viernes 22 de septiembre de 2017 | 03:35
Columnas

El comienzo de un despertar…

@SoniaGutLeon vie 18 ago 2017 08:35
Miles y miles de mujeres y hombres de todas las edades y estratos sociales, marchando desde el Auditorio Nacional hasta el Zócalo, en contra del desafuero de AMLO
Miles y miles de mujeres y hombres de todas las edades y estratos sociales, marchando desde el Auditorio Nacional hasta el Zócalo, en contra del desafuero de AMLO
Foto propiedad de: Internet

Tengo que confesar que harta de los gobiernos del PRI y de la estela de crímenes que venían dejando por todo el país, en el año 2000 voté por Vicente Fox, pensando al igual que muchas personas, que sí tenía conectada la lengua con el cerebro, significaría un cambio y una transición democrática en México, pero al poco tiempo, nos dimos cuenta que no bastaba con un discurso ranchero y provocador, si no que los hechos deberían de hablar por sí mismos en las acciones de gobierno. Fue así como a partir del 2002 cuando ya estaba arrepentidísima de haber votado por Fox, empecé a investigar quién era el tan mentado Andrés Manuel López Obrador.

Yo viví mis primero 23 años en el Distrito Federal, salí en 1986 cuando me vine a vivir a Guadalajara, Jalisco, así que no me tocó vivir el proceso de cambio que se gestó en esa ciudad a partir de 1988 cuando se cometió el gran fraude electoral contra el Ing. Cárdenas.

 A pesar de que no estaba tan enterada de la política en México, simpatizaba con la idea de que gobernara otra corriente que no fuera el priismo de siempre. Y así fue que empecé a adentrarme en las redes ciudadanas en contra del desafuero de López Obrador, más o menos a dos años del foxismo leía en los periódicos acerca de los segundos pisos, el tsuru blanco, la pensión para los adultos mayores, la construcción de 16 preparatorias, del metrobús –que como toda obra fue fuertemente criticada- pero que ahora es una alternativa de transporte muy eficiente para la ciudad, y bueno, no voy a enumerar los logros porque seguramente se me pasará alguno; pero cuando realmente se prendió la mecha de la indignación, fue cuando Martita, Fox, Salinas y compañía, haciendo un desmedido uso de las instituciones de poder, quisieron arrebatarle sus derechos políticos e incluso meter a la cárcel a López Obrador. -cualquiera que escuche que lo querían desaforar por abrir un camino para dar acceso a un hospital, pensará que somos un país de locos-, entonces ahí surgió el término que ya es usado como un adjetivo, el lopezobradorismo, término que da pie también a que los antilopezobradoristas nos llamen chairos, pejezombies, locos, solovinos,  etc.

Pues será el sereno, pero mi vida y mi pensamiento dieron un giro de 180 grados cuando presencié, (invitada por mi señor padre quien me pagó el pasaje a la capital de México) una de las manifestaciones más multitudinaria de la historia de México, que fue la marcha del silencio contra el desafuero del 24 de abril del 2005. Mis ojos no podían creer lo que veían… miles y miles de mujeres y hombres de todas las edades y estratos sociales, marchando desde el Auditorio Nacional hasta el Zócalo, en contra del desafuero de AMLO y para defender  nuestro derecho a elegir libre y democráticamente a quien queríamos que fuera nuestro próximo presidente de la República.  Fue impresionante también, el ingenio y creatividad  de la gente para expresar su repudio por el desafuero y abuso de poder del gobierno: desde un gigantesco caballo de Troya, hasta piñatas, dibujos, camisetas, disfraces, leyendas en cartulinas, mantas etc. Por cierto, en esa marcha histórica fue para mí una grata sorpresa ver a artistas e intelectuales de la talla de los hermanos Bichir, Héctor Bonilla, Daniel Giménez Cacho, el Mastuerzo, Luis Mandoki, Isela Vega, Jorge Arvizu el Tata (qepd),  Elena Poniatowska, Fernando del Paso, Federico Arreola y muchos otros más, que también daban su respaldo al Jefe de Gobierno de la Ciudad. Así empezó mi etapa lopezobradorista y mi despertar ciudadano que continúa en uno de los estados más conservadores y difíciles para la izquierda como lo es Jalisco. Pero esa es otra historia que contaré después.