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Columnas

Nada para nadie

@carlosanguianoz vie 11 ago 2017 14:01
 Hasta en los primeros círculos de López Obrador y de Enrique Alfaro hay semejanzas.
Hasta en los primeros círculos de López Obrador y de Enrique Alfaro hay semejanzas.
Foto propiedad de: Internet

En julio de 2018 habrá una nueva elección presidencial en México. Concurrentemente, los jaliscienses elegirán a su gobernador del estado. Ambas contiendas, se asemejan en algunas aristas: tanto para la presidencia de México como para Gobernador de Jalisco, hay un puntero en las encuestas previas, que ya habían sido postulados en 2012 para el mismo cargo, perdieron la elección anterior, quedaron “cerca” de lograr su meta, y desde esa fecha no han aflojado su campaña de promoción en redes sociales, medios de comunicación tradicionales, actos públicos y construcción de estructuras de apoyo.

Pareciera ser que quien empieza más temprano, no necesariamente avanza más rápido ni recorre mayor distancia. Si eso fuera cierto, Andrés Manuel López Obrador ya habría sido presidente de México en alguno de sus ya varios fallidos intentos. Tampoco es claro que hayan aprovechado el tiempo, pues ni López Obrador en el país como tampoco Enrique Alfaro en Jalisco, han sido capaces de aterrizar estructuras de tierra reales, cautivas, con lealtad a su marca, comprometidas más allá de lo superficial. Ambos tiene, traen, suman y convocan, pero ninguno arrasa, cautiva, enloquece, da certeza, genera confianza y despeja las dudas. Ninguno de los dos es más grande como personaje que la desconfianza de los electores en su origen, en su trayectoria partidista previa, en los excesos que provienen de su personalidad con egos crecidos, con inteligencia sí, pero con ciertos toques de perversidad y un gran pragmatismo alejado de ideales que se entiende como que buscan el poder por el poder.

 Ninguno ha podido encabezar causa social legitima, más bien han dirigido esfuerzos mercadológicos de contacto con electores. Ambos son muy conocidos entre la población, pero sin lugar a dudas, su mayor fuerza proviene del error ajeno y no, no del acierto propio. Entre sus simpatizantes hay más, muchos más, que están decepcionados de otros, que los que están esperanzados en ellos. –salvo los de la nómina, pues-. No hay tantos lopezobradoristas ni tantos alfaristas, como los antipriistas, que esos han crecido cuantitativamente a niveles altos, pero aún no tanto como los que alcanzaron en el año 2000. Incluso los ex panistas suman cantidades muy altas entre los hoy seguidores de ambos referidos aspirantes.

 Hasta en los primeros círculos de López Obrador y de Enrique Alfaro hay semejanzas. No hay pureza en las lealtades, sino que han adaptado valores y principios para incorporar aliados que “les den votos” y “les sumen apoyos”, y ambos equipos han generado ya desplazamiento de sus originales adeptos, inconformidad de sus bases porque les va mejor a los últimos que van llegando que a los fieles del proyecto inicial.  Sus equipos compactos reciclan priistas, panistas, perredistas y lo que se vaya ofertando en las filas de la RENATA (reserva nacional de talentos, o desempleados, pues). Quien se va quedando sin sueldo en el gobierno, se acerca y sube a los camiones “del cambio” lopezobrador o alfarista, según sea el caso.

Por último, ambos aspirantes parecen haber perdido de vista en su radar las siguientes cuestiones, que deberían causarles algo de ocupación y moderar sus festivas manifestaciones, cuando aún no han ganado ni logrado llegar a la meta soñada: 

1.    A los mexicanos ya no nos gustan las campañas largas, pues sabemos que cuestan –nos cuestan- carísimas. Además, no dicen nada nuevo, no son usadas para promover civismo, cultura, valores, principios, sino para criticar, hablar mal de los demás, victimizarse, prometer y engañar. Mientras más tiempo hagan de campaña, más caen en más de lo mismo.

2.    El elector mundial, y por lo visto, el mexicano en concordancia, se encuentran en un momento anti sistémico, de romper, de cambiar, de renegar de lo oficial, del gobierno en turno; pero ese despertar incluye el no dejarse engañar tan fácilmente, y no comprar a quienes han vivido del sistema por décadas como manzanas sanas, opciones frescas y nuevas opciones, cuando ambos representan el colofón y la colita del viejo dinosaurio, aquel, que se creyó extinguido en la transición del 2000 y como el pterodactilo fénix, renació de sus cenizas y hoy goza de cabal salud. Origen común, ambos fueron priistas, aunque hoy renieguen de ello.

3.    Los grandes motivos de apoyar lo no oficial, son el hartazgo contra los vaivenes de la economía –paradójicamente, vivimos un buen momento en México, se evitó subir más la gasolina, el dólar bajó $2 pesos, algo nunca antes visto y se han generado más empleos en los últimos 5 años que en los pasados 10-, así como por la inseguridad creciente y el hartazgo horizontal entre los mexicanos por los abusos de nuestros políticos TODOS, incluidos ellos. Estos son los mismos motivos por los cuales la gente podría cambiar de opinión y darle su apoyo a otro candidato llegado el momento y elegir dar campanazo, dar vuelta al timón y apoyar decididamente a otra opción más fresca, menos quemada, más creíble que la que representan López Obrador y Enrique Alfaro.

4.    Si bien es cierto que hoy encabezan encuestas, también es cierto que los candidatos citados son mucho más pequeños que las razones de lo que la gente quiere. Y queda mucho tiempo para la elección. Si el próximo domingo fueran las elecciones, podrían salir satisfechos y ganar, pero no es así. 

Los punteros caminan solos, sin debate, sin ser comparados con otros. Pero ni así han logrado consolidar y apuntalarse. Llevan ventaja, sí, pero si antes se ha visto la caída en picada de otros mejores y más sólidos contendientes como lo fueron en su momento Cuauhtémoc Cárdenas, Maquio Clouthier y Diego Fernández de Ceballos, que no lograron consolidar su momento y no fueron electos presidente, y en Jalisco Arturo Zamora y Jorge Arana que tampoco pudieron consolidar sus ventajas iniciales y cayeron en las urnas, alguien deberá explicarles que hoy más que nunca, el resultado electoral está en el aire, y cosas nuevas, sorprendentes, espectaculares, fenomenales, aún pueden presentarse. Hay juego, aún no está definido y se pondrá emocionante.

 

Por Carlos Anguiano

www.inteligenciapolitica.org

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