miércoles 22 de noviembre de 2017 | 11:35
Columnas

Andrés Manuel, Monreal: polvo, lodo, cascajo

@ruizjosejaime mar 12 sep 2017 11:58
La “honestidad valiente” de Andrés Manuel es una farsa.
La “honestidad valiente” de Andrés Manuel es una farsa.
Foto propiedad de: Internet

Polvo de aquellos lodos, a Ricardo Monreal y a Andrés Manuel López Obrador los une el PRI. Tránsfugas del partido, no del sistema, siguen cortados por la misma tijera: más que de sastre, cajón desastre. El fango los define, ni uno ni otro pueden llamar a la pulcritud, menos moral. Y así, podemos decir quién es peor, no quién es mejor. “Expect poison from the standing water”, suscribió Blake.

El sistema político mexicano da para más porque, estancado, produce veneno. La “honestidad valiente” de Andrés Manuel es una farsa. Ahí siguen Carlos Imaz, René Bejarano. Títere de Alfonso Romo, López Obrador decide a través de esos hilos. La salida de Ricardo, entonces, es la crónica de una expulsión anunciada. Y el cascajo casi se regala: unos para allá, otros para acá.

Cascajo de aquellas ruinas. Ya lo ironizaba Carlos Castillo Peraza quien tuvo la prudencia final de renunciar al PAN: “receptores de cascajo priista”. El cascajo es el sustantivo de la elección que viene, de las elecciones que vienen. José Antonio Meade, cascajo religioso-ciudadano para el PRI. Margarita Zavala, cascajo panista para una candidatura “independiente”. Ricardo Monreal, cascajo reciclado de Morena para el Frente. Y así.

“El PRI, el PAN y sus asociados son partidos paleros que quieren que se mantenga este régimen corrupto, entonces si Ricardo Monreal se va con los partidos corruptos, pues que lo piense muy bien, son momentos de definición, no hay término medio, es con el cambio o con el régimen de corrupción, nada más; cambio sí o cambio no, lo demás es –como dicen los jóvenes­­– puro choro mareador”, chorea Andrés Manuel.

Y así expulsa a Ricardo Monreal.

Y así emprende la ruta de su nueva derrota desde su corrupto partido. Las victorias no son divinas, lo supo la cólera del pélida Aquiles, son terrestres. Sin estructura territorial nadie gana una guerra, sin Ricardo, menos. Ni el cascajo ajeno ni el cascajo propio. En el agua estancada de la política del país, prevalece el veneno, no la pócima.