jueves 23 de noviembre de 2017 | 05:58
Columnas

Reconocer el mérito es enaltecer al país

@maloguzmanvero jue 17 ago 2017 07:07
México ocupa el deshonroso último lugar de la OCDE en el nivel de ciencias. En matemáticas y lectura, menos del uno por ciento de los estudiantes mexicanos logran niveles de competencia
México ocupa el deshonroso último lugar de la OCDE en el nivel de ciencias. En matemáticas y lectura, menos del uno por ciento de los estudiantes mexicanos logran niveles de competencia
Foto propiedad de: internet


“Lo que no se define, no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre.” Lord Kelvin

 

El sistema político y de gobierno mexicano propició, hacia la segunda mitad del siglo XX, la formulación de una frase que sigue describiendo la realidad del México contemporáneo: cada seis años se reinventa el país. A veces saltan las ocurrencias y otras veces, se presentan proyectos, planes y leyes que deberían permanecer y demostrar, después de un tiempo, su valía. Con cada nueva administración, muchas ideas quedan inconclusas. Pareciera que, por no dar mérito al gobernante anterior, se prefieren tirar a la basura sin miramientos. En ocasiones, ni siquiera importa si éstas se originaron por del mismo partido que resulta vencedor; persistir en una política pública se convierte en pecado, por lo cual los tiempos políticos la convierten en proyecto abortado.

Lo mismo sucede en el ámbito legislativo. ¡Cuántas iniciativas dormirán para siempre el sueño de los justos! Su defecto radica en pertenecer a la legislatura pasada, a negociaciones ya superadas. No interesa si son iniciativas adecuadas, precisas o esenciales. Después de todo, en este país aceptar y honrar el trabajo ajeno es inadmisible.

Lo anterior sirve para enmarcar y sopesar el peligro que corre la que, tal vez, represente la política pública de mayor trascendencia del siglo en curso: la Reforma Educativa, que fue, es y será fundamental para el futuro de México.

Es cierto, ha tenido algunas deficiencias: la primera, temporal; llegó 30 años tarde (pero llegó). La segunda, su implementación, pues se ha convertido en tarea titánica, establecer acuerdos con una diversidad de actores y estructuras, que fijen tiempos, lineamientos y formas de aplicación adecuadas.

La Reforma Educativa debe considerarse como una política pública que rendirá sus primeros frutos hasta el año 2025. Se gestó en 2013 y precisa de un ciclo completo (primaria a bachillerato) para constatar si los estudiantes lograrán apropiarse y conducirse con los instrumentos necesarios para enfrentar la vida. Particularmente ahora, que sabemos que la educación no consiste únicamente en adquirir conocimientos académicos, sino en aprender a ejercer el derecho humano indispensable para ser felices y alcanzar la realización como individuos.

México ocupa el deshonroso último lugar de los integrantes de la OCDE en el nivel de ciencias (2015). Mientras que, en matemáticas y lectura, menos del uno por ciento de los estudiantes mexicanos logran niveles de competencia. Por lo tanto, si ponemos a nuestros quinceañeros a competir a nivel mundial en ciencias, quedaríamos en el último lugar y, tanto en matemáticas como en lectura, nos ubicaríamos 70 puntos por debajo del promedio del resto de los países miembros.

Esto tiene impactos más allá del salón de clases; estamos preparando generaciones de mexicanos que no cuentan con las herramientas básicas para rivalizar con sus pares internacionales ni para desarrollarse plena e integralmente. Claro está, que dicha información y otra, puede ser utilizada para anotar que la Reforma no funciona. Lo cual es una falacia. La política pública en educación, si se implementa de manera correcta, requiere de tiempo para madurar. La sociedad lo sabe; no en balde la Reforma Educativa constituye la transformación institucional más valorada por los mexicanos en las últimas décadas. Nótese: el debate ya no radica en aceptar la Reforma. Tampoco en si es fundamental la evaluación que ella implica. La polémica -cada vez más reducida- se dirige al terreno de proponer e instrumentar mejoras en su implementación.

Es cierto, la Reforma Educativa es perfectible y, al incluir la medición en esta política de trascendencia, deberá evolucionar. No por medio de chantajes, marchas y caprichos. Lo hará con base en el mérito, ofreciendo una educación real y de calidad; que al mismo tiempo, permita el crecimiento de lo más importante de nuestro México: su futuro, que hoy, ya es su presente.