesta de destinar 20 por ciento del presupuesto federal de 2018 para las campañas políticas para reconstruir las viviendas prioritariamente.

También, que los partidos políticos destinen el mismo porcentaje de sus recursos actuales o por recibir para el mismo destino.

En el caso de escuelas y hospitales, la previsión presupuestal dispone de recursos suficientes, pero para lo que no alcanzaría es para restituir las viviendas ni para relanzar económicamente a los damnificados.  

La tragedia abrió la posibilidad de dar un giro radical a las expectativas del país, lo que queda en duda es la voluntad de los políticos y la solidaridad de los constructores, que no estaría de menos.

@lusacevedop