martes 19 de septiembre de 2017 | 05:23
Columnas

EL TLCAN nuevamente a debate

@catulo63 sáb 19 ago 2017 11:37
TLCAN, la renegociación
TLCAN, la renegociación
Foto propiedad de: Internet

La renegociación respecto del contenido y alcance del Tratado de Libre Comercio, iniciada el pasado 16 de agosto en la Ciudad de Washington entre las altas partes contratantes, como se dice en el lenguaje de la diplomacia; abre un enorme dejavú en la psique profunda de nuestra sociedad respecto de los sucesos vividos en el último cuarto de siglo; situación tal en la que bien podríamos rememorar los versos de Virgilio en La Eneida: “tiembla mi alma con sólo recordar esos momentos”.

Hasta el momento, sin embargo, pocas han sido las voces que se han manifestado al respecto, acaso, debido a que las conciencias de un pueblo entero se encuentran laceradas ante las cicatrices que los sucesos acontecidos desde entonces y hasta los días que corren les han infringido; tal y como se dice en la letra de “La Hiedra”: “Pasaron desde aquel ayer, ya tantos años, dejaron en su gris correr, mil desengaños”.

Indiscutiblemente, una de las voces que se han manifestado al respecto, de manera por demás lúcida e inteligente ha sido la de Arturo Huerta González, a quien he tenido, no sólo  el gusto de escuchar tanto en la sala de cabildo del ayuntamiento de Atlixco como en el senado de la República  en la conferencia patrocinada por los legisladores Manuel Bartlett Díaz y Layda Sansores, sino de leer con verdadero interés su más reciente libro El Ocaso de la Globalización, cuya lectura resulta indispensable en las actuales circunstancias.

En aquellos ayeres, mientras se discutían las medidas a seguir para la implementación del tratado en cuestión, y las consecuencias de las negociaciones en el marco del GATT de 1947 dentro de la denominada “Ronda Uruguay”, las mejores mentes se dedicaron a plasmar sus consideraciones ante la opinión general; así, por  ejemplo,  Fernando Alejandro Vázquez Pando y Loretta Ortiz Alhf, así como Carlos Arellano García escribieron  sendas obras por demás interesantes sobre el acuerdo comercial.

Por esas fechas, asimismo, en los que en lo personal colaboraba como articulista de la sección de “Análisis” del diario El Financiero, su entonces director Alejandro Ramos Esquivel publicó un libro, desde la perspectiva nacional, sobre la inminencia de una guerra comercial entre bloques que rememoraba otro libro publicado por esas mismas fechas y que era de la autoría del entonces jefe del consejo de seguridad económica de la “administración Clinton” : Lester Thurow.

Por supuesto, viene a mi mente Callejón sin salida, libro que plasma el lúcido diagnóstico que avizoró en la época mi mentor, maestro y amigo José Ángel Conchello Dávila, paisano por lo demás de Arturo Huerta y cuyas reflexiones, han encontrado al paso del tiempo, una enorme similitud de perspectivas.

Por otra parte, el mismo día 16 se presentó en la Ciudad de Puebla una novela policíaca de mi autoría sobre el referido Tratado de Libre Comercio denominada El Retablo del Perdón, y que pretende ser una modesta contribución al necesario debate relativo a la renegociación en marcha del instrumento internacional que ha marcado la fisonomía del país en las últimas décadas, determinando con su aplicación la vida y el destino de toda una generación; presentación que corriera a cargo de hombres tan destacados en el acontecer nacional como al efecto lo son  Luis Benavides Ilizaliturri y Antonio Tenorio Adame.

Coro de pocas voces, algunas de peso por demás modesto como es la mía, a la que habría que sumar otras verdaderamente emblemáticas como lo serían las de Cuauhtémoc Cárdenas que emitió un comunicado por demás encomiable el mismo día 16 y ni qué decir la de una de las mentes más lúcidas de nuestro país como lo es en efecto la del profesor John Saxe-Fernández, quien asistió a la conferencia magistral de Arturo Huerta en el senado complementando el riguroso diagnóstico del don Arturo con su peculiar sapiencia; y sin embargo, pareciera que en los días que corren no existe en nuestra sociedad en entusiasmo y la vitalidad con la que se volcó a debatir el destino de la nación hace ya un cuarto de siglo, por algo será.

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